Está visto que en Badajoz los gatos asilvestrados, los callejeros, los
de mal asiento, no viven tan mal como se creía. Que hay gente que se
apiada de ellos y les da de comer y de beber. Y algunos viven a cuerpo
de rey. Después de los gatos de San José, los que viven debajo de las
pilastras de la iglesia, junto al jardín, creía que no los había tan
señoritos. Pues no, que hoy he visto cómo tratan a los gatos callejeros
de la calle Oropéndola, por los pagos de Pardaleras. Y como allí hay dos hermosos
solares, la gente de la vecindad que les pone de comer. Y comen de puta
madre, por cierto. Vean, si no, los restos que dejaron esta mañana:
paella, pollo despiezado, croquetas y carne de costilla de vaca.
Faltaba el postre, que agua también les ponen.
OROPÉNDOLA
Por si no lo sabíais, la calle Oropéndola toma el nombre
de un pájaro vistoso, con el amarillo dorado de color dominante,
huidizo, que vive siempre en las crestas de los árboles, como las
choperas y sotos fluviales bien desarrollados, en los arbolados
dispersos de espacios abiertos, sauces, robles, etc. Por lo que para
verlos hay que coger carretera y manta e irse junto a nuestros ríos y
riachuelos, además de nuestras dehesas.