La Catedral de Badajoz (1255-2005), un libro necesario (II)

Por El Avisador - 26 de Mayo, 2008, 10:48, Categoría: General

La segunda parte del acto en la Casa del Cordón, con motivo de la presentación de La Catedral de Badajoz (1255-2005), trajo la intervención del Arzobispo Santiago García Aracil, muy esperada por la concurrencia, por cierto. El Arzobispo, que presentaba una figura más estilizada que la de épocas pasadas --estará a régimen, supongo-- y ya no lleva bastón, señal de que su lesión de rodilla ha prescrito, estuvo muy en su sitio, a gusto y mandón. Encantado de haberse conocido, vamos. Y tras dar los agradecimientos que manda el protocolo, se ganaría al personal diciéndonos que "nos sintiéramos como en nuestra propia casa". Y haría una breve reflexión del porqué de la obra catedralicia, pues "hacía falta una obra seria y rigurosa sobre la Catedral pacense". Y anunciaría orbi et orbi otra empresa editora más: "La historia de la archidiócesis Mérida-Badajoz, obra ya en marcha, dentro de una colección que auspicia la Conferencia Episcopal Española". Y volviendo a La Catedral de Badajoz (1255-2005), de la que resaltó "unos autores de categoría, su valioso aparato científico, todo un testimonio cultual y cultural a disposición de la sociedad extremeña", lo calificó como "libro grande, de altura y de peso". Pero el Arzobispo fue más lejos: "Queremos que esta obra sea el inicio de una colección sobre el patrimonio artístico de la Iglesia local, incluyendo otros templos de la diócesis".
Y, a partir de entonces, monseñor bajaría de las alturas celestiales, pisando la dura tierra, la realidad, vamos, cuando pregonó lo que todos intuimos, que "la Iglesia no cuenta con los medios suficientes, por lo que tiene que acudir a las Instituciones y a las Entidades de la región", a quienes agradeció de nuevo su importantísima colaboración.

EL ARZOBISPO
Y, cambiando de tema, hizo un repaso del estado de las obras de restauración que se están llevando a cabo en la Catedral, que se quiere presentar, para disfrute de todos, "en estado de revista".
Y, cómo no, recordaría la creación hace dos años de los Archivos eclesiásticos de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz, aglutinando los históricos archivos Diocesano y Catedralicio en un moderno edificio, en el 13 de la calle del Obispo San Juan de Ribera. "Y a disposición de la sociedad extremeña", recalcó.
Pero la cosa no terminaría aquí. Y, como guinda del pastel, resulta que don Santiago tiene entre manos otro gran proyecto, el de crear la Biblioteca Diocesana, con los importantísimos fondos de que disponen el Seminario metropolitano de San Atón y otras dependencias de la Iglesia local, "para luego ponerla a disposición de la Red de Bibliotecas de Extremadura, de la Consejería de Cultura".
El anuncio santiaguista, encajado con un gesto de sorpresa y satisfacción por la consejera de Cultura, que estaba a su vera, demuestra hasta qué punto las relaciones Junta-Iglesia extremeña marchan viento en popa y a toda vela.
Una gran salva de aplausos remataría su intervención, tras la cual se daría por concluido el acto. Naturalmente, al final, todo serían parabienes, abrazos y besos, y el director de la obra, Francisco I de Granja y V de Badajoz, recibiría mil y un plácemes del selecto auditorio, formándose una cola como si se tratara de un artista de los caros.
A la salida, el ayuda de cámara de Francisco I etc., el orondo y servicial Jesús Jiménez González, mostraría en unos atriles varios ejemplares de la obra, a disposición del público. Por lo que se me ocurrió pedirle un ejemplar, previo pago de 60 machacantes. De regalado, nada, monada. Diez mil de las antiguas leandras. No está mal, en unos tiempos en que las hipotecas y el precio de los tomates, las patatas y los pimientos te comen por los pies. Y allá que me trajo el tocho tejediano, dentro de un estuche, el todoterrenal Jesús. Que a punto estuvo de herniarme, por cierto, por su enorme tamaño (33,5 x
25,5 x 6,5 cms.) y sus 5 kilopondios de peso.
Como algunos amigos me han dado un toque, aquellas personas interesadas en el libro La Catedral de Badajoz (1255-2005) pueden dirigirse a los teléfonos 924.239027 ó 924.222847, donde os atenderán como Dios manda. O preguntar en las oficinas del Arzobispado por el tal Jesús. Ahora que, martín, martín, con la pasta, los 60 machacantes, por delante, colegas.

EL ALCALDE
Y quiero dejar para el final un detalle que no pasó desapercibido: el del ilustrísimo alcalde del Excmo. Ayuntamiento de Badajoz, Miguel Celdrán Matute, sentado en la primera fila de butacas. O séase, el representante máximo de la ciudad donde se levanta la Catedral, fuera del sitio de honor que le correspondía.
Bien. Ya sé que este detalle parece nimio y que no estamos en los Siglos de Oro, donde por estas cosas de preeminencia, sitiales y honores, se montaban unos pifostios de padre y muy señor mío entre la Ciudad, el Obispo y el Cabildo de la Catedral. No es el caso.
Pero tengo que recordar al señor jefe de protocolo, Felipe B. Albarrán Vargas-Zúñiga y a sus superiores, que la Catedral no hubiera llegado a estos 750 años de historia sin el concurso del pueblo de Badajoz. Que, con muchos esfuerzos, sudores y lágrimas, coadyuvó a su construcción y al mantenimiento y defensa de su fábrica y de su culto. Bien a título individual o colectivo, agrupado en gremios, cofradías y demás instituciones. Y el máximo representante de la ciudad, su alcalde, merece un tratamiento de especial dignidad. Y siempre.

Sí, ya me han contado que el alcalde no quiso honores y por eso se quedó en su silla de la primera fila, que estaba muy a gustito, cosa que le honra, que es de buena familia y fue a los Maristas, y no va por ahí sacando pecho para salir siempre en las fotos. Sí lo sabré yo, que es vecino mío desde hace la intemerata.
Y, para que se me entienda bien, cuando hablo de Miguel Celdrán es porque el caso se ha dado con él, que igual habría saltado si el asunto hubiera concernido a cualquiera de sus ilustres antecesores, como Gabriel Montesinos Gómez, Manuel Rojas Torres, Luis Movilla Montero, Antonio Cuéllar Casalduero, Jaime Montero de Espinosa, Emilio García Martín y Ricardo Carapeto Burgos, alcaldes que he conocido desde chiquinino en esta bendita ciudad, algunos de ellos ya fallecidos.

Y como me he enrollado más de la cuenta, la reseña de La Catedral de Badajoz (1255-2005) la dejo para una tercera y definitiva ocasión. Si Dios quiere y me aguantáis, claro.

Permalink ~ Comentar | Referencias (0)

Calendario

<<   Mayo 2008  >>
LMMiJVSD
      1 2 3 4
5 6 7 8 9 10 11
12 13 14 15 16 17 18
19 20 21 22 23 24 25
26 27 28 29 30 31  

Categorías

Archivos

Sindicación

Alojado en
ZoomBlog