26 de Mayo, 2008

Esther Merino, una cantaora excepcional

Por El Avisador - 26 de Mayo, 2008, 20:06, Categoría: General

Aclárame, maestro avisador:

La cantaora (excepcional, por cierto) Esther Merino, dices que vive en San Roque. Yo tenía entendido que era de un pueblo de Badajoz, donde trabaja como esteticista. La que yo digo ha grabado para Diputación en la serie "Pasión por el flamenco" y tuvo una lucidísima actuación en TV hace muy poquito tiempo. Tiene un timbre de lujo y un gusto por el repertorio extraordinario (importante, y muchos buenos no lo tienen).

Gracias, maestro.

Pepe Rabanal Santander
peperabanal@yahoo.es

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Ponme del flamenco, no de la copla

Por El Avisador - 26 de Mayo, 2008, 19:52, Categoría: General

Buenas tardes, Pedro:

Me ha encantado su crónica, pero ponme del flamenco, no de la copla.
Me ha encantado, a ver si coincidimos otra vez.
 
Un fuerte abrazo y hasta pronto.
 
Esther Merino
Cantaora de flamenco
esthercantaora@hotmail.com

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Esther Merino, la dama pacense de la copla

Por El Avisador - 26 de Mayo, 2008, 17:22, Categoría: General

El pasado 21, el Museo de Bellas Artes de Badajoz festejó el Día Internacional de los Museos, con un par de actos, en el que colaboraban también la Asociación de Amigos del Museo. En primer lugar, en los bajos de la pinacoteca pacense, con entrada por Duque de San Germán, se inauguró una singular muestra pictórica, titulada "La evocación del paisaje extremeño en artistas regionales del siglo XX". Con 20 cuadros que, por distintos motivos, especialmente por falta de espacio, se encuentran depositados en los almacenes del Museo. Y allí que pudimos observar una preciosa muestra de autores extremeños, como Adelardo Covarsí, Antonio Casquete de Prado, Ramón Fernández Moreno, Antonio Solís Ávila, Julián Pardo, José Antonio Sánchez Borayta, Félix Malfeito Gaviro, Antonio Vaquero Poblador, Juan Narciso, Ramón Carreto Blanco, Enrique Parra Gómez, Julián Báez Sánchez, Juan Tena Benítez, Luis Gragera Villalobos, Francisco Pedraja Muñoz, Josefa Casillas casco, Emilio Pérez Ramiro, Manuel Gómez Arce, M. Ángel Díaz García de la Riva y Francisco Morán Cruz. Con paisajes de todos los estilos y facturas, predominando los clásicos.

SÓLO UNA PINTORA
Pero aquí tengo que dar un toque a Mª Teresa Rodríguez Prieto, conservadora del Museo, prologuista del catálogo y responsable de la muestra: de las 20 obras expuestas, sólo una corresponde a una señora, el resto es cosa de hombres. ¿Será posible? Se llama, recordemos, Josefa Casillas Casco, y presenta una obra titulada "El sol sale para todos", sin fecha, óleo sobre lienzo, con el 16 de número de orden.
Pues yo, que la pintora, le cambiaba ipso facto de nombre y le pondría éste: "El sol no sale para todos", nos'ha jodío. O, mejor, este otro: "El sol sale más para unos que para otros". Doña María Teresa, conservadora mía, ¿por qué no "conserva" más a las artistas de su género, que estamos en pleno siglo XXI?

ESTHER MERINO
Menos mal que la segunda parte, con la actuación estelar de Esther Merino y su conjunto, lo de la discriminación paisajística se olvidó, y el personal pudo disfrutar de una amena velada. Y nos apalancamos en el jardín del Museo, que, a pesar del fresquito, estaba lleno hasta la bandera. Primero intervino el sobrio, pero eficaz, Román Hernández Nieves, director del Museo, que introdujo el acto, pasando a continuación Inma Bonilla, diputada de Cultura y Acción Ciudadana, a leer un manifiesto, titulado "Los Museos, agentes del cambio social y del desarrollo". Acto conmemorativo que, originario de 1977, se celebra hoy día en más de 20.000 Instituciones museísticas, pertenecientes a más de 70 países del mundo mundial.
Los presentes, a quienes acompañaba Paco Muñoz, director del Área de Cultura de la Diputación, darían paso a Esther Merino y sus mariachis, que lo bordaron. En un concierto donde Esther, una pacense de San Roque, casi ná, demostró por qué va para reina de la copla española por estos pagos. Y con voz poderosa y desgarrada, dominando todos los registros, un prodigio de criatura, vamos, se quedaría con el personal, tocando casi todos los palos: malagueñas, jaleos, tangos extremeños, soleares, fandangos, bulerías, etc. Con el público entregado, ovacionando sus intervenciones. ¡Qué poderío! ¡Qué arte! ¡Cómo canta la moza! ¡Esto no se puede aguantar! ¡Olé tu estampa! ¡Bravo, Esther! ¡Viva la madre que te parió! Éstas y veinte exclamaciones del mismo atenor se pudieron escuchar en el Jardín del Bellas Artes, la noche de los Museos.
Al final, después de sus siete intervenciones, el público, puesto en pie, despediría con una prolongada ovación a Esther y su gente, una palmera, un guitarrista, un percusionista, un flautista y un mezclador de sonido. Y el Jardín de marras, a punto de hundirse, sin que entraran excavadoras ni nada, ahora que se van a hacer obras para ampliar el Museo, obras que se retrasarán "por causas ajenas a la Diputación", dijeron los notas al principio.

ESTHER Y CARLOS
Y a la salida, mientras nos solazamos la patronal y este escribiente con la Exposición paisajística del 19+1, que saludamos a la guapa moza de San Roque, muy joven ella, sólo 24 tacos, uno menos en Canarias, que iba acompañada de un tal Carlos, el maromo que la camela, además de llevarle la maleta, claro.

Con tiempo de decirnos que, gracias a unas becas de la Diputación, estuvo estudiando en una Academia de Sevilla, con los mejores cantaores flamencos del momento. Y que ahora, además de dar recitales, como el de esa noche, se dedica a impartir clases de cante flamenco por varios pueblos de la provincia. Y te dice que tiene un disco a disposición de sus admiradores, que en Badajoz son legión. Y que ese disco lo venden en la Librería de la Diputación, en la calle del Obispo. Y, antes de la despedida, toma, ahí va una foto mía de recuerdo, con mi dirección de correo electrónico y mis teléfonos. Para lo que gustéis.
¡Esther Merino, la dama pacense de la copla! ¡Ha sido un placer!

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Los gatos de la calle Oropéndola

Por El Avisador - 26 de Mayo, 2008, 15:50, Categoría: General

Está visto que en Badajoz los gatos asilvestrados, los callejeros, los de mal asiento, no viven tan mal como se creía. Que hay gente que se apiada de ellos y les da de comer y de beber. Y algunos viven a cuerpo de rey. Después de los gatos de San José, los que viven debajo de las pilastras de la iglesia, junto al jardín, creía que no los había tan señoritos. Pues no, que hoy he visto cómo tratan a los gatos callejeros de la calle Oropéndola, por los pagos de Pardaleras. Y como allí hay dos hermosos solares, la gente de la vecindad que les pone de comer. Y comen de puta madre, por cierto. Vean, si no, los restos que dejaron esta mañana: paella, pollo despiezado, croquetas y carne de costilla de vaca. Faltaba el postre, que agua también les ponen.

OROPÉNDOLA
Por si no lo sabíais, la calle Oropéndola toma el nombre de un pájaro vistoso, con el amarillo dorado de color dominante, huidizo, que vive siempre en las crestas de los árboles, como las choperas y sotos fluviales bien desarrollados, en los arbolados dispersos de espacios abiertos, sauces, robles, etc. Por lo que para verlos hay que coger carretera y manta e irse junto a nuestros ríos y riachuelos, además de nuestras dehesas.

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Los trajines de Jaime Naranjo, el de Boxoyo Libros

Por El Avisador - 26 de Mayo, 2008, 15:19, Categoría: General

Pedro:

Para completar tu crónica sobre Boxoyo Libros, te comento que Jaime Naranjo se pega una paliza diaria para poder abrir su caseta en Badajoz. Duerme en Cáceres todos los días, volviendo a la mañana siguiente con los libros que ha vendido o aquéllos que le han pedido.

Además, hay días que va a comer a Mérida para poder ver a su mujer y a sus hijos al mediodía (van a comer allí a casa de los suegros).

Es una muestra más de lo que los pequeños empresarios extremeños hacen para salir adelante. Cuando se tiene éxito (y a Jaime le deseo lo mejor desde el alma), es fácil oir frases del tipo:

a) Claro, como su padre fue consejero de Cultura...
b) Claro, como heredó la librería de su abuelo...
c) Claro, con esos ojos que tiene (que es verdad, tiene unos ojos el mamón que ya los querría para mí, je, je).

Me gustaría que se dijera:

a) Claro, con las horas e ilusión que ha puesto toda su vida.
b) Claro, con los miles de kilómetros que ha hecho para vender sus libros.
c) Claro, con los viajes que hacía su mujer los fines de semana (después de currar toda la semana en lo suyo) para acompañar a su pareja y ayudarle a vender unos libros (en lugar de tumbarse a la bartola como se merece, seguro).
d) Claro, con la fuerza que ha luchado contra un mamón de vecino que ha intentado cerrarles la librería con falsas denuncias...

En fin, que quería destacar que los amigos que tengo, empresarios, están una media de 10 horas todos los días viendo cómo sacar adelante sus negocios... Ahora, quizá, entendáis por qué sufro cuando se cierra un negocio en Badajoz (independientemente de que su dueño me caiga mal, que los hay).

Me enrollé, sorry.

Julián Casas Luengo
julian@rosmultimedia.com

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La Catedral de Badajoz (1255-2005), un libro necesario (II)

Por El Avisador - 26 de Mayo, 2008, 10:48, Categoría: General

La segunda parte del acto en la Casa del Cordón, con motivo de la presentación de La Catedral de Badajoz (1255-2005), trajo la intervención del Arzobispo Santiago García Aracil, muy esperada por la concurrencia, por cierto. El Arzobispo, que presentaba una figura más estilizada que la de épocas pasadas --estará a régimen, supongo-- y ya no lleva bastón, señal de que su lesión de rodilla ha prescrito, estuvo muy en su sitio, a gusto y mandón. Encantado de haberse conocido, vamos. Y tras dar los agradecimientos que manda el protocolo, se ganaría al personal diciéndonos que "nos sintiéramos como en nuestra propia casa". Y haría una breve reflexión del porqué de la obra catedralicia, pues "hacía falta una obra seria y rigurosa sobre la Catedral pacense". Y anunciaría orbi et orbi otra empresa editora más: "La historia de la archidiócesis Mérida-Badajoz, obra ya en marcha, dentro de una colección que auspicia la Conferencia Episcopal Española". Y volviendo a La Catedral de Badajoz (1255-2005), de la que resaltó "unos autores de categoría, su valioso aparato científico, todo un testimonio cultual y cultural a disposición de la sociedad extremeña", lo calificó como "libro grande, de altura y de peso". Pero el Arzobispo fue más lejos: "Queremos que esta obra sea el inicio de una colección sobre el patrimonio artístico de la Iglesia local, incluyendo otros templos de la diócesis".
Y, a partir de entonces, monseñor bajaría de las alturas celestiales, pisando la dura tierra, la realidad, vamos, cuando pregonó lo que todos intuimos, que "la Iglesia no cuenta con los medios suficientes, por lo que tiene que acudir a las Instituciones y a las Entidades de la región", a quienes agradeció de nuevo su importantísima colaboración.

EL ARZOBISPO
Y, cambiando de tema, hizo un repaso del estado de las obras de restauración que se están llevando a cabo en la Catedral, que se quiere presentar, para disfrute de todos, "en estado de revista".
Y, cómo no, recordaría la creación hace dos años de los Archivos eclesiásticos de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz, aglutinando los históricos archivos Diocesano y Catedralicio en un moderno edificio, en el 13 de la calle del Obispo San Juan de Ribera. "Y a disposición de la sociedad extremeña", recalcó.
Pero la cosa no terminaría aquí. Y, como guinda del pastel, resulta que don Santiago tiene entre manos otro gran proyecto, el de crear la Biblioteca Diocesana, con los importantísimos fondos de que disponen el Seminario metropolitano de San Atón y otras dependencias de la Iglesia local, "para luego ponerla a disposición de la Red de Bibliotecas de Extremadura, de la Consejería de Cultura".
El anuncio santiaguista, encajado con un gesto de sorpresa y satisfacción por la consejera de Cultura, que estaba a su vera, demuestra hasta qué punto las relaciones Junta-Iglesia extremeña marchan viento en popa y a toda vela.
Una gran salva de aplausos remataría su intervención, tras la cual se daría por concluido el acto. Naturalmente, al final, todo serían parabienes, abrazos y besos, y el director de la obra, Francisco I de Granja y V de Badajoz, recibiría mil y un plácemes del selecto auditorio, formándose una cola como si se tratara de un artista de los caros.
A la salida, el ayuda de cámara de Francisco I etc., el orondo y servicial Jesús Jiménez González, mostraría en unos atriles varios ejemplares de la obra, a disposición del público. Por lo que se me ocurrió pedirle un ejemplar, previo pago de 60 machacantes. De regalado, nada, monada. Diez mil de las antiguas leandras. No está mal, en unos tiempos en que las hipotecas y el precio de los tomates, las patatas y los pimientos te comen por los pies. Y allá que me trajo el tocho tejediano, dentro de un estuche, el todoterrenal Jesús. Que a punto estuvo de herniarme, por cierto, por su enorme tamaño (33,5 x
25,5 x 6,5 cms.) y sus 5 kilopondios de peso.
Como algunos amigos me han dado un toque, aquellas personas interesadas en el libro La Catedral de Badajoz (1255-2005) pueden dirigirse a los teléfonos 924.239027 ó 924.222847, donde os atenderán como Dios manda. O preguntar en las oficinas del Arzobispado por el tal Jesús. Ahora que, martín, martín, con la pasta, los 60 machacantes, por delante, colegas.

EL ALCALDE
Y quiero dejar para el final un detalle que no pasó desapercibido: el del ilustrísimo alcalde del Excmo. Ayuntamiento de Badajoz, Miguel Celdrán Matute, sentado en la primera fila de butacas. O séase, el representante máximo de la ciudad donde se levanta la Catedral, fuera del sitio de honor que le correspondía.
Bien. Ya sé que este detalle parece nimio y que no estamos en los Siglos de Oro, donde por estas cosas de preeminencia, sitiales y honores, se montaban unos pifostios de padre y muy señor mío entre la Ciudad, el Obispo y el Cabildo de la Catedral. No es el caso.
Pero tengo que recordar al señor jefe de protocolo, Felipe B. Albarrán Vargas-Zúñiga y a sus superiores, que la Catedral no hubiera llegado a estos 750 años de historia sin el concurso del pueblo de Badajoz. Que, con muchos esfuerzos, sudores y lágrimas, coadyuvó a su construcción y al mantenimiento y defensa de su fábrica y de su culto. Bien a título individual o colectivo, agrupado en gremios, cofradías y demás instituciones. Y el máximo representante de la ciudad, su alcalde, merece un tratamiento de especial dignidad. Y siempre.

Sí, ya me han contado que el alcalde no quiso honores y por eso se quedó en su silla de la primera fila, que estaba muy a gustito, cosa que le honra, que es de buena familia y fue a los Maristas, y no va por ahí sacando pecho para salir siempre en las fotos. Sí lo sabré yo, que es vecino mío desde hace la intemerata.
Y, para que se me entienda bien, cuando hablo de Miguel Celdrán es porque el caso se ha dado con él, que igual habría saltado si el asunto hubiera concernido a cualquiera de sus ilustres antecesores, como Gabriel Montesinos Gómez, Manuel Rojas Torres, Luis Movilla Montero, Antonio Cuéllar Casalduero, Jaime Montero de Espinosa, Emilio García Martín y Ricardo Carapeto Burgos, alcaldes que he conocido desde chiquinino en esta bendita ciudad, algunos de ellos ya fallecidos.

Y como me he enrollado más de la cuenta, la reseña de La Catedral de Badajoz (1255-2005) la dejo para una tercera y definitiva ocasión. Si Dios quiere y me aguantáis, claro.

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