25 de Mayo, 2008

David Llorente presenta su novela Ofrezco morir en Praga, en la Casa Blu, de Praga

Por El Avisador - 25 de Mayo, 2008, 13:15, Categoría: General

Pedro:

Por fin, David Llorente saca su tercera y esperada novela del cajón: Ofrezco morir en Praga. El título, en realidad, no dice nada. Hay que leerla.
 
Estaremos presentándola el lunes 26, a las 19,00 horas, en la Casa Blu (Kozí, 15, Praga). Contaremos con la presencia de algunos de los personajes de la novela. No desvelaré sus nombres, pero allí estarán vivitos y coleando. Nos veremos tomando una copa de vino, o de la leche de la verdad.
 
Salud.
 
Ramón M. Machón Pascual
ramonmmp@hotmail.com

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Conduzco así para cabrearte

Por El Avisador - 25 de Mayo, 2008, 13:07, Categoría: General

Lo que hay que ver entre los conductores Badajoz. Pero lo que nos queda por ver es de aúpa. Resulta que, deambulando por esas calles de Dios, en la bandeja trasera de un antiguo coche Honda Civit, color rojo desteñido, el dueño tenía expuestos a la curiosidad pública tres muñecos, a cual más hortera y cursi. Y uno era una cabra... loca. Porque tenía entre las patas un cartel que decía:

Conduzco así para cabrearte

Y deduje: o ningún poli o picoleto lo ha parado o este tío tiene bula y nadie le ha dicho que tantos muñecos pueden dificultar la visión trasera, con los peligros consiguientes.
Así que ya lo sabéis, colegas, si os cruzáis con este cabestro sobre cuatro ruedas, el de la cabra loca, no os cabreéis, todo lo contrario, salid a escape y perderle de vista.

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La Catedral de Badajoz (1255-2005), un libro necesario (I)

Por El Avisador - 25 de Mayo, 2008, 10:01, Categoría: General

El pasado 20, día de San Bernardino de Siena, se presentaba en Badajoz, concretamente, en el Salón de actos de la sede pacense del Arzobispado de Mérida-Badajoz, un libro monumental, extraordinario, una de las joyas de la bibliografía extremeña del siglo XXI, un libro, en fin, muy esperado, y, por tanto, necesario: La Catedral de Badajoz (1255-2005). Libro gestado durante varios años, en el contexto del 750 aniversario de la Catedral metropolitana de San Juan, y sacado adelante, gracias al empeño personal y a la tenacidad de su director, Francisco Tejada Vizuete. Un extremeño de Granja de Torrehermosa, afincado en Badajoz, que, a pesar de la edad --68 tacos, uno menos en Canarias-- y la fragilidad aparente de su figura, como la de no haber roto un plato en su vida, ha conseguido poner en pie, con la ayuda impagable de un equipo multidisciplinar de altura y tres patronos de ringorrango, una obra de casi 800 páginas. Canónigo ilustre e ilustrado del Cabildo pacense, responsable del Secretariado de Patrimonio de la Archidiócesis, director del Museo catedralicio de la ciudad, con numerosos trabajos sobre religiosidad y música y danzas populares, además de una autoridad nacional en platería y arte religioso, así como profesor del Seminario de San Atón, del Centro de Estudios Teológicos de Badajoz, director de la revista de estudios religiosos Pax et Emerita, académico correspondiente de la Extremeña de las Letras y las Artes, y siete cosas más, que me reservo.
Todo un acontecimiento social, cultural, religioso y, por ende, histórico, el que vivimos en la noche de San Bernardino, con el Salón de la histórica Casa del Cordón lleno hasta la bandera --unas 200 personas-- y con gente de pie en los pasillos de entrada. Y de todos los ámbitos de la cultura y la sociedad extremeñas: periodistas, profesores, académicos, bibliófilos, profesionales liberales, integrantes de los variopintos grupos y asociaciones eclesiales de la ciudad, directores de Museos, Archivos y Bibliotecas, pensionistas y jubilatas comprometidos y, claro es, el Cabildo catedralicio al completo, junto con párrocos de la ciudad y otros miembros de la curia diocesana. Y en la primera fila de butacas, como adelantados del pueblo llano, el alcalde de la ciudad, Miguel Celdrán Matute, con su fiel escudera, Consuelo R. Píriz, concejala de Cultura, a quienes acompañaban, entre otras autoridades y representaciones, Esperanza Díaz, directora general del Patrimonio, Paco Muñoz, director del Área de Cultura de la Diputación Provincial, así como diversas autoridades militares y responsables de los Cuerpos de Seguridad del Estado.
Y en la mesa presidencial, de izquierda a derecha, el mentado Francisco Tejada, José Manuel Sánchez Rojas, presidente de Caja de Badajoz y su Fundación, Leonor Flores Rabazo, consejera de Cultura y Turismo, Santiago García Aracil, Arzobispo de Mérida-Badajoz, Tomás Martín Tamayo, secretario segundo de la Asamblea de Extremadura, Antonio Montero Moreno, Arzobispo emérito de Mérida-Badajoz, y Sebastián González González, a la sazón, vicario general del Arzobispado y deán del Cabildo catedralicio pacense, dos en uno. Y, por si alguno no lo sabía, los altos representantes de la Junta de Extremadura, la Asamblea y la Caja de Badajoz eran, además, los patronos de la obra.
Y, completando la estampa, como testigos mudos del singular acontecimiento, en las paredes de la sala podían verse los cuadros de los últimos doce prelados que ha tenido la diócesis pacense, con un par de grandes fotos del Arzobispo Santiago y del Papa Benedicto XVI.

FRANCISCO TEJADA, EL DIRECTOR
Como maestro de ceremonias actuaría el jefe de protocolo del Arzobispado, Felipe B. Albarrán Vargas-Zúñiga, que fue introduciendo a los distintos intervinientes. Y en primer lugar habló Francisco Tejada, quien, después de los saludos de rigor, tuvo una larguísima intervención --25 minutos a reloj corrido--, donde habló de los aspectos formales del libro --número de páginas (casi 800), calidad del papel utilizado, encuadernación, fotografías, sobrecubiertas, editorial (Tecnigraf), etc., un lujerío, vamos--, antes de mentar a los patronos, a los fotógrafos principales --Juan Paredes y su hijo Víctor-- y a los autores de la obra. Y aquí se despacharía a gusto nuestro ínclito Tejada, echando flores, ¡qué flores!, carretas de flores, ¡qué carretas!, vagones de flores --como estábamos en mayo, qué menos--, a los colaboradores de la obra. Y por este orden: Manuel Terrón Albarrán, autor del capítulo I ("Petrvus Primvs Episcopvs Pacensis"), Aquilino Camacho García, ya fallecido, del II ("Episcolpologio Pacense"), José Manuel Puente Mateos, del III ("Sobre el sentido teológico-litúrgico y-pastoral de la Iglesia Catedral"), William S. Kurtz, del IV ("Introducción a la historia del Cabildo") y del VII ("Historia de la Fábrica"), Mateo Blanco Cotano, del V ("La Catedral de Badajoz, cuna de la educación pacense"), Tomás Pérez Marín, del VI, ("Las bases económicas del Cabildo y Fábrica de la Catedral de Badajoz en los tiempos bajomedievales y modernos"), Ignacio López Guillamón, que colaboró en el capítulo que llevaba Francisco Tejada, el VIII, el más extenso, por cierto ("Las Artes plásticas"), con un trabajo dedicado a "Tapices", Josefa Montero García y Carmelo Solís Rodríguez, ya fallecido, del IX ("La música en la Catedral"), Pedro Rubio Merino, del X ("Guía general - Inventario analítico del Archivo") y Fernando Marcos Álvarez, del XI ("La festividad del Corpus Christi en Badajoz: Reseña histórica").

Y, mientras el director se explayaba tan ricamente, en el centro de la sala, junto a un proyector de diapositivas, Isidro Álvarez, de Tecnigraf, sudaba lo que no está escrito para poner en marcha el maldito aparato, que fallaba más que una escopeta de balines de la feria. Los riesgos del vivo y directo. Menos mal que, casi al final de la disertación tejediana, la cosa se arregló y pudimos ver bellas imágenes de la Catedral, pero a paso ligero.
Después intervino el presidente de Caja Badajoz, José Manuel Sánchez Rojas, que se mostró encantado de haberse conocido por colaborar con otras Instituciones de prestigio en esta magna obra y desde otra, la Obra Social, la suya. Contándonos brevemente la finalidad cultural, social y solidaria que anima sus actuaciones en toda Extremadura.

LA CONSEJERA
A continuación tomó la palabra la consejera de Cultura y Turismo, Leonor Flores, que diría que "lo más maravilloso de este libro ha sido la colaboración entre todos". Y daría noticias de la reunión hace pocas semanas de la Comisión conjunta Iglesia-Junta de Extremadura, al objeto de conservar el rico patrimonio de la Iglesia en nuestra Región, con actuaciones varias que se calificaron como "urgencias, emergencias y de mantenimiento". Y la consejera, sonriente y encantadora toda la función, daría un toque al Arzobispo, cuando le espetó: "En los acuerdos sobre las actuaciones hay una exigencia: patrimonio cerrado, no, siempre a abierto a la ciudadanía". Y todos supimos al instante, que la policía no es tonta, a qué se refería la madama extremeña de Cultura: la Catedral de Badajoz y sus dependencias. Para rematar, por si alguien del clero se había molestado: "Y seguiremos apostando por el patrimonio de la Iglesia y su mantenimiento". Muy bueno lo suyo, doña Leonor.
Pero la anécdota de la noche vendría un poco después cuando la hoy consejera, recordando sus años estudiantiles en el instituto pacense de Bárbara de Braganza, dijo que "de chica solía visitar a menudo la Catedral". Y todo el mundo preguntándose y cuchicheando en voz baja: ¿A dónde iría nuestra Leonorín? ¿A contemplar el bellísimo retablo barroco del altar mayor? ¿El señorial coro, tal vez? ¿El claustro, con la lauda renacentista en bronce del magnífico Lorenzo Suárez de Figueroa, o el mausoleo del general Menacho? ¿Las capillas laterales y los enterramientos de los obispos? ¿O la lámpara de López de Ayala, con sus 102 brazos? ¿Los tapices de la sacristía mayor, tal vez? ¿No sería la cripta? ¿O la torre y el campanario? ¿O iba a escuchar la armoniosa música de maese Apoloniez, el organista? Pues nada de nada, colegas. Falló todo el mundo. Entonces, ¿a dónde y a qué iba Leonorín? Pues... ¡a tomar el fresquito, así, por las buenas! ¡Y es que con la caló que hacía en Badajoz...!

Llegados a este punto, hago un alto en el camino. Un punto y aparte. Para seguir en una próxima entrega con lo que aconteció después, la intervención del Arzobispo anfitrión --con muchas novedades, por cierto--, una reseña del libro de marras,
con el abajo firmante a punto de herniarse por el peso del tocho catedralicio --¡cinco kilos!--, y un asunto que no quiero dejar pasar por alto y que me llegó a mis entretelas, relacionado con el protocolo y el ilustrísimo alcalde del Excmo. Ayuntamiento de esta Muy Noble y Muy Leal ciudad de Badajoz. Y será, como digo, en un próximo capítulo, si Dios quiere.

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