21 de Mayo, 2008
Lo último del fotógrafo Pedro J. Gómez, el 22, en Artex
Estimado amigo:
Me es grato comunicarte que mañana, jueves, día 22 de mayo, a las 20:30 h., tendrá lugar la inauguración de la nueva exposición de fotografías de Pedro J. Gómez, bajo el título de Psicogeometría urbana, en la Sala Artex, c/ Virgen de la Soledad, nº 9, de Badajoz.
Pedro J. Gómez es licenciado en Documentación por la UEx, ha cursado estudios en diversas Universidades europeas y reside en Badajoz desde el año 2003, fecha desde la que ha estado vinculado, en mayor o menor medida, a la actividad cultural de la ciudad. En la actualidad trabaja como fotógrafo y diseñador free-lance y está inmerso en varios proyectos personales y colectivos.
En su nueva muestra, el artista extremeño se centra principalmente en el Casco Antiguo de Badajoz, ofreciendo su particular visión, no falta de cierta nostalgia y desasosiego.
Pedro J. Gómez cuenta en esta ocasión con la colaboración del escritor Antonio Sáez Delgado, que ha tenido a bien participar con un fragmento de su poema en prosa "Puente de Palmas", el cual sirve de cabecera a la exposición.
Psicogeometría urbana permanecerá expuesta en la Sala Artex hasta el viernes 20 de junio de 2008.
Muchas gracias por tu atención. Saludos cordiales.
Pedro J. Gómez Fotógrafo pedrojgomez@ya.com
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Conferencia de Bruno Franco sobre la Marida Andalusí, el 24, en el Arqueológico
Prosiguen las conferencias sabatinas en el Museo Arqueológico de
Badajoz. En esta ocasión, el próximo 24 de mayo, y a partir de las
11,30 horas, Bruno Franco Moreno, historiador del Consorcio de la
Ciudad Monumental de Mérida, disertará sobre Marida Andalusí: el proceso de transformación de la urbe tardoantigua en madina (siglo VIII-XII).
Para introducirnos en la misma, para no partir de cero patatero, desde el propio Museo (museoba@juntaextremadura.net), me mandan este resumen:
Resumen
Conferencia en la que presentaremos los cambios urbanísticos que
experimentará la ciudad visigoda tras la presencia islámica, a la luz
de las intervenciones arqueológicas desarrolladas por el Consorcio en
los últimos años y del estudio de las fuentes escritas. El siglo IX
resultará crucial para la comprensión de este fenómeno: la permanente
actitud levantisca y siempre desafiante de su población, necesitada de
protagonismo y autonomía, desembocará en un deterioro progresivo que la
sumirán en una aguda crisis que mermaría notablemente su antigua
importancia como urbe.
Este paulatino declive de la ciudad a finales del periodo emiral, es
especialmente significativo en la ocupación tardoislámica, que solo
supone un tercio de la extensión total de la primitiva urbe romana. La
fundación de Badajoz como madīna por Marwān, contando con el
beneplácito de los emires cordobeses, su posterior repoblación con
gentes venidas de Mérida y su territorio a partir del 875, unida a su
rápida prosperidad supondrá el inicio de la decadencia de la levantisca
ciudad, que ya no recuperaría su antiguo esplendor pese a mantenerse
como capital de cora hasta la caída del califato omeya de al-Andalus.
No obstante durante el tránsito de los siglos VIII al IX, la ciudad se
erigirá en uno de los centros urbanos más dinámicos e importantes del
estado emiral, con la construcción de edificios de carácter
administrativo, los denominados “palacetes emirales” y la Alcazaba,
ejemplo de fortificación a lo largo de esta centuria. Edificios que
servirían de albergue a los gobernadores de la nueva provincia maridí,
algunos de ellos familiares directos de los emires cordobeses. Destaca
igualmente la introducción de nuevas técnicas alfareras y el desarrollo
del comercio, puesto de manifiesto en las producciones cerámicas
halladas en su solar.
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Tribuna de Caja de Extremadura, Invierno 2008
En la oficina central de la Caja de Extremadura en la capital pacense,
así como en todas las extremeñas, andan repartiendo por estas fechas la
última edición de Tribuna, la
revista oficial de la Caja de Extremadura, correspondiente a Invierno
2008. Que presenta importantes novedades en su aspecto formal,
convirtiéndola en una revista de gran formato (23x28 cms.), 102
páginas, estupendo diseño --Vocento Mediatrader S. L. U.--, muy
manejable y de grata de lectura, con un aparato gráfico de impresión.
Además de haber sido impresa en estas tierras, no como las antiguas. Y
en cuanto a su contenido hay que destacar dos bloques: el
institucional, con informaciones y reportajes sobre la evolución
societaria y financiera de la Caja --una de las más florecientes del
país, y con flamante director general, un tal Miguel Ángel Barra--, sus
muchas actividades sociales y culturales, así como grandes reportajes
de fondo, casi siempre de signo extremeñista. Destaquemos "XXV
aniversario del Estatuto", "Un cuarto de siglo que ha cambiado el rumbo
de Extremadura", "Una ilusión colectiva", "El reto de la igualdad",
sobre la aplicación de la Ley de la Igualdad en la Región,
"Extremadura, femenino, plural", "Cáceres vibró con la Semana Santa",
"De idea a empresa", "La gran fiesta del agua", sobre la Expo de
Zaragoza, y "El sueño del dragón", sobre China, el Celeste Imperio.
UN TOQUE Pero
tengo que darle un toque a su director, un tal Carlos Guerra Iglesias,
y a su redactor jefe, otro que tal baila, Víctor Ibáñez Pérez: en la
página de créditos no aparece Depósito Legal alguno, como si esta
pedazo de revista fuera un panfleto. Que así se consideran todos los
impresos que no están legalizados. ¿Pero tanto trabajo cuesta ir a la
oficina del Depósito Legal en Cáceres, don Carlos, don Víctor? Y, ya
puestos, de los talleres de impresión --Gráficas Romero--, no dicen que
están ubicados en la hermosa villa de Jaraíz de la Vera (Cáceres). Uno
de los mejores talleres gráficos de Extremadura, por cierto.
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Manuel Godoy, un badajocense ilustrado (y III)
Traer
los restos de Godoy a España fue una petición que, aunque ahora se
cumpla, no reviste novedad, ya que fue realizada en 1967, en el
transcurso del homenaje que culminó el 12 de Mayo de ese año con el
descubrimiento de una lápida en la casa natal de Godoy, precedido de un
magistral discurso del Dr. Izquierdo Hernández, Presidente de la
Asociación Nacional de Médicos Escritores en ese momento.
En
el homenaje intervinieron las personalidades más destacadas de
Extremadura que, algunos durante toda su vida --otros continúan en la
brecha--, dedicaron gran parte de sus esfuerzos al “tema de Godoy” en
innumerables trabajos que pueden consultarse en cualquier biblioteca.
Citamos a Miguel Muñoz de San Pedro (Conde Canilleros), Arcadio Guerra,
Mariano Fernández Daza (Marqués de la Encomienda), Julio Cienfuegos
Linares, Teodoro Encinas de la Rosa, Benigno López de Sosoaga y
Borinaga (Padre López), Juan Enríquez Anselmo, Alfonso Bullón de
Mendoza (Marqués de Selva Alegre), Tomás Rabanal Brito, Francisco
Rodríguez Arias y Gonzalo Fausto García-Morillas.
Gran
apoyo prestó la Revista del Centro de Estudios Extremeños, dependiente
de la Diputación Provincial de Badajoz, dedicándole el número especial
de Mayo-Diciembre de 1967, gracias a los esfuerzos de su director,
Enrique Segura Otaño.
Justo es destacar a los que trataron de rescatar a Godoy del olvido y que ellos tampoco caigan en el mismo.
De
entre todos los trabajos, la publicación del libro en edición de
bolsillo "Manuel Godoy, Príncipe de la Paz", que hemos venido siguiendo
en estos apuntes, queda recomendado para aquellos interesados en
centrar, al día de hoy, la figura de Godoy en sus justos términos,
principalmente para aclarar un exilio no analizado del todo y que bien
podría comenzar por el bosquejo que hace Mor de Fuentes en su
“Bosquejillo Histórico”, relatando lo acontecido en París, en 1834, en
la esperanza de que alguien realice más profundo análisis:
"El
día de la Ascensión se me antojó ir a la Embajada, y como allí se comía
muy tarde y era una de las poquísimas fiestas que han quedado en
Francia, el paseo debía estar concurridísimo. Fuime, pues, para hacer
tiempo, a las Tullerías, embosquéme hacia el centro, y en una de las
calles interiores me encontré con un francés llamado Esménard, que
había vivido mucho tiempo en Madrid y hablaba castellano como los
naturales. Iba en su compañía un sujeto de alguna edad, grueso, pero
ágil y de una traza regular. Llevaba levita azul y una cintita de
condecoración en el ojal. Juzgué que era algún general francés de los
muchos que hay allí retirados, y al incorporarme, por no incurrir en la
malísima crianza tan común de usar una lengua que no conocen todos los
presentes, los saludé y me puse a hablar en francés. Advertí luego que
el desconocido se desviaba algún tanto, y como, por otra parte, su
compañía no me interesaba en gran manera, me separé muy pronto. Al
despedirme, díjome Esménard en castellano: "Tenemos que hablar".
"Cuando usted quiera", le contesté, y quedamos emplazados para la
mañana siguiente en mi casa. Apenas
nos vimos, me preguntó Esménard: "¿No conoció usted a aquél que venía
conmigo ayer tarde?". "No, por cierto --le contesté--; sería algún
general francés". "¡Qué general ni calabaza! ¡Si era Godoy! Verá usted
lo que pasó. Como nos oyó hablar en castellano, me dijo: --"Ese parece
español"--; y habiéndole respondido quién era usted, contestó: --"¡Pues
no conozco otra cosa! Ya siento no haberle hablado"--; "Me pareció que
le disgustaba mi presencia". "Es que --dijo entonces Esménard--, en
viendo una persona extraña, se sobresalta todo, y más si se le figura
que puede ser español". "¿Qué, le dura todavía el temor de lo de
Aranjuez?". "Así parece", dijo, y hablamos de otros asuntos.
Pasados
tres o cuatro días, acabado de comer, y en un pasadizo de los famosos
de París, que venía a caer debajo de mi cuarto, me encuentro con el
susodicho, se para, me sonríe y me dice: "Ya dije la otra tarde a
Esménard que le conocía a usted mucho". "No sé cómo puede ser eso
--respondí, encogiéndome de hombros--, porque yo no iba por allá".
"Aunque la persona no venía --me dijo con halagüeña sonrisa--, me
llegaban los escritos", y siguió en estos términos, requebrándome como
a una Dulcinea, por donde inferí que no era tan irracional como
suponíamos cuantos le habíamos tratado".
Parece
que está escribiendo unas Memorias, que el Esménard traduce en francés,
sobre el tiempo de su Ministerio, o, más bien, reinado, que podrán
contener curiosidades sumamente interesantes. Con este motivo, y sin
pretender visitarle, se me antojó dirigirle unos versos, sin asomo de
adulación o de insulto; tratándole, al contrario, de náufrago y
exhortándole a continuar su obra con la veracidad que requiere la
imparcialidad histórica".
José Rabanal Santander Escritor peperabanal@yahoo.es
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Y sin embargo te quiero: las dos Españas de M2
Con el López abarrotado de público, rodeado de amigos, colegas y gente
variopinta de la cultura pacense, Miguel Murillo (M2) estrenó el pasado día 19 su obra Y sin embargo te quiero.
Dirigida por Antonio Corencia y con Ángeles Martín y Alejandra Torray
en los papeles estelares, supone una lúcida reflexión sobre las dos
Españas machadianas que nos helaron el corazón en la guerra civil.
Ambientada en los finales de los 70 y principios de los 80, la época de
la Transición, cuarenta años después del conflicto fratricida, cuenta,
como en un túnel del tiempo, las vicisitudes de dos representantes
femeninas de las dos Españas: Rosa (Alejandra Torray), de familia
acomodada, miembro de los sectores con más cultura, poder y dinero de
la época, y Ana (Ángeles Martín), sirvienta de la familia de aquélla,
perteneciente a las clases subalternas, modestas e iletradas. Difícil ejercicio el de estas
dos actrices solas, que supieron sacar adelante gracias a su oficio
dramático, con la ayuda, todo hay que decirlo, de una dirección
acertada, una ambientación apropiada, un decorado sobrio pero altamente
simbólico --esa magnífica pajarera, esas celosías, esa mecedora...--,
un vestuario perfectamente ajustado a la época y unos efectos
especiales de impresión. De película de las caras. Todo ello, ilustrado
con canciones de guerra de ambos bandos y piezas musicales de la
canción española de la posguerra, cantadas por Arabia
Martín. En un único escenario, ambientado en la Casa Grande, en el
extrarradio de una ciudad de provincias, como pudiera ser Badajoz.
Después de diversas vicisitudes, el abrazo final de las dos
protagonistas, simbolizando la reconciliación de las dos Españas,
las de Machado y M2, mientras caía el telón, hizo que el público, puesto en pie, lo subrayara con una larga
y cálida ovación.
DETALLES Lástima que el bajísimo volumen del equipo de sonido del
Teatro me impidiera seguir todos los diálogos con regularidad. Así y
todo, por las reacciones y comentarios del público, la obra resultó un
éxito, que deberá reverdecer según vengan las nuevas representaciones. En
cuanto al trabajo de las dos actrices, Ana (Ángeles Martín) estuvo
realmente soberbia y Rosa (Alejandra Torray) no le anduvo a la zaga.
Al
final, ovaciones de gala para toda la compañía, su director, Antonio
Corencia, que saludaron no sé cuántas veces. Y, ¡cómo no!, Miguel
Murillo, el autor, sería invitado a subir, a compartir el éxito,
recibiendo otra ovación de gala. Emocionado y con la garganta hecha
polvo de los días previos, M2 no pudo articular palabra, haciendo mutis
entre otra salva de aplausos, con el Teatro puesto en pie. Enhorabuena, M2 y compañía.
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