El Manifiesto de San Isidro

Por El Avisador - 20 de Mayo, 2008, 15:59, Categoría: General

El pasado domingo se celebró la romeria de San Isidro, como de costumbre, desde 1956, por los pagos del Parque de Tres Arroyos, a unos 5 kilómetros del casco urbano, en dirección a Corte de Peleas. El día fue rarito, con sol a ratos, viento desagradable y lluvia intermitente. Primero, llovizna y, ya por la tarde, a caño limpio. Aunque escamparía más tarde. No sabemos si fue por el tiempo inestable, las muchas comuniones del mes de mayo o qué, el caso es que la romería isidril de hogaño registró una de las concurrencias públicas más bajas de las que conozco. Y eso que acudo con la patronal todos los años. Muy poca gente, comentario que compartirían muchos miembros de la Hermandad y los pocos industriales allí asentados, entre casetas y puestos de feria. Pero esta romería será recordada, seguro, por "la romería del Manifiesto". Pero no adelantemos acontecimientos.

LA FUNCIÓN
A las doce fue la función religiosa, oficiada por un cura nuevo por estos pagos, Andrés Fernández Llera, párroco de la Concepción y arcipreste de San Juan Bautista, que sustituía al párroco de San Pedro de Alcántara (Suerte de Saavedra), el conocido Pepe Carracedo, de quien dependen, eclesiásticamente hablando, los terrenos y la ermita de San Isidro. Con la impresionante imagen del santo izada en su paso florido, en un lugar de honor del atrio. Y rodeada de cuatro jarrones de rosas rojas y, como dosel, una alfombra de espigas, cientos de espigas, y bien granadas, de los campos cercanos.

La misa fue cantada en extremeño por los distintos grupos de la Asociación Folklórica Extremadura, de Badajoz. Y, debido a mil y un problemas con los micros, aquello resultó, en algunos momentos, desagradable, horrísono, por el viento racheado y la falta de acoplamiento del equipo de sonido. Y en la presidencia, bajo unas carpas protectoras, el alcalde de Badajoz, Miguel Celdrán Matute, al que acompañaban tres de sus concejalas: Mari Paz Luján, Rosario Gómez de la Peña y Cristina Suárez Bárcenas. Eso sí, flanqueados todos por el capitán y el comandante de la Guardia Civil, el hermano mayor de San Isidro, Rafael Crespo, el presidente de la Agrupación de Hermandades y Cofradías de Badajoz, José María Blanco, "Posi", así como de otros miembros pertenecientes a diversas cofradías locales, además de la anfitriona, todos con sus varas y cintas al cuello, como el mayordmo, Isidro Rubio, el secretario, Juan Romo, y la tesorera, la señora viuda de Bernal.
Y, ocupando el atrio, sin apretones, con holgura, bastante gente, con sus sombreros, gorras y pañuelos verdes del Santo, algunos de ellos bordados divinamente.
Durante el transcurso de la misa se procedió a bendecir los frutos del campo, presentados en una enorme bandeja de mimbre, en tanto el cielo presagiaba lluvia, con nubarrones en lontananza. También se aprovechó para bendecir y colocar las medallas a los nuevos hermanos.
En los bailes de la misa intervendrían los grupos infantil y juvenil de los Coros y Danzas pacenses, en tanto en el coro sobresalía la actuación de los solistas José, Rosalina y Nieves. Qué excelentes voces las suyas, sobre todo la del novato José, en su segunda actuación con el grupo.
Y, llegados al final, un par de detalles llamarían la atención de los presentes. El primero, de carácter popular, fue protagonizado por un venerable anciano de San Roque, don Andrés Vázquez Rosales, de 78 años de edad, 25 de ellos dedicados a escribir y a recitar sus cantares, que dedicaría una poesía de su propia cosecha al Santo Labrador. Y allí que se oyeron estos ripios:

San Isidro, un año más a tus pies,/ San Isidro Labrador,
nos reunimos en tu ermita/ por ser nuestro protector.

Yo no sé lo que decirte,/ es tanto lo que te he dicho,
al cabo de tantos años. ¡Oh!, patrón de San Isidro.

Qué contenta está una madre/ cuando cría a sus hijos,
nosotros estamos orgullosos/ por tenerte, San Isidro.

Tu nombre es bien conocido,/ con esplendor como el sol,
tus manos son dos luceros,/ siempre a la diestra de Dios.

Para seguir el camino/ y nuestros campos guiar,
recogiendo lo sembrado,/ que hacías con gran bondad.

Tu fiesta es alegría/ tu día es gran amor,
los que todos te amamos/ desde el día que se fundó.

El bueno de don Andrés
quería seguir, pero le indicaron que cortara, que había más. Por lo que decidió despedirse, gritando:

¡Viva San Isidro!
¡Vivan todos sus romeros!

EL MANIFIESTO
Naturalmente, los vivas del público arreciaron y el poeta de San Roque se llevaría una buena tanda de aplausos. Y en esto que oímos a un miembro de la Herm
andad, José Antonio Gallego, que hacía de acólito del oficiante en la misa, leer con voz sonora y profunda... ¡un manifiesto! El Manifiesto por el Mundo rural, precisamente en el Día del Mundo rural, que no era ese domingo, sino el indicado para día de la fiesta de San Isidro, el pasado 15. Y nos quedamos atónitos, porque en la historia de esta modesta Cofradía nunca se han leído manifiestos. Oraciones, himnos, jaculatorias, lo que queráis, pero manifiestos, nunca. Y, pillados por sorpresa, tuvimos tiempo de oír un alegato reivindicativo en defensa de la gente y los valores del Mundo rural en la vida actual, pero extendidos a todos los sectores: Economía, Cultura, Educación, Sanidad, Vivienda... Y mucha gente, además del alcalde y las tres concejalas, con la boca abierta. O casi.
Y es que, más tarde, muchos dirían en voz baja que la misa por San Isidro no era el lugar ni el momento adecuados para manifiestos. Traté de hacerme con el dichoso documento, pero el cura de la Concepción desaparecería como por encanto. Que se fue a escape, vamos. A otros de sus menesteres, seguro. Y en su lugar volvió el párroco de Suerte de Saavedra para la procesión. ¿Hay quién entienda esto? Total, que nadie me pudo dar razón de la papela reivindicativa, incluído el mismísimo lector, el tal José Antonio Gallego, que me dijo que fue un "mandao".

LA PROCESIÓN
Llegada la hora de la procesión, salieron los caballistas en primer lugar, una v eintena de jinetes y amazonas de buen ver, seguidos del estandarte de la Hermandad. Y su portador iba flanqueado por dos bellas extremeñitas, ataviadas con atuendos tradicionales. Pero una de ellas iba en brazos de su madre, se llamaba Laura y tenía sólo 9 meses, pobrecilla. A continuación iban los mozos y mozas de la Asociación Extremadura, que montaron unos espectaculares bailes y escenas de corte extremeñista durante el recorrido. Siendo muy vistosos los momentos que se dieron cuando pasaba el cortejo por la carretera de La Corte. Y, como no podía faltar, en las paradas corrió de mano en mano la bota de Rafina, con el buen vinillo de la tierra, lo que aprovechamos para darnos un par de viajes de no te menees. La imagen del Santo, como viene siendo tradicional en esta última década, fue llevado por hombres en los tramos más duros del trayecto --bajada y subida del cerro-- y por mujeres, ya en en la carretera. Y bajo sus andas se dispusieron muchos voluntarios y voluntarias. Como el abajo firmante y la patronal, que, un año más, cumplimos con el ritual de portar al Santo sobre nuestros hombros. Y digno de verse resultaría la actuación del capataz, José Antonio Serrano, tipo buena gente, pero la improvisación y la espontaneidad personificadas, que pedía a los costaleros que "saliéramos con el pie izquierdo" después de las paradas. O cuando nos pedía "un paso largo", para aligerar, subiendo la durísima cuesta de regreso. La madre que lo parió. O cuando algunas costaleras se decían entre ellas: "Vamos a pararnos aquí un poquito", para descansar y respirar, que no estaban acostumbradas. A lo que contestaba mi capataz, con un punto de indignación: "¡Qué es eso de pararnos aquí, se para cuando yo lo diga!". Que manda huevos el tío.
Y detrás, la presidencia, con el alcalde, el hermano mayor, el capellán oficial, el capitán de la Guardia Civil y demás fuerzas vivas del pueblo. Y el resto, a mogollón.
Y mucho ¡Viva San Isidro! y ¡Vivan los costaleros! por el camino, pero ni una puta bota de vino para recuperar el resuello, colegas. Aunque algunos decían que, si nos hubieran puesto la bota, el bueno de San Isidro se habría quedado más solo que la una, con lo que les gusta a muchos el pirriaque, lo que hubiera peligrado su regreso a la ermita. Como os lo cuento.
Y, ya en el atrio, un par de bailes de nuestros mozos y mozas pusieron punto final a la procesión, en tanto ya empezaba a caer la lluvia en el campo.

LA COMIDA CAMPESTRE
Una vez en su santa casa, la gente se repartiría por el magnífico Parque para dar buena cuenta de sus comidas campestres. Los de la Hermandad, por su parte, invitaron a las autoridades e invitados presentes a un refrigerio en un local que tienen tras la ermita, junto al gallinero de los guardeses. Y el resto nos fuimos apalancando en algunas de las pocas casetas que daban de comer y de beber. Nosotros nos instalamos divinamente en la caseta de Melanie, junto a la ermita, donde nos pusimos tibios de tortillas, pinchitos, choricitos y sardinas. Que el café y la copa invitaba la Casa. Y, junto a nosotros, una estampa de las ferias de otros tiempos: unos feriantes, unos ganaderos portugueses exhibían varios caballos y yeguas con la intención de venderlos.

Y, tras la comida, a eso de las cuatro de la tarde, la lluvia arreció y los puestos del ferial --cuatro, mal contados-- tuvieron que recoger aprisa y corriendo. Y, antes de la despedida, nueva visita al Santo a despedirnos y hacernos con unos ramos de espigas benditas. Esas espigas que todo el mundo llevaba entre sus manos, camino de regreso a Badajoz, en tanto la Benemérita sobre ruedas mantenía el ojo avizor en la carretera y en los cruces para que todos pudiéramos llegar sin problemas a nuestros lares.

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