Estamos
en mayo y, con tantas celebraciones del Bicentenario de la Guerra de la
Independencia contra los gabachos, estamos dejando pasar el recuerdo
del Mayo del 68, aquel gran
movimiento reivindicativo estudiantil y obrero originado a partir de un
3 de mayo en las universidades y en las calles de la vieja Francia, que
tanto ruido armó y que se quedaría al final en aguas de borrajas. Mayo del 68 inauguró
la era del poder estudiantil donde la juventud apareció como un factor
social y político de importancia, y eso que no estaban en aquel momento
respondiendo a una situación de autoritarismo, de desigualdades
sociales extremas, etc. Paradójicamente, cuando el mundo llevaba dos
décadas de crecimiento sostenido, de democratización y, en general, de
un bienestar como Occidente no había conocido en otro momento del siglo
XX.
España y el resto de Europa estuvieron pendientes de cuanto acaecía en
Francia aquellos días, y muchos grupos de izquierda se inspiraron en
las ideas francesas y vieron en ellas una posibilidad de llevar a cabo
sus propias reivindicaciones. Se habían convertido en un símbolo, en un
ejemplo y en una lección de lo que se puede lograr, de cómo hacer las
cosas y de cómo no hacerlas y en un icono de la utopía.
Luego vinieron las crisis de los partidos comunistas, el eurocomunismo,
el endurecimiento de la guerra fría, las crisis económicas y del
petróleo, y los soñadores de los sesenta debieron orientarse a la lucha
contra el hambre, la conservación del medio ambiente, la ecología, el
freno de la carrera armamentística…
El movimiento de Mayo del 68 fracasó
como revolución en virtud de que no se produjo la sustitución
radical del viejo orden político. Pero transformó a la
sociedad francesa, cambió pautas de comportamiento, introdujo
nuevos valores, reconoció los derechos de la mujer, la liberalización
de las costumbres, la democratización de las relaciones sociales
y generacionales, incluyendo la disminución del autoritarismo
en la enseñanza.
El mismo Daniel Cohn-Bendit, "Dani el Rojo", uno de los líderes de la
revuelta, es hoy un político "verde" en Alemania, pero otros muchos que
fueron rebeldes en los sesenta se aburguesaron, convirtiéndose en
funcionarios de un sistema al que un día criticaron con saña.
Pero, además de las imágenes de aquellos días de mayo, nos quedan para
el recuerdo, cuarenta años después, algunas frases y eslóganes
celebérrimos, de corte ácrata y nihilista, escritos en los muros y las
paredes, los grafittis del Mayo del 68. Como éstos:
Prohibido prohibir.
El caos soy yo.
La imaginación al poder.
Seamos realistas, exijamos (hagamos) lo imposible.
Están comprando tu felicidad. Róbala.
Bajo los adoquines, la playa.
La barricada cierra la calle, pero abre la vía.
Soy un marxista de la tendencia de Groucho.
El aburrimiento es contrarrevolucionario.
No le pongas parches, la estructura está podrida
Los que hacen las revoluciones a medias no hacen más que cavar sus propias tumbas.
No vamos a reivindicar nada, no vamos a pedir nada. Tomaremos, ocuparemos.
Plebiscito: Votemos a favor o en contra, nos hará idiotas.
El patrón te necesita, tú no necesitas al patrón.
Trabajador: Tienes 25 años, pero tu sindicato es del siglo pasado.
Haz el favor de dejar al Partido Comunista tan limpio al salir de él como te gustaría
encontarlo entrando en él.
En otros tiempos, sólo teníamos adormideras. Hoy, las calles.
Olvídense de todo lo que han aprendido. Comiencen a soñar.
La humanidad no será feliz hasta el día que el último burócrata sea ahorcado con
las tripas del último capitalista.
En una sociedad que ha abolido toda aventura, la única aventura que resta es abolir
la sociedad.
Esto no es más que el principio, continuemos el combate.
No queremos un mundo donde la garantía de no morir de hambre supone el riesgo
de morir de aburrimiento.