Comenzó la Feria del Libro y ya se pueden ver cosas raras y llamativas.
Como que en la caseta de Carisma Libros, la del todoterrenal Paco
Huerto, se venden libros al peso. Como os lo cuento. Con su balanza y
todo, como si fueran a pesar tomates, patatas, sardinas y langostinos.
Y a 6 machacantes el kilo, mil pesetillas
de nada. El mismo precio que al año pasado, por cierto. Y uno puede
agenciarse por cuatro perras un talego de buenos libros de editoriales
tan conocidas como Destino. Con títulos clásicos y modernos, como para
hacerse una biblioteca si todavía no la tenemos. Claro que el mínimo que
hay que llevarse es un kilo, colegas. Nada de cuarto y mitad o 400
gramos, las cosas como son. Y de regataer, ni mijita.
Y, al regreso, reflexionando, pensé en cómo pueden ser las Ferias del
libro del futuro, con los libreros y sus auxiliares vendiendo al peso la
preciada mercancía. Y con estos pregones:
¡Libros! ¡Libros al peso! ¡Barato, barato! ¡Hoy no se fía, mañana, sí!
¡Marchando un kilo de novela para el caballero! ¡Ahí va otro de poesía
para la señora! ¡Y este otro kilo de cuentos para el joven! ¡Y uno de
ensayos para ese señor de barba y bigote! ¡Dense prisa, que se acaban!
¡Que me quedan tres kilos! ¿A quién se los pongo? ¡Ande, deme 15 euros
y no se hable más, que se los lleva todos!
¡Libros! ¡Libros al peso! ¡Barato, barato!...