El pasado 2 de mayo, día clave del Bicentenario de la Guerra de la Independencia (1808-2008),
se presentaba en Badajoz por todo lo alto la Biblioteca de la Guerra de
la Independencia del Ilmo. Jesús Medina Ocaña, marqués de Mayoralgo, con casa solariega en Cáceres, y patrón de Caja
Extremadura. Y el lugar elegido era uno de los mejores palacios de
Badajoz, el Provincial, sede de la Diputación, antiguo Casino de los
señores, magníficamente decorado con frescos del pintor de la tierra
Adelardo Covarsí. Y con tan alto motivo, el señor marqués vino
acompañado por su corte de ayudas de cámara, escribanos, ministriles,
chambelanes, edecanes y maestresalas, además de dos damiselas de buen
ver, Manoli Ambrona e Yvonne González, que cumplimentaron a la
concurrencia con las cortesías y miramientos habituales de la casa.
La excusa, perfecta, fue la
firma del Tratado de Calatrava, por la que se entregaba el I Premio de investigación histórica José María Calatrava, Ciudades en guerra (1808-1812),
a una pareja de historiadores y archiveros de Mérida, la capital del
Imperio romano en Extremadura. Consistente en una bolsa con 6.000
euromachacantes, un millón de las antiguas pesetas, que se dice pronto,
a repartir como buenos amigos, que fueron a recaer en Alfonso Rodríguez
Grajera y Mª Magdalena Ortíz Macías, distinguidos investigadores
emeritenses.
MARQUÉS DE MAYORALGO
Aprovechando que el Guadiana pasa por Badajoz, el
Ilmo. marqués de Mayoralgo se hizo acompañar de un par de historiadores
de alta prosapia, así como de las personas más notables de la ciudad.
En el primer caso, de los profesores Miguel Ángel Melón y Emilio La
Parra, de las Universidades de Extremadura y Alicante, respectivamente.
Y en el segundo, del Corregidor mayor de la ciudad, Miguel Celdrán
Matute, del preboste de la Diputación, Valentín Cortés Cabanillas, y de
uno de los jerifaltes culturales de la Junta de Extremadura, Francisco
Javier Alonso de la Torre. Así como de otras autoridades civiles y
militares de la ciudad, gente de la cultura local, medios de comunicación, generales, coroneles y capitanes con mando en
plaza.
Con
el paraninfo repleto de selecto público, era digna de admiración la
disposición del escenario para la firma del Tratado de Calatrava. Tras
los cinco intervinientes, al fondo, presidía un enorme cuadro de Su Majestad el
Rey, don Juan Carlos I de Borbón, a quien Dios guarde, con uniforme de Gran
Almirante de la Mar Océana, el pendón de la Diputación, con el escudo
de la provincia --un león rampante sobre una columna--, más las tres
banderas que manda el alto protocolo, las de Europa, España y
Extremadura.
Y para ilustrar a los presentes hablaron con finas y
corteses palabras Valentín Cortés, Jesús Medina, Miguel Celdrán y
Miguel Ángel Melón, por este orden. Abundando en la importancia de la
ciudad de Badajoz y de la provincia de Extremadura, en general, como
teatro de operaciones en la Guerra de la Independencia. La cosa
empezaba bien, las razones para escoger la ciudad de Badajoz --plaza
fuerte fronteriza-- para la firma del Tratado convencieron al
respetable, lo que hizo que el público aplaudiera con gusto sus
intervenciones.
12 OBRAS, 12
Aprovechando
un receso, salió a la palestra Manoli Ambrona, la institutriz de la
Obra Social de Caja Extremadura en Badajoz, que dio lectura al Tratado
de Calatrava con mucha prestancia y prontitud, tal como las
presentadoras caras de los telediarios. Anunciando que fueron 22 las
obras presentadas, concediéndose el premio de 6.000 euros de vellón,
además de la publicación de la obra, a Alfonso Rodríguez Grajera y Mª
Magdalena Ortíz Macías, autores de Una ciudad en guerra. Mérida (1808-1812).
Pero había más. Y en una de las conclusiones finales del Tratado venía
el acuerdo, sugerido al oído de sus redactores por el Ilmo. Medina,
marqués de Mayoralgo, de publicar once obras más, las correspondientes
a cada ciudad y batalla objeto del estudio. Que, tras amplias
deliberaciones del Jurado, fueron las que siguen:
1. Badajoz 1811-1812, de Carlos Sánchez Rubio.
2. La ciudad de Jerez de los
Caballeros durante la Guerra de la
Independencia (1808-1812). Aproximación a las consecuencias del conflicto y repertorio documental, de Genaro González Carballo.
3. Ciudades en Guerra (1808-1812): La ciudad de Llerena y su partido en la Guerra de la Independencia, de Alfonso Emilio Gutiérrez Barba.
4. La traición del Duque de Wellington, de Luis Alfonso Limpo Píriz.
5. La Guerra de la Independencia en Cáceres, de Fernando Jiménez berrocal, Mª Jesús Teixidó Domínguez y Juan Carlos Martín Borreguero.
6.1808-1812. La Guerra de la Independencia en Coria. ¿El fin de una época?, de José Pablo Blanco Carrasco.
7. La Guerra de la Independencia en
Plasencia, de Fernando Flores del Manzano.
8. Trujillo y la Guerra de la Independencia (1808-1814). Un triste monumento de una ciudad desgastada, de Isabel Testón Núñez, Rocío Sánchez Rubio, Mª de los Ángeles Sánchez Rubio y Juan Luis de Orellana-Pizarro González.
9. Extremadura en la Guerra de la Independencia (1808-1814). Batalla de Arroyomolinos de Montánchez (Cáceres), de Francisco Javier Caballero Torino.
10. La Campaña de Medellín, de Jesús Maroto.
11. Días de Mayo, La Batalla de La Albuera, de Diego Rubio Rodríguez.
Doce tochos, doce, que formarán a partir de ahora la incipiente Biblioteca extremeña de la Guerra
de la Independencia.
Que bien podría subtitularse "Marqués de Mayoralgo". Por la
clarividencia y mecenazgo del Ilmo. Medina, nuestro prócer extremeño.
LECCIÓN MAGISTRAL
Por último, intervendría Emilio La Parra, que daría una lección magistral, amena y documentada,
breve y pausada --La sublevación de los españoles contra Napoleón. Mayo de 1808--, sobre las causas remotas, los orígenes, la evolución del conflicto,
los personajes, los sucesos destacados y las principales consecuencias
de la Guerra en España, incluida la provincia de Extremadura, claro.
Y,
entre otras conclusiones interesantes, supimos que la tan mentada y
cacareada Guerra de la Independencia contra los gabachos no arrancó el
2 de mayo, como todo el mundo se cree, incluidos los niños de nuestras
escuelas, sino el 23 (en España) y el 30, en Badajoz, con el asesinato
por las turbas del Capitán General de Extremadura, Conde de la Torre
del Fresno, al creerle que estaba conchabado con los franchutes. Y es
que la razón estaba en que, por esas fechas, nadie sabía a ciencia
cierta quién gobernaba en España, con Carlos IV y Fernando VII en
Francia, prisioneros de Napoleón, y Joaquín Murat, Duque de Berg y
cuñado de Bonaparte, sentando sus reales en Madrid, con sus tropas
sometiendo al pueblo llano a todo tipo de vejaciones, abusos y
fusilamientos.
RAZONES DE LA GUERRA
Y nos hablaría el tal La
Parra de la gran atracción que esta Guerra ha venido ejerciendo entre
historiadores, novelistas y artistas plásticos (léase Goya). Pero, a
pesar de todo, hizo autocrítica. Que hay muchas lagunas, que queda mucho por averiguar.
Que hacen falta más biografías documentadas, y menos folletinescas,
sobre muchos de los grandes personajes de la Guerra, las vidas y
milagros de nuestros guerrilleros (El Empecinado, Espoz y Mina...),
sobre los anónimos héroes del 2 de mayo. Que hay escasez de noticias
sobre Agustina de Aragón, Manuela Malasaña..., sólo relatos a cual más
legendario. Que falta por historiar como Dios manda lo sucedido en
todas las regiones españolas, las repercusiones que tuvo en Europa y en
América... Así, un cuarto de hora poniendo pegas el profe.
Para acercarnos después a las maneras en que se produjeron las
distintas sublevaciones y, finalmente, cuáles fueron los motivos,
razonados, que llevaron a los españoles a sublevarse frente a Napoleón
y su ejército, invencibles hasta entonces en Europa. Y adelantaría
algunas razones, pese al clima de desconcierto y confusión que se vivía
en España:
1ª. Restablecer a Fernando VII, El Deseado, y expulsar a las tropas de
Napoleón Bonaparte del territorio nacional.
2ª. Garantizar la continuidad de las leyes y las costumbres españolas.
3ª. Defender la Religión católica.
4ª. Proteger los hogares, las esposas, los hijos y las propiedades de los españoles.
NUEVA CONVOCATORIA
Después
del 2 de mayo, vinieron el 3, el 8, el 12, el 20, el 30... 1809, 1810, 1815, 1820, 1825... Algo
sabemos, para eso están los libros de Historia. Pero es que a partir de
ahora, con la Biblioteca de la Guerra de la Independencia en Extremadura,
que subtitulo "Marqués de Mayoralgo", sabremos mucho más. Que nuestra
tierra fue escenario de hechos de armas y de gestas heroicas, y otras
no tanto. Y las podremos leer para saber qué pasó.
Sí, ya sé que de todas las obras seleccionadas habrá algunas que
adolezcan de una metodología rigurosa, que algunos de sus autores sean
sólo aficionadillos a la cosa histórica, que la documentación aportada
sea insuficiente, que falta por profundizar más en las biografías de
nuestros personajes, etc., etc. Pero ahí están, como punto de partida,
cubriendo parte del vacío bibliográfico existente. Y las próximas que
aparezcan, seguro que vendrán a complementar y a enriquecer las ya
editadas. Y digo
esto porque nuestro Ilmo. Medina, en su intervención primeriza, ya
anunció orbi et orbi la convocatoria del II Premio de investigación histórica José María Calatrava, Ciudades en guerra
(1808-1812).
¿Hay
quién dé más? no es una pregunta retórica, es el lema que debería
grabarse en el escudo nobiliario de los Mayoralgo, si es que no lo
tiene todavía. Sea lo que fuere, para quitarse el sombrero, don Jesús.
Enhorabuena.