Sí, Lucio, el mancebo de toda la vida de la farmacia de doña Pilar
Blanco, al final de la avenida de Villanueva, junto al cruce con la de
Juan Pereda Pila, la autovía. Y ha sido con las botas puestas, una
muerte repentina, despachando el lunes unas medicinas a una
parroquiana. Y cayó exánime. Un hombre maduro, de cuarenta y pocos
años, auxiliar de farmacia desde los 14 ó 15 años. Un hombre servicial
y atento, la bondad personificada, siempre con la sonrisa en los
labios, atendiendo con diligencia al personal de su farmacia. Un excelente
profesional, muy querido en Santa Marina y barrios colindantes.
De tal manera que su muerte no pasó inadvertida para el vecindario. Y
ayer, martes, con la farmacia cerrada, fueron numerosos los ramos de
flores que los muchos vecinos y amigos que se granjeó en vida
depositaron en el cierre metálico del local,
en señal de postrer homenaje.
Nos dejó Lucio, empleado de la farmacia de doña Pilar Blanco, en la
madurez de la vida, un hombre bueno, un mancebo de botica como Dios
manda. Descansa en paz, amigo.