El
cronista está inmerso en la tarea de celebrar de alguna forma el
Bicentenario de la Guerra contra los franceses. Naturalmente, todas las
versiones que se vayan a hacer de los episodios acaecidos en tan
desventurado tiempo van a ser de venganza a doscientos años vista sobre
los gabachos que osaron invadir nuestro país. Pero además de esto, no
obstante, el cronista desea hacer justicia a uno de los franceses, si
no el único, que puso su honor y bondad al servicio humano en aquella
locura colectiva montada por el ido de Napoleón.
Quiero
hablarles de Larrey, el Barón Larrey, de Jean Dominique Larrey, que
algunos sabrán perfectamente que fue el cirujano jefe de los servicios
médicos de Napoleón.
Se
puede decir que Larrey fue el único hombre sensato en la loca aventura
del Corso, acompañó a éste en todas las batallas por la geografía de
Europa y África y era respetado y querido por todos los soldados.
Larrey, que recorría el campo de batalla después de cada combate, iba
con una ambulancia inventada por él, recogiendo a los heridos, tanto si
eran franceses como si eran enemigos, para llevarlos a su hospital de
campaña donde ejercía su sabiduría como cirujano salvando multitud de
vidas. Se puede decir que Jean Dominique Larrey fue el fundador de la
Cruz Roja.
Y
a pesar de que Larrey nunca intervino al Emperador que, además, sólo
fue herido en un pie en la batalla de Ratisbona, y Larrey asistió
únicamente de espectador en la cura, Napoleón le dio el título de Barón
de Larrey y a su muerte le dejó cien mil francos, de él dijo que
"había sido el hombre más virtuoso que había conocido".
El
insigne Jean Dominique dejó escritos más de diez tratados de medicina.
Los amigos del cronista, estudiantes de medicina, le hablaban del
"Triángulo de Larrey", de la amputación por el "Sistema de Larrey", de
la "Enfermedad de Larrey"..., y confiesa que le envanecía pensar que el
célebre cirujano pudiese ser familiar antepasado suyo, pues sus
tatarabuelos, por parte de padre, llegaron a Llerena a finales del
siglo XVIII, huyendo de la Revolución Francesa.
Gustaría
de contar otro día, como ampliación a la celebración del Bicentenario,
una batalla casi desconocida. En ella se enfrentan 2.300 húsares y
dragones aliados a 3.500 dragones franceses. La batalla se libra en el
pueblo de Usagre y ganan los buenos.
José Larrey Martínez
Cronista oficial de Usagre (Badajoz)
larrey4@yahoo.es