Epístola a Antonio García Salas

Por El Avisador - 22 de Abril, 2008, 12:12, Categoría: General

Querido Antonio:

Muchas gracias por las frases elogiosas que me dedicas a mí y a la Asociación Amigos de Badajoz al comienzo de tu comentario, aunque lamento no estar de acuerdo contigo en las cuestiones que planteas. El tono que empleas en tu aportación es, desde luego, una invitación al debate sosegado y constructivo.

Entre otras cosas me dices:  “...tenéis que estar tranquilos, que todo el que no quiere ahora que se tire el Cubo, no es cómplice de que se hayan tirado las murallas o que se halla construido el edificio de los Sindicatos en su lugar…”. No se trata de eso. Te falta perspectiva en el tiempo.
Estarás de acuerdo conmigo en que el Patrimonio histórico de Badajoz ha sido muy maltratado durante muchas décadas, casi siempre con la disculpa de un interés social supuestamente superior a la pervivencia de nuestro Patrimonio, como si éste, en muchos casos, era algo que estorbaba para el desarrollo y cuando lo que realmente se ponía de manifiesto, una y otra vez, era la falta de imaginación y de respeto, muy lamentable, a nuestros monumentos.

Un paseo por nuestra ciudad de cualquier turista interesado por la historia y monumentos de las ciudades, que cada día son más (porque nosotros, los que vivimos aquí parece que ya estamos “curados de espanto”), sin duda echa de menos todos los lienzos de las murallas del baluarte de San Juan, arrasadas por completo, el de San José, incomprensiblemente encorsetado con una edificación tan prosaica como una Comisaría de Policía, y el San Roque, con un Palacio de Congresos que, en opinión de muchos, es una obra ilegal, que no ha tenido ningún pronunciamiento judicial porque, sencillamente, no se ha planteado ante la Jurisdicción competente y que se llevó por delante, además, el camino de ronda, banquetas, etc.

Y qué decir de los fuertes exteriores: el de San Cristóbal, esa joya de la ingeniería militar del siglo XVII, construcción paradigmática, respecto de la que todos los especialistas coinciden en que reúne los requisitos técnicos más avanzados de su tiempo, está siendo pasto de la desidia y del abandono. Es incontable el número de promesas de rehabilitación y puesta en valor que se han lanzado, pero ninguna se lleva a la práctica; el de Pardaleras fue totalmente demolido para, en su lugar, construir primero una cárcel, y más tarde, convertir ésta en un Museo, ¿no se pudo poner todo esto en este o en otro sitio?, y del de la Picuriña quedan muy pequeños vestigios. El Revellín de San Roque, igualmente abandonado, pidiendo a gritos su puesta en valor.

En esta ciudad siempre ha sido recurrente hacer viviendas y obras públicas en la zona abaluartada, ocupando muchas veces, de manera innecesaria, espacio perteneciente al Patrimonio histórico, “comiéndoselo materialmente”, por ej.: las llamadas “viviendas rosa”, la Escuela de San José, el Instituto de Castelar, etc., etc., cuando nos encontramos en una ciudad que no tiene ningún problema para liberar terreno rústico y convertirlo en edificable, previa planificación urbanística seria. No ocurre igual en otras ciudades, como por ej. Bilbao, agobiado entre montañas, donde es muy complicada su expansión. Nosotros estamos rodeados hasta el horizonte de llanura. No tenemos más prominencia que nuestro Cerro de la Muela. Podíamos seguir, pero no voy a extenderme más en este sentido.

Lo último, como todos sabemos, ha sido las obras de la Facultad de Biblioteconomía y Documentación, respecto de las cuales no es que no se hayan “seguido los trámites como debieran”, pues si fuera cosa de trámites serian subsanables, y aquí no pasa nada. Lo que ocurre es que se ha vulnerado de manera grave la Ley, la misma cuyo cumplimiento se exige con rigor al ciudadano de a pie, y la que debe ser respetada escrupulosamente por las Administraciones Públicas, mucho más cuando se invierte dinero público.

Hay una sóla forma de entender, con eficacia, la defensa del Patrimonio: enfrentándose a los hechos y llegar hasta el final, para conseguir de una vez por todas que tales hechos no queden, una vez más, impunes. Las Administraciones Públicas tienen constitucionalmente la obligación de acatar las decisiones judiciales, para eso está la Jurisdicción Contencioso Administrativa, que es el único camino cuando la obstinación demostrada tanto por el Ayuntamiento como por la Junta no han dejado otro. Y no debemos rasgarnos las vestiduras por ello. Acatar las decisiones judiciales y recurrir aquéllas que entendamos son recurribles debe ser algo natural, que hasta que no sepamos admitirlo es que no somos conscientes de la grandeza de la democracia. Ya pasó felizmente el tiempo aquel en que imperaba la “unidad de poder” o, lo que es lo mismo, no había separación ni equilibrio de poderes.

La otra forma, la de mirar para otro lado, la de lamentarnos, la de decir que no se puede hacer nada, en definitiva, la actitud pasiva, de alguna manera, es cómplice. No vale decir que “nosotros sí queremos a la ciudad”, hay que demostrarlo de manera activa y no pasiva. En este caso entiendo que hay que aplicar el bisturí, aunque nos duela, y digo que nos duela porque a mí también me duele, pero es la única manera de dar un escarmiento a las Administraciones, cuyos responsables se sienten blindados, para que sirva como “aviso de navegantes”, como catarsis o como quieras llamarlo. Muchas veces la “intervenciones quirúrgicas” son saludables a la larga.

Son mucho más los que nos piden que no les defraudemos, que sigamos adelante, que los que nos dicen lo contrario, aunque estos hagan más ruido.
No estás bien informado si dices que nos oponemos a todo. Te pondré sólo algunos ejemplos, por no ser demasiado prolijo. En la Plaza de España nunca nos opusimos a las obras, tan solo pedimos la excavación a fondo de los restos de la necrópolis islámica que aparecieron.
Respecto al paseo de San Francisco, tampoco nos opusimos a su rehabilitación, sí a un proyecto inicial que no respondía a la imagen que todos teníamos de él, e hicimos todas las gestiones y actuaciones a nuestro alcance para que la rehabilitación fuera lo más parecida al paseo original, lo que se consiguió finalmente y mereció el beneplácito de los ciudadanos.

En cuanto al Bárbara, la propia Comisión Provincial de Patrimonio reconoció en una de sus sesiones que había errores.
Por lo que concierne al Museo de Bellas Artes, decirte que el Ayuntamiento ha reconocido que el proyecto de la Diputación no se ajusta a la legalidad.
De las obras en el Baluarte de Santiago, sólo nos opusimos al tratamiento que se le dio a los restos arqueológicos encontrados. Y, así, podíamos continuar llenado folios.

De todo esto y muchas más cosas puedo darte información más detallada.

Saludos.

Manuel Márquez Martín
manuel.marquez41@yahoo.es

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