4 de Abril, 2008
Más calles en obras
Pedro:
Ramón Albarrán, la Avda de Colón... ¿Cómo es posible que haga un mes desde que terminaron la obra de la avenida de Colón y tengan que abrirla de nuevo? ¿Tendrá algo que ver San Judas para que cada dos meses nos levanten la calle de San Blas? Por cierto, en esta última ocasión se ha descubierto una canalización que debía ser de los tiempos más remotos.
Lorenzo J. Blanco Nieto ljblancon@yahoo.es
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Alfonso Doncel, el hombre-objeto
El pasado 2 asistíamos en el magnífico Salón de Plenos de la Diputación
Provincial, el de los techos y medallones de Adelardo Covarsí, a la presentación de
un libro raro, libro-objeto lo llaman los postmodernos, titulado Refugios.
Y lo primero que te encuentras es el Salón repleto de gente variopinta,
hasta las trancas, con gente de pie y sentada en sillas supletorias.
Pero, ¿qué pasa aquí? ¿Algún personaje del artisterío nacional? Y me
entero de que el tocho-objeto en cuestión es la última invención de un
tal Alfonso Doncel, con fotos de Pedro Casero y prólogo de Antonio
Sáez. Y que este libro no es de los corrientes, con sus pastas duras,
sus hojas, sus parrafadas y sus fotos e ilustraciones. No, hijo, no.
Que consta de un librillo de 36 páginas en papel Queaicolour Nature Calcaire de
100 gramos --no un papelote cualquiera, por cierto--, a tamaño
31,5x31,5 cms., con 15 textos y otras tantas fotos en b/n, más el
prólogo, impreso en los talleres pacenses de Indugrafic y encuadernado
y serigrafiado en los madrileños de Carpidea, más una pieza de porcelana
mayólica, de 23x23 cms., numerada y firmada por el autor, elaborada una
a una mediante moldeado e impresión sobre uno de los cinco negativos
realizados en escayola de alta precisión, posteriormente cocida a mil
grados en los talleres de Ildefondo Muñoz, de Cerámica Barcarrota,
siendo cada pieza única y diferente del resto. Todas, en sus
correspondientes estuches/carpetas de cartón piedra entelado en lino
negro y serigrafiado en blanco, con un interior en tafetán gris plata,
tamaño final 34x34 cms. y grosor de 5 cms. Y cada ejemplar --60,
firmados y numerados correlativamente con números arábigos, más 5, con
las siglas P. A. (prueba de autor)--, conteniendo un certificado de
autenticidad. ¿Queréis más?
PRESENTACIÓN Y
de esto y de siete cosas más nos enteramos en la presentación del
mentado libro-objeto, con una frescura que no conocíamos por estos
lares, con sus toques de humor y tal. Como que en algún momento aquello
parecía El Club de la Comedia. E intervendrían, por orden de aparición
ante el micro, los siguientes sujetos: Paco Muñoz, director del Área de
Cultura y Participación Ciudadana de la Diputación, Enrique García
Fuentes, escritor y director del Aula de Poesía Enrique Díez Canedo,
Pedro Casero, el fotógrafo, para rematar el mismísimo hombre-objeto,
Alfonso Doncel. De los Doncel de toda la vida en Badajoz, los ligados a
las conocidas librerías y editoriales Doncel, Arqueros y La Alianza. Y
escuchando al tal Alfonso (Badajoz, 1963), nos damos cuenta de que estamos ante un tipo
de gran personalidad, un creador nato, un artista polifacético
--pintor, escultor, fotógrafo, diseñador gráfico y lo que haga falta--,
siempre a la búsqueda de nuevos lenguajes, de nuevas formas de
expresión artística. A modo de "espacios de reflexión", que dicen los
postmodernos. Con numerosas experiencias que sumar en su currículum: Hipótesis de veratis (2001), Indicios (2004-2005), Haiku de sueño (2006), La Raya, una
invitación al pensamiento expansivo (Lisboa, Madrid, Badajoz, 2005-2006), El anillo de Schödinger (Évora, Cáceres, Badajoz, Don Benito, Talavera, 2007-2008) y, ahora, Refugios (2008). Este muchacho promete.
COPICHUELA EN DADÁ Y
otra originalidad más fue que, al término de la presentación, el doncel
guaperas que invita a la selecta concurrencia a una copichuela en Dadá,
un café-bar abierto recientemente en la plazuela de la Soledad, y que en
sus paredes podía verse parte de la obra donceliana. Y el local, que se
puso de bote en bote. Y mucha gente fuera, en la plaza, con la fresca.
Con tropecientos amigos, conocidos y admiradores del tal Alfonso. Que
se pasaría todo el rato saludando y dando besos y abrazos a discreción.
Como si fuera un artista de los caros, colegas. Y cómo se llevaba a las
mozas del lugar. A todas, mire usted. Y los demás, con dentina. Y cómo
le admiraban los mozos, arrobaditos, sin pestañear. Pero ¿qué les
dará el tío? Y entre tanta doncelmanía, tiempo para tomarnos unas
copichuelas. Un Martín Berdugo, tinto joven, añada 2007, un excelente riberadelduero de
las acreditadas Bodegas de Martín Berdugo, de Aranda del Duero.
Acompañado de unos bocaditos y otras exquisiteces que sentaron de
maravilla. Tras lo que pasamos a unos cócteles de cava y cerezas, con
cava Vía de la Plata, de las Bodegas del mismo nombre, de Almendralejo,
mire usted. Y, al final, unos pinchos frutales, rebozados con chocolate
recién sacado del horno. Exquisitos. Y cuando pasaba el menda por mi lado, que aprovecho un momento para saludarle, que no lo conocía: --Enhorabuena, joven, me llamo Pedro... --¡Ah, el Avisador! --¡¡¡¡¡¡ --Si ya conozco su blog, que me lo leo todos los días... --i¡¡¡¡¡ --Unas amigas mías me lo recomendaron y, mira, lo tengo en "favoritos"... --¡¡¡¡¡¡ --Apunta, que te doy mi correo electrónico, que estoy para lo que me necesites...
Y
allá que se fue en volandas el sonriente Alfonso Doncel, mi hombre-objeto favorito,
a darse otro baño de multitudes entre su legión de amigos y amigas que
lo esperaban. Había que seguir celebrando su último éxito, que, visto
lo visto, se lo merecía.
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Alones
Llevo un tiempo que vivo sin vivir en mí, que no duermo, vamos. No
consigo descifrar el significado del nombre de un juguete infantil, el
alón, los alones, en plural. Y es que hace poco he visto un cartel
puesto en la plazuela elevada de la calle Agustina de Aragón,
prohibiendo a los muchachinos que jueguen a casi todo. No vayan a
molestar a los vecinos y transeúntes, estaría bueno. Y dice así:
PROHIBIDO
jugar con bicicletas, alones, pelotas y patines.
La Comunidad.
Y llevo la intemerata tratando de averiguar cuál es el ruidoso o
peligroso juguete que prohíbe esta Comunidad, a la que le molesta un
montón que los zagales, incluídos sus propios hijos y nietos, jueguen a los
alones.
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Obras en la calle Ramón Albarrán
El último tramo de la estrechísima calle Ramón Albarrán, antes, de la Moraleja, la que lleva al Palacio de Congresos de Badajoz (antigua Plaza de Toros), está cerrado por obras. El pavimento está siendo levantado por operarios de la empresa del gas. Y así llevan la intemerata. Lugar donde se ubican el histórico Círculo/Cine Pacense (antes, Centro Obrero) y la Escuela de Teología o Casa de la Iglesia. Así que ya lo sabéis, si bajáis en coche a la Ronda, debéis torcer a la derecha por San Sisenando, y, de aquí, a la plaza de Minayo y a todas las direcciones. Mi consejo, dejad el puto coche en el garaje, que a pie enjunto se llega antes y se cabrea uno menos. ¿Es o no es?
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De cenizas y columbarios
Desde el mandato bíblico "Polvo eres y en polvo te convertirás" hasta
los tiempos postmodernos, uno de los asuntos que han preocupado a los
hombres, al morir, es el destino final de sus cuerpos. De acuerdo con
la mentalidad y la religiosidad dominantes, en España y en muchos
lugares del orbe cristiano, se viene inhumando los cuerpos,
sepultándolos en tierra, nichos, panteones o mausoleos. Todo lo
contrario que en algunos grandes países asiáticos, donde los incineran
públicamente, junto a los ríos sagrados. Sistema este último, la
incineración o cremación, que está cobrando auge en las culturas
desarrolladas, y, como es natural, en Badajoz. La incineración o
cremación es un servicio cada vez más demandado por los ciudadanos. Y
son varias las razones: el precio, mucho más económico que el de la
inhumación, la acuciante falta de nichos y fosas en los cementerios y
la elección de una alternativa más higiénica que la sepultura. No en
balde, los expertos de la Asociación Funeraria de España (AFUES) dicen
que "aproximadamente, el 25% de las personas que fallecen en España son
incineradas".
AL RÍO Y
en Badajoz se está convirtiendo en una práctica consuetudinaria,
gracias a la instalación del Tanatorio del Puente Real, que ofrece este
servicio a todo el mundo, asegurados o no. Por lo general, la
familia del finado, al término de la ceremonia religiosa o civil, se
lleva las cenizas del difunto en una pequeña urna, que la guardan
amorosamente o la depositan en un columbario. Salvo los "locos" por
Badajoz y los románticos, que haberlos, haylos, que mandan que las
arrojen al Guadiana. El ritual del lanzamiento de las cenizas al río
Guadiana va para costumbre en Badajoz. Además de gente anónima, se
conocen casos llamativos, como los del poeta Manolo Pacheco y del
alcalde que fue de Badajoz, Manolo Rojas.
COLUMBARIOS Ya
en menor proporción, otras familias llevan las urnas con las cenizas de
sus seres queridos a algunos columbarios abiertos en determinadas
parroquias de la ciudad, como el existente en la iglesia de San Juan de
Dios, en Jardines del Guadiana, en la margen derecha del río, según se
va... ¡al Tanatorio!, toco madera. Y me han llegado noticias de que están pensando
abrir otro en la Casa-Hermandad de Nuestra Señora de la Soledad, en el
cruce de las calles Santa Ana y Duque de San Germán, que el edificio
posee un gran espacio en el sótano.
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