¡Por fin aparecieron! Con medio Badajoz buscándolos por tierra, mar y
aire, que estábamos en un sinvivir, aparecieron los hermanísimos
Vidarte. Manolo y Enrique, Enrique y Manolo, que tanto monta, monta
tanto. Y es que llevábamos algo más de un mes sin tener noticias suyas.
No aparecían en ningún acto en Badajoz. De los tropecientos que se
organizan al cabo del mes. ¿Y dónde andarán?, se preguntaban en el
pueblo. ¿Estarán pachuchos y los han llevado a una clínica de San
Petersburgo? Raro, porque éstos son duros de pelar. ¿Se habrán rebelado
las patronales respectivas, diciéndoles que ellas también quieren ser
fotógrafas, y les han quitado el puesto? ¿Les habrá tocado la Primitiva
y el Cuponazo y se han largado con viento fresco a las islas Aleutianas
a fotografiar a las guapas mozas en bikini?
Y después de miles de llamadas, avisos, sms y correos electrónicos,
preguntando por los mendas, me entero ahora de que han estado en Ibiza.
Pasando ricamente unas vacaciones. Manolo, un mes, y Enrique, algo
menos. Y los amigotes, sin enterarnos. No hay derecho. Hay que avisar
antes, sobre todo, a los amigos. Que son legión en Badajoz, por cierto.
HA MUERTO AMALIA VIDARTE
Y, ya en serio, han vuelto al enterarse que ha muerto su tía Amalia,
hermana que fue de su querido padre, Manolo, y de su tío Emilio, padre
de Juan Carlos, el otro vástago de la saga de los Vidarte. Una
respetable dama a la que saludamos en el que probablemente fuera su
último acto público: la inauguración de la calle Hermanos Vidarte, en
la Ronda Norte, por los pagos de San Roque. Desde aquí, vaya mi sentido
pésame, Manolo, Enrique y Juan Carlos.