En el proceso de vuelta a la normalidad, tras el paréntesis semanasantero, leyendo un número atrasado de La Gaceta Extremeña de la Educación
(nº 119, febrero 2008), me entero de que, como viene siendo costumbre
desde el curso 2004-2005, la Consejería de Educación había ofrecido el
pasado 14 de febrero, día de San Valentín, por cierto, y en el Palacio
de Congresos y Exposiciones de Mérida, un cálido homenaje a los
profesores y trabajadores de la Enseñanza que se jubilaban en
Extremadura. Todo un señor detalle, que honra a las instituciones --en
este caso, a la Consejería de mi admirada Eva María Pérez, mi consejera
favorita--, por lo que supone de respaldo social y profesional a un
viejo oficio, el del maestro, encarnado, en esta ocasión, en las
figuras de 326 docentes (de Primaria y Secundaria) y 13 trabajadores de
la administración y los distintos servicios. Y otro detalle, con la
entrega de un libro entrañable, Evocando recuerdos. Aprendemos de nuevo, repleto de añejas fotografías y recuerdos de gran número de los que se jubilaban.
Pero
lo que me han llegado a las entretelas son las palabras que pronunciara
al final el presidente de la Junta, Guillermo Fernández Vara, político
humanista donde los haya, que haberlos, haylos, aunque haya que
utilizar una lupa para encontrarlos. Y es que recordó con nostalgia a
uno de sus maestros de antaño, a don Casimiro Rodríguez, el querido
Casi, maestro que fue de la Aneja de Badajoz, por cuyas manos pasaron
tantas generaciones de muchachinos, de quien dijo que, "además de
enseñarme a leer y a escribir", lo más importante es que "me enseñó el
valor del respeto, del esfuerzo y de la esperanza".
Item
más, que "lo más importante de la vida no lo he aprendido en la
Universidad, ni en la calle, ni en la política, que lo he aprendido en
mi casa y en la escuela".
Item más, la labor realizada
por nuestros profesores a lo largo de su vida, "es una labor que ha
permitido transformar la sociedad y los pueblos de Extremadura".
Y el remate de los tomates: "Lo que de verdad transforma la sociedad y
los pueblos son los maestros de escuela, los profesores, en definitiva".
AQUELLOS VIEJOS MAESTROS
Y me ha llegado a mis entretelas porque, además de sus palabras
rebonitas, demostrando que es una persona agradecida, me ha traído a la
memoria el recuerdo imperecedero de aquella extraordinaria plantilla
del colegio Aneja de Badajoz en los años 60 de la pasada centuria,
donde el abajo firmante aprendió el oficio de enseñar haciendo
"prácticas", viendo de cerca el trabajo y la profesionalidad de
maestros de cuerpo entero como el citado Casimiro Rodríguez, además de
Juan León Domínguez, Pepe Cacho, José Quintana y tantos otros, con
Antonio Ayuso, el director, en la trastienda.
Don Guillermo, doña Eva y demás colegas de la organización, enhorabuena
por este afectuoso homenaje, que con éstos y otros momentos así, los profes
jubilatas entran con una sonrisa de oreja a oreja en su nueva vida.
Donde tienen mucho que decir, por cierto.