Artistas en el Casco Antiguo de Badajoz, todo un éxito
Ayer por la noche fue inaugurada en la sala de usos culturales del
Colegio de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Badajoz la Exposición
Artistas en el Casco Antiguo de Badajoz.
Acto que se enmarca dentro del programa de festejos organizado por la
emprendedora Asociación de Vecinos del Casco Antiguo con motivo de su
Patrón, San José. Y la sala, justa pero coqueta, de bote en bote. Con
decenas de artistas, vecinos, familiares, miembros de la Asociación
vecinal y gente del común. Cómo sería la cosa, que hubo gente que tuvo
que seguir algunos momentos del acto desde la calle. Ricamente, por
cierto, pues hacía una temperatura primaveral de ensueño. Y allí que se
expusieron una treintena de obras, de todos los estilos, tendencias y
escuelas: pinturas --las más--, fotografías, esculturas, vidrieras,
collages, etc. Enorme variedad, como se corresponde a un lugar, el
Casco histórico, asiento de artistas mil, cada uno, hijo de su padre y
de su madre. Y fueron 17 los elegidos, que no había espacio material para más.
De ellos, 11 pintores, 4 fotógrafos y 2 escultores. Famosos y menos
famosos. Conocidos en Badajoz y sólo en su casa. Vivitos y coleandos,
los más, y alguno, ya fallecido, en el recuerdo. Vean, si no, sus
nombres:
Fotógrafos y escultores
Antonio
Covarsí (q. e. p. d.), Antonio Vega, JAM Montoya, José María Ballester,
Laura Covarsí, Luis Martínez Giraldo, Peter Thomas Kampel y Vicente
Novillo.
Pintores
Alfonso
Doncel, Ana Galván, Javier Fernández de Molina, Jorge Juan Espino, José
María Larrondo, Juan García Sánchez, Juan Ramón Fernández Molina,
Lourdes Murillo, Luis Costillo, María Pozo y Ramón de Arcos.
EL ACTO
Abriría el acto José María Soriano Llamazares, vicepresidente de la
Asociación vecinal y comisario de la muestra, al que siguió Rafael
Palomar, presidente del Colegio pacense de Aparejadores y Arquitectos
Técnicos, para rematar Juan Pedro Plaza Carabantes, presidente del
colectivo organizador. Todos ellos se mostraron encantados de haberse
conocido, y el vice apuntó que el acto, a la vista del éxito de
participación --aunque muchos artistas se quedaran fuera-- tendrá la
continuidad que se merece, una vez que se busquen los apoyos y
patrocinios necesarios. Otro dato que apuntó el Josemari es el
entusiasmo de la gente creadora del barrio, colaborando
desinteresadamente en la organización de la muestra. Por su parte,
Rafael Palomar se ofreció a la ciudadanía para que contara con el
salón cultural del edificio del Colegio cada vez que fuera menester. La
Casa Álvarez Buiza, decimos nosotros, ésa tan magníficamente
rehabilitada por los propios aparejadores y que está pendiente de que
vuelva a sus techos el magnífico fresco --El dios Cronos--, pintado por
encargo por el genial Adelardo Covarsí entre 1923 y 1925. En poder de
su anterior propietario, por cierto, y que la Justicia le ha obligado a
reponer en su sitio.
Junto
a los notas citados estaban otros miembros de la Junta directiva, entre
los que destacaban Inmaculada Álvarez, la oronda y sonriente
secretaria, y el todoterrenal Juan Pedro Brun --profesor de Idiomas,
fotógrafo, investigador, montador de Exposiciones, editor,
coleccionista de cosas raras, bibliófilo, etc., etc.--, uno de los
hijos de la recordada Madame Brum, de feliz memoria por estos pagos. Al final fue repartido entre los presentes un Catálogo de la Exposición (Artistas en el Casco Antiguo de Badajoz,
Gráficas Borame, 2008, sin paginar), con abundante aparato gráfico. Y
con un artículo introductorio de un tal Javier Cano, director del
Instituto de Bienes Muebles de la Junta de Extremadura, titulado
"Badajoz, un siglo de tradición artística", de obligada lectura.
CONVITE Y TERTULIA
Y, como no podía faltar, la Asociación que invitó a una estupenda
copichuela, servida por el serio y circunspecto Pepe, de la vecina
cervecería de Pepe Jerez, con jamón y lomo del bueno, queso de La Serena y
tortilla española casera, que se comía todo sólo con verlo. Y más, si
cabe, con una cerveza de barril tirada como Dios manda y un vino, nuevo
por estos lares, pero que estaba de puta madre. Un San Juan de Ortega,
Viña Romale, un tinto crianza, añada 2001, uva tempranillo, envejecido en roble americano, de las acreditadas Bodegas
de doña Antonia Ortíz Ciprián, de Almendralejo. A. R., naturalmente.
Entre nosotros, vino donado por el Colegio de Aparejadores, que San
Juan de Ortega es el Patrón de sus colegiados, celebrándose su fiesta
todos los 15 de junio.
La tertulia y los corrillos que se montaron después duraron la
intemerata, de lo a gustito que estaba la gente. Y podían habernos dado
las uvas cuando entablamos conversación con Rafa Palomar, el presi de
los aparejadores, y Puri, la patronal, a quienes no conocíamos. Un
catalán de Mataró, de 50 tacos, uno menos en Canarias, asentado en
Badajoz desde 1981. Que vino a hacer la mili, como de paso, y se topó
con una guapa moza de la localidad, la tal Puri. Que, al verlo, dijo
aquéllo tan clásico:
--Este muchacho me lo quedo, que lo he visto la primerita.
¡Y cómo que se quedó! Que aquí hicieron su nido, nacieron sus tres
churumbeles y ahora anda diciendo a quien quiera oirle que, como en
Badajoz, no se vive en ninguna parte del mundo. ¿Será posible?
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