A pesar del frío reinante en nuestra ciudad --doce grados por debajo de la temperatura de hace sólo unas fechas-- y del sol que alumbra, pero no calienta, Badajoz va camino de la primavera. Y de forma imparable. Y es que una de las muestras es la presencia inconfundible de los lirios silvestres en los cerros que la rodean --emblemático el de San Cristóbal, junto al Fuerte homónimo y a los caminos de Marchivirito, que tantos recuerdos traen a los pacenses de edad provecta-- y en las cunetas de los campos. De los que nacen las espigadas "varitas de San José". Y Badajoz está rodeada de miles de ellas. Sol, frío y varitas, muchas varitas en el extrarradio, signos del invierno que agoniza y de la primavera que anuncia su llegada, a la vuelta de la esquina.