Los Mayores toman el Centro histórico de Badajoz

Por El Avisador - 5 de Marzo, 2008, 18:22, Categoría: General

Ayer, fiesta de San Casimiro y compañeros mártires, a mediodía, el Centro histórico de Badajoz se vio invadido --pacíficamente, claro--, por varios centenares de alumnos de la UMEx, la peculiar Universidad de Mayores de Extremadura, en su sede pacense. Y es que, con motivo del X aniversario de su fundación, entre las muchas actividades programadas, habían quedado en darse un garbeo histórico-artístico-literario por los Museos, monumentos y otros y lugares emblemáticos de la ciudad. Eso sí, bien acompañados por guías y especialistas en cada materia (Arqueología, Historia, Arte, Literatura...). Y a las 12 en punto, la escalinata de la Catedral era un hervidero de alumnos y alumnas de edad provecta, con Tino Blázquez y Miguel Caballero, los dos artistas del Programa de Mayores, tratando de reunir a su grey, megáfono en ristre. Para que nadie se perdiera y, de paso, agruparlos, a su vez, en cinco grupos, según los itinerarios marcados. Y allí que estaban haciéndose la foto de familia tropecientos universitarios de la Tercera, Cuarta y Quinta Edades, delante de los fotógrafos de los medios de comunicación locales, procurando no moverse ni despeinarse, por la cosa de no salir bien en la dichosa foto.
Pasado unos minutillos, cada mochuelo se fue a su olivo, eso sí, provisto de unas carpetas de colorines, fácilmente identificables. Y el abajo firmante, con su santa, para lo que fuera menester, de lazarillo. Y éstos fueron los grupos y sus guías:

1º curso. La Catedral y su Museo, con Francisco Pedraja.
2º curso. Las tres culturas en el Badajoz del Casco histórico, con Faustino Lobato.
3º curso. Museo Arqueológico, con Manuel de Alvarado, su director.
4º curso. El Badajoz abaluartado, con Álvaro Meléndez.
5º curso y Postgrado. La Alcazaba y edificios rehabilitados y Biblioteca General de Extremadura, con Fernando Valdés y Manuel Pecellín, respectivamente.

EL "TUBO" DE SAN JUAN
Y, una vez en camino, el personal fue dispersándose, en tanto el grueso de la expedición senior cogía la calle San Juan arriba para dirigirse a la Alcazaba y sus aledaños. Y la gente del pueblo, maravillada al ver a tanto abuelo andante en el Casco histórico pacense, bien peripuestos todos ellos, con su plano y sus carpetillas para tomar apuntes. Y en medio de todos ellos iba un profe, el académico Manolo Pecellín, tocado con un sombrero de ala ancha, a guisa de Indiana Jones, pero sin látigo. Sí, ese personaje que hace un guaperas enchufado, un tal Harrison Ford, ya entrado en años y kilos, por cierto.
Y fue digno de verse cómo salían algunos de los comerciantes del lugar a las puertas de sus establecimientos, que no querían perderse tan insólita romería, subiendo por el "tubo" de San Juan. Como Miguel Ángel Moreno, del Gran Café Victoria, y Lola, de la tienda de retales del mismo nombre.
Y en esto que llega un paisano y, al ver el desfile, que suelta su opinión, no muy aguda, por cierto:
--¡Qué morterá!
Pero más allá vemos que sale a la puerta de su tienda el sonriente Paco Medrano, el de la perfumería El Globo, que se queda admiradito:
--¡Anda, mira, si van con el Indiana Jones ése!
Y Josefina Real, la Fini de Casa Espada, con su hijo Sergio, que pregunta al paso:
--¿Pero a dónde vais tan de mañana? ¿De excursión con el Inserso?
Y el orondo Pepe Salas, el de la taberna rociera El Rincón de Pepe, que asoma el careto. Y Julio, el de la juguetería Campano, con su sonrisa beatífica, que no quiere perderse la movida.
Y un poco más arriba, el arqueólogo Fernando Valdés,
comandando su veterana cuadrilla, que despierta pasiones a su paso:
--¡Qué señor tan bien puesto, si parece un marqués! --me dice en la calle un vecino impertinente, del que me "suena" su cara.
--No sé si será marqués o gentilhombre de Su Majestad --contesto, que conozco algo al caballero--, pero se sabe de corrido siete idiomas, entre ellos el árabe, que lo habla y lo escribe divinamente.
--¡No me diga!
--Y enseña Arqueología moruna en los Madriles y en los Berlines.
--¡No me diga!
--Pero tiene un no sé qué con Badajoz, que le hace vivir aquí, en una casita del Casco antiguo.
--¡No me diga!
--Y no le hace falta llevar sombrero de ala ancha, como al Indiana ése de las narices.
--¡No me diga!
--Sí, hijo, sí, y se conoce todas las piedras de la Alcazaba, donde Ibn Marwan, el fundador de Badajoz, levantó su palacio, su mezquita y sus jardines. Donde se llevaba al huerto a las guapas moras de la morería, mismamente.
--¡No me diga!
--Y lleva un tiempo en que tiene metido entre ceja y ceja que la mezquita mayor de Badajoz estuvo donde está ahora la iglesia de San Agustín, por la torre, el trazado de su interior y otras razones más.
--¡No me diga!
--Sí, y ahora anda buscando por los alrededores una pileta o zona de baños, que sería la prueba del nueve, que todos los musulmanes deben hacer abluciones y lavatorios antes de entrar en un recinto sagrado --remato para dejar las cosas claras de una puñetera vez.
--¡No me diga!
--Y no repita tanto "¡No me diga!", que parece un disco rayado --le digo, hartito del sujeto.
--Pues para mi que éste es el tataranieto del tataranieto del Maruján ése, y quiere saberlo todo para hacer un tocho con su biografía y que le den el Planeta luego.
--¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡
Y, ya en la calle Zapaterías, que sale a recibirnos otro amigo, con su sonrisa de oreja a oreja. Es Quini, el del estanco. Como para perdernos, vamos. Pero lo bueno estaba por llegar.

EN EL MUSEO ARQUEOLÓGICO
Y llegados al antiguo Palacio de los Duques de la Roca, sede del Museo, que nos recibe con todo miramiento un tal Manuel de Alvarado, su director. Y no iba con traje y corbata, como era de esperar, sino con camisa a cuadros y pantalón vaquero, de informal. Y me dije:
--¡Tate!, lo que se parece a Alan Ladd, el de las antiguas pelis del Oeste, haciendo de leñador... Con su cara de tío bueno y de no haber roto un plato en su vida, sí, ése que acaba quedándose al final con la rubia protagonista...
Y nos manda salir a todos a la plaza de entrada y allí daría comienzo una auténtica lección de prehistoria, historia antigua, arte y arqueología como nunca había escuchado por estos andurriales. Sobre el edificio sede del Museo, sus orígenes, sobre las antiguas Comisiones Provinciales de Monumentos, sus sedes, La Galera y la biblia en pasta. Y ya dentro, mi Alan Ladd, digo..., mi Alvarado, que nos lleva por todas las plantas, galerías y salas, contando y explicando al detalle su contenido, sus épocas, las vidas de nuestros lejanos antepasados, los primeros pobladores, las edades de piedra y del metal, los romanos, los visigodos, los árabes, los cristianos bajomedievales... A través de las miles de muestras de su cultura material, las que nos dejaron hechas un asquito debajo de cientos de toneladas de tierra. Sí, ésas que costó un huevo encontrarlas, desenterrarlas, limpiarlas, estudiarlas y colocarlas de nuevo a la vista del público. Dando una noticia mundial, que muchos desconocíamos, al decir que, según las últimas investigaciones, los primeros asentamientos humanos por estos pagos, siempre a la querencia de nuestro río Guadiana, datan del VI milenio antes de Cristo. Y no del IV, como viene en todos los papeles escritos hasta la fecha.
Y uno de los alumnos de más edad, mi amigo Manolo, que suelta a mi lado:
--Pues aquí hay "trastes" de mi pueblo, Benquerencia.
--De Castillejos del Helechar, una aldea del lugar --precisa uno de los amables guías del Museo.
Y me los enseña, orgulloso: unas piezas de bronce para pesar, como parte de rústicas balanzas.
Y mi Manuel de Alvarado, con sencillez y maneras pedagógicas, con el personal entregado, que continuó dándonos una lección magistral sobre los pueblos, las sociedades y las culturas en esta extensísima provincia in illo tempore. ¡Y sin chuleta alguna, colegas! Y sin despeinarse. Ni mirar el reloj. Como estábamos tan a gustito... Y eran las 13,30 cuando algunos comenzaron a retirarse, ya sabéis, para recoger a los nietos a la salida del cole, hacer las últimas compras domésticas y cosas por el estilo. Y no tuvimos más remedio que dejar a nuestro enciclopédico director y al grupo de universitarios jubilatas, que seguían admirando las magníficas estelas de guerrero de la planta superior.
Y nos vinimos sin poder saludar al ilustrísimo marqués de Alvarado y otras hierbas, al que conocemos sólo de oídas, que lleva sólo unos meses y de forma provisional, en la poltrona arqueológica de Badajoz. Y a fe que, visto lo visto, se ha ganado el puesto para los restos.

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