Ayer,
fiesta de San Casimiro y compañeros mártires, a mediodía, el Centro
histórico de Badajoz se vio invadido --pacíficamente, claro--, por
varios centenares de alumnos de la UMEx, la peculiar Universidad de
Mayores de Extremadura, en su sede pacense. Y es que, con motivo del X
aniversario de su fundación, entre las muchas actividades programadas,
habían quedado en darse un garbeo histórico-artístico-literario por los
Museos, monumentos y otros y lugares emblemáticos de la ciudad. Eso sí,
bien acompañados por guías y especialistas en cada materia
(Arqueología, Historia, Arte, Literatura...). Y a las 12 en punto, la
escalinata de la Catedral era un hervidero de alumnos y alumnas de edad
provecta, con Tino Blázquez y Miguel Caballero, los dos artistas del
Programa de Mayores, tratando de reunir a su grey, megáfono en ristre.
Para que nadie se perdiera y, de paso, agruparlos, a su vez, en cinco
grupos, según los itinerarios marcados. Y allí que estaban haciéndose
la foto de familia tropecientos universitarios de la Tercera, Cuarta y
Quinta Edades, delante de los fotógrafos de los medios de comunicación
locales, procurando no moverse ni despeinarse, por la cosa de no salir
bien en la dichosa foto.
Pasado
unos minutillos, cada mochuelo se fue a su olivo, eso sí, provisto de
unas carpetas de colorines, fácilmente identificables. Y el abajo
firmante, con su santa, para lo que fuera menester, de lazarillo. Y
éstos fueron los grupos y sus guías:
1º curso. La Catedral y su Museo, con Francisco Pedraja.
2º curso. Las tres culturas en el Badajoz del Casco histórico, con Faustino Lobato.
3º curso. Museo Arqueológico, con Manuel de Alvarado, su director.
4º curso. El Badajoz abaluartado, con Álvaro Meléndez.
5º curso y Postgrado. La Alcazaba y edificios rehabilitados y Biblioteca General de Extremadura, con Fernando Valdés y Manuel Pecellín, respectivamente.
EL "TUBO" DE SAN JUAN
Y,
una vez en camino, el personal fue dispersándose, en tanto el grueso de
la expedición senior cogía la calle San Juan arriba para dirigirse a la
Alcazaba y sus aledaños. Y la gente del pueblo, maravillada al ver a
tanto abuelo andante en el Casco histórico pacense, bien peripuestos
todos ellos, con su plano y sus carpetillas para tomar apuntes. Y en
medio de todos ellos iba un profe, el académico Manolo Pecellín, tocado
con un sombrero de ala ancha, a guisa de Indiana Jones, pero sin
látigo. Sí, ese personaje que hace un guaperas enchufado, un tal
Harrison Ford, ya entrado en años y kilos, por cierto.
Y
fue digno de verse cómo salían algunos de los comerciantes del lugar a
las puertas de sus establecimientos, que no querían perderse tan
insólita romería, subiendo por el "tubo" de San Juan. Como Miguel Ángel
Moreno, del Gran Café Victoria, y Lola, de la tienda de retales del
mismo nombre.
Y en esto que llega un paisano y, al ver el desfile, que suelta su opinión, no muy aguda, por cierto:
--¡Qué morterá!
Pero
más allá vemos que sale a la puerta de su tienda el sonriente Paco
Medrano, el de la perfumería El Globo, que se queda admiradito:
--¡Anda, mira, si van con el Indiana Jones ése!
Y Josefina Real, la Fini de Casa Espada, con su hijo Sergio, que pregunta al paso:
--¿Pero a dónde vais tan de mañana? ¿De excursión con el Inserso?
Y
el orondo Pepe Salas, el de la taberna rociera El Rincón de Pepe, que
asoma el careto. Y Julio, el de la juguetería Campano, con su sonrisa
beatífica, que no quiere perderse la movida.
Y un poco más arriba, el arqueólogo Fernando Valdés, comandando su veterana cuadrilla, que despierta pasiones a su paso:
--¡Qué señor tan bien puesto, si parece un marqués! --me dice en la calle un vecino impertinente, del que me "suena" su cara.
--No
sé si será marqués o gentilhombre de Su Majestad --contesto, que
conozco algo al caballero--, pero se sabe de corrido siete idiomas,
entre ellos el árabe, que lo habla y lo escribe divinamente.
--¡No me diga!
--Y enseña Arqueología moruna en los Madriles y en los Berlines.
--¡No me diga!
--Pero tiene un no sé qué con Badajoz, que le hace vivir aquí, en una casita del Casco antiguo.
--¡No me diga!
--Y no le hace falta llevar sombrero de ala ancha, como al Indiana ése de las narices.
--¡No me diga!
--Sí,
hijo, sí, y se conoce todas las piedras de la Alcazaba, donde Ibn
Marwan, el fundador de Badajoz, levantó su palacio, su mezquita y sus
jardines. Donde se llevaba al huerto a las guapas moras de la morería,
mismamente.
--¡No me diga!
--Y
lleva un tiempo en que tiene metido entre ceja y ceja que la mezquita
mayor de Badajoz estuvo donde está ahora la iglesia de San Agustín, por
la torre, el trazado de su interior y otras razones más.
--¡No me diga!
--Sí,
y ahora anda buscando por los alrededores una pileta o zona de baños,
que sería la prueba del nueve, que todos los musulmanes deben hacer
abluciones y lavatorios antes de entrar en un recinto sagrado --remato
para dejar
las cosas claras de una puñetera vez.
--¡No me diga!
--Y no repita tanto "¡No me diga!", que parece un disco rayado --le digo, hartito del sujeto.
--Pues
para mi que éste es el tataranieto del tataranieto del Maruján ése, y
quiere saberlo todo para hacer un tocho con su biografía y que le den
el Planeta luego.
--¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡
Y,
ya en la calle Zapaterías, que sale a recibirnos otro amigo, con su
sonrisa de oreja a oreja. Es Quini, el del estanco. Como para
perdernos, vamos. Pero lo bueno estaba por llegar.
EN EL MUSEO ARQUEOLÓGICO
Y
llegados al antiguo Palacio de los Duques de la Roca, sede del Museo,
que nos recibe con todo miramiento un tal Manuel de Alvarado, su
director. Y no iba con traje y corbata, como era de esperar, sino con
camisa a cuadros y pantalón vaquero, de informal. Y me dije:
--¡Tate!,
lo que se parece a Alan Ladd, el de las antiguas pelis del Oeste,
haciendo de leñador... Con su cara de tío bueno y de no haber roto un
plato en su vida, sí, ése que acaba quedándose al final con la rubia
protagonista...
Y
nos manda salir a todos a la plaza de entrada y allí daría comienzo una
auténtica lección de prehistoria, historia antigua, arte y arqueología
como nunca había escuchado por estos andurriales. Sobre el edificio
sede del Museo, sus orígenes, sobre las antiguas Comisiones
Provinciales de Monumentos, sus sedes, La Galera y la biblia en pasta.
Y ya dentro, mi Alan Ladd, digo..., mi Alvarado, que nos lleva por
todas las plantas, galerías y salas, contando y explicando al detalle
su contenido, sus épocas, las vidas de nuestros lejanos antepasados,
los primeros pobladores, las edades de piedra y del metal, los romanos,
los visigodos, los árabes, los cristianos bajomedievales... A través de
las miles de muestras de su cultura material, las que nos dejaron
hechas un asquito debajo de cientos de toneladas de tierra. Sí, ésas
que costó un huevo encontrarlas, desenterrarlas, limpiarlas,
estudiarlas y colocarlas de nuevo a la vista del público. Dando una
noticia mundial, que muchos desconocíamos, al decir que, según las
últimas investigaciones, los primeros asentamientos humanos por estos
pagos, siempre a la querencia de nuestro río Guadiana, datan del VI milenio antes de Cristo. Y no del IV, como viene en todos los papeles
escritos hasta la fecha.
Y uno de los alumnos de más edad, mi amigo Manolo, que suelta a mi lado:
--Pues aquí hay "trastes" de mi pueblo, Benquerencia.
--De Castillejos del Helechar, una aldea del lugar --precisa uno de los amables guías del Museo.
Y me los enseña, orgulloso: unas piezas de bronce para pesar, como parte de rústicas balanzas.
Y
mi Manuel de Alvarado, con sencillez y maneras pedagógicas, con el
personal entregado, que continuó dándonos una lección magistral sobre
los pueblos, las sociedades y las culturas en esta extensísima
provincia in illo tempore.
¡Y sin chuleta alguna, colegas! Y sin despeinarse. Ni mirar el reloj.
Como estábamos tan a gustito... Y eran las 13,30 cuando algunos
comenzaron a retirarse, ya sabéis, para recoger a los nietos a la
salida del cole, hacer las últimas compras domésticas y cosas por el
estilo. Y no tuvimos más remedio que dejar a nuestro enciclopédico
director y al grupo de universitarios jubilatas, que seguían admirando
las magníficas estelas de guerrero de la planta superior.
Y
nos vinimos sin poder saludar al ilustrísimo marqués de Alvarado y
otras hierbas, al que conocemos sólo de oídas, que lleva sólo unos
meses y de forma provisional, en la poltrona arqueológica de Badajoz. Y
a fe que, visto lo visto, se ha ganado el puesto para los restos.