Seguro
que, ahora que comienzo a largar la segunda parte de la cena en Las
Bóvedas, algunos se habrán llevado las manos a la cabeza al pensar en
los muchos platos que nos metimos entre pecho y espalda en esta
degustación de la Quincena del Ibérico. Que, seguro, así se las ponían
a Fernando VII. O a Carlos I de España y V de Alemania, tragaldabas
compulsivo. Y, efectivamente, fueron numerosos los platos, tanto
aperitivos, como el menú y los postres, que nos pusieron. Pero se
trataba de platos de muestra, de degustación. Generosos, siempre, pero
no de ésos para camioneros. Donde lo importante era saborear los
distintos componentes del mismo, acompañado todo con los buenos caldos
de estas tierras, en este caso, un Ribera de Olivenza. Así y todo, en
Las Bóvedas se nos dio el caso --frecuente, por cierto, en estos saraos
gastronómicas--, de que los cocineros rivalizaran en ser los más listos
de la clase, y hubo varios platos que necesitaron Dios y ayuda para
acabarlos. Y, todo ésto, sin contar las "vistas" que ofrecían, de
cocina de alto diseño, de fusión, desestructurada o vanguardista, que
así la llaman los pijogastrónomos. Por lo que no es de extrañar que se
hicieran miles de fotos, la mayoría dirigida a los platos. ¿Será
posible?
Algunos,
como el abajo firmante, daría la nota ante tanta novelería. Y metiendo
mano a un langosto rebozado en tocino ibérico, con una taza de falso
chocolate al lado, resulta que me cojo el falso churro y me tomo el
falso chocolate.Y con cucharilla, pero ésta era de verdad. Cuando el
churro no era lo que parecía y el chocolate era una... ¡salsa! Ni que
decir tiene que fui la comidilla de mis comensalas vecinas, que vieron
que en la cocina posmoderna este escribano necesita un hervor.
COLES, COSTILLA, PAPADA
DE
IBÉRICO...
Y
donde todos, o casi todos, tuvimos que hacer un alto para recuperar el
resuello fue cuando nos trajeron el Guiso de coles con costilla ibérica
asada y ojos confitados, seguido de la Papada de ibérico caramelizada
con calabazas y gelatina de Oporto con jugo de ternera. Tocino ibérico
cinco estrellas con virguerías de guarnición para despistar. Algunas se
plantaron. Y otros, más valientes, que tiraron por la calle de en
medio, sonriendo y todo:
--Inyección de colesterol puro en vena --diría el superintendente turístico de este pueblo Germán López.
A
punto de pedir un receso, al llegar los postres no sabíamos si era la
merienda o qué. Y con el café, croquetitas de puchas, por si nos
habíamos quedado con apetito.
Y a la hora de la copa, dos botellines
de Ruavieja, para tomarlos en casa con la parienta o con el maromo, en
la mesa camilla, a lo calentito. Que, después, a la salida, había que
conducir. Y ya sabemos que, cargado, te puedes quedar sin puntos. O
jugarte la vida. La tuya o la de otros conductores inocentes.
Y en
éstas estábamos, cuando hace presencia la plana mayor de los cocineros,
seguida de su corte de auxiliares, pinches y demás. Y allí en el
estrado que se pusieron José Pinilla, David Muñoz, Manuel García y
Olivier Lanbelt. Que dieron pelos y señales de sus platos, sus
ingredientes, sus modos de prepararlos y presentarlos, etc., por lo que
recibieron un cariñoso aplauso por parte del respetable. Y como también
tenían derecho a su minuto de gloria, otro fenomenal aplauso rubricó el
buen hacer del personal de cocina. Ése que nunca viene en los carteles,
pero tan necesarios son para que los platos salgan como Dios manda. En
este caso, Mari Carmen, Puri, Mari Tere y Luis. Y, cómo no, otra oleada
de agradecimiento se llevaría el personal de sala, esos que, con su
sonrisa siempre a flor de piel, trajinan toda la noche para que no nos
falte de nada. Muy bueno lo vuestro, Mónica, Sole, Mari Carmen, Isabel
y Belén. Y gracias a todos, cocineros, ayudantes, camareros y
sirvientas, que habéis sido unas madres.
Siguiendo el turno de agradecimientos, Antonio García
Salas se dirigió a Lorenzo Flores, baranda de Las Bóvedas,
agradeciéndole su acogida, y a Andrés de Olano, el bodeguero la
generosa disposición de su vino, Ribera de Olivenza.
AGRADABLE TERTULIA
Cerca
de la una de la madrugada, la opípara cena dio paso a una
agradabilísima tertulia, donde se habló de todo lo divino y lo humano.
Con el bodeguero hicimos un aparte, donde nos presentó a la patronal,
Encarnación Cruz-Guzmán López, que estuvo atentísima con el personal,
preguntando si nos había gustado el vino. Y Andrés se explayaría en su
proyecto de Casas Novas, hablando con un cariño y un entusiasmo
impropios a su edad. Un jubilado ilustre, que podría dedicarse a
disfrutar pacíficamente de su tiempo libre y de ocio con la patronal y
demás familia, resulta que se ha empeñado en sacar adelante esta
Bodega, con unos vinos obtenidos de la selección de las mejores
tierras, de los mejores viñedos, de las mejores uvas, de los mejores
sistemas de vendimia... "Todo de lo mejor", te dice como conclusión mi
coronel-bodeguero.
También
dio tiempo para enterarme de que el nombre del restaurante se debe a
las enormes bóvedas de cerámica del techo, que actúan de aislantes y
protectoras a un tiempo. Y, mano a mano con el dueño, me intereso por
una amplia colección de pintura que decora sus paredes. Una veintena de
cuadros al óleo --paisajes y escenas de la vida campesina,
fundamentalmente--, obra del artista Fidel María Puebla, natural de La
Puebla de Montalbán (Toledo), muy amigo de la familia, a quien se los
tiene donados. Una importante colección que se erige en un motivo más
para visitar las instalaciones de Las Bóvedas, en el Área de Servicio
ubicado en el kilómetro 405 de la autovía Madrid-Lisboa.
Era
pasada la una y media de la madrugada, día 24 ya, cuando cogimos el
toli y regresamos a nuestros lares, después de haber pasado una
gratísima velada ibérica en Las Bóvedas.
Pero antes de salir, que va
el menda de ITAE y nos da el chivatazo de la siguiente Quincena, que
tratará sobre el cordero. Otra muestra del buen yantar por estos pagos
de Badajoz y alrededores. Que ya lo dice el sabio refrán: "de la mar,
el mero, y de la tierra, el cordero". Pues nada, colegas, que haremos
un sacrificio y haremos acto de presencia en el asador El Horno
(Antonio de Nebrija, 8, Jardines del Guadiana) el próximo 20 de
febrero. En plena Cuaresma, por cierto.