En plena vorágine de la campaña electoral en España, los primeros
espadas para la corrida del 9-M están tirando la casa por la ventana.
Que si subidas de sueldos y pensiones por aquí y de rebajas en el IRPF
por allá, que si un pastón de machacantes a descontar en la declaración
de Hacienda, que si cientos de miles de plazas de guarderías más, que
si ADSL gratis para todo el mundo, que si vamos a dejar de pagar el
canon ese de una puñetera vez, que si ésto, que si lo otro, que si lo
de más allá... Añadan las promesas que están al caer: que si un AVE por cada
capital de provincia, que si diez millones de plazas más de
aparcamiento para los sufridos conductores, que si todas las ciudades
de más de 50.000 habitantes van a tener un equipo de fútbol de Primera División en la LFP,
la mejor Liga del mundo mundial, etc., etc. Podéis poner las que gustéis, que, seguro, alguna cuela.
Pues ésto me parece un mercado persa,
una subasta barriobajera, un putiferio electoral. Donde ZP y Mariano el
Largo, los dos tahúres de la peli, están jugando con pólvora del Rey.
Así, cualquiera. Y vengan promesas, promesas y promesas. ¡Y van y se
las creen!
Y
los dineros, la pasta gansa, el capital para pagar tantas alegrías, ¿de
dónde salen, tíos? ¿Es que papá Estado se ha vuelto rico de repente,
qué rico, riquísimo? Y el jefe de la leal Oposición es que ha encontrado una
mina de oro en su pueblo. ¡Y nosotros, sin saberlo!
¿Por qué no ofrecéis proyectos concretos o apoyos a los sectores básicos que no
marchan como debieran desde los tiempos del cuplé --enseñanza, sanidad, obras públicas, medio
ambiente, transporte y comunicaciones, investigación y nuevas
tecnologías... --, en especial si afectan a
las Regiones menos desarrolladas?