Me lo temía. Sabía que podía pasar. Y es que resulta que, con motivo de
los fastos de su 70 cumpleaños, nuestro Rey, Juan Carlos I de Borbón,
ha montado para el día 9 una cena para cerca de 500 altísimas dignidades del Estado
en estos 32 años de reinado juancarlista. Presidentes y ex-presidentes
del Gobierno, ministros y exministros, próceres de los tres Poderes del
Estado, el Congreso, el Senado, los jueces, generales de cinco estrellas,
empresarios y monárquicos de pro, etc., etc. Sin que falten los
tiralevitas de ocasión, los besalamanos de rebajas, los correveidiles y
los que siempre contestan con un "sí, Majestad", "encantado de
servirle, Majestad", "sus deseos son órdenes, Majestad", "qué bien le
veo, Majestad", "qué bien le sienta el traje de etiqueta, Majestad",
"está de guapo subido hoy, Majestad", "si parece que tiene 40 años,
Majestad"... Como si fueran autómatas, Majestad...
LA PREGUNTA DEL MILLÓN
Y
aquí tengo
que darle un toque a nuestro querido Rey, que uno es juancarlista
convencido desde que en 1975 se lió la manta a la cabeza, puso a Adolfo
Suárez a los mandos y arrancó la Transición a la democracia. Y decirle
que, en vez de gente de tanto ringorrango debía haber invitado a gente
del común, a gente del montón, hombres y mujeres del pueblo llano, que
somos la tira, como el abajo firmante, por poner un ejemplo. Y es que
le tenía preparada para tan alta ocasión una pregunta, la del millón.
No del estilo de a cómo están el pan o los tomates, no, hijo, no. Sino
otra de mayor enjundia:
--¿Cuándo se va a retirar, Majestad?
Sí,
sí, he dicho bien. Pero que no cunda el pánico, las mujeres y los
niños, primero... He preguntado por la fecha de jubilación de mi Rey
favorito. ¿Pasa algo? Que ya
es hora, Teodora. Que todos somos importantes pero nadie es
imprescindible. Y más mi Juan Carlos, con una hoja de servicios al
Estado impagable. Pero así contribuye a bajar las cifras del paro en
España, dando la alternativa al Felipe y a la Leti, que los veo JASP,
jóvenes, aunque suficientemente preparados. Y que se busquen la vida,
que tienen espejo dónde mirarse. Y que no le pase como al
pobre Carlos de Inglaterra, que la Reina Madre le está haciendo que se
le pase el arroz. Y sabe Dios si reinará o lo hará algunos de los hijos
que tuvo con lady Di.
MI REY YA ES MAYOR
Y,
una vez jubilado, podrá sacar más a la real parienta, la
Reina Sofía, que la saca poco hogaño, y eso que es majísima y discreta
como pocas en este Reino de bocazas y chinchorreros como es el de
España. Y cuando la saca de paseo y van al teatro o a la ópera, que mi
Rey se duerme y tiene que darle un pescozón real para que espabile. Y
es que mi Rey ya es mayor. Y su cuerpo real ya no está para muchos
trotes, como esquiar, montar a caballo, volar en parapente o en globo o
pilotar un
caza supersónico. Y, como cualquier jubilata o pensionista, que se
apoltrona como un bendito cuando le llega la hora. Que a las diez, en
la
cama estés o, si no, al pie, que dice mi tía Federica, la del pueblo.
Por eso, hágame caso, Majestad. Jubílese y a vivir, que son dos días. Y
a meterse en Internet a chatear con los amigos. O a visitar El Avisador
de Badajoz, donde espero eche una real ojeada. Sea lo que fuere, vengan esos cinco,
¡felicidades, Majestad!