Cabalgata de Reyes Magos en Badajoz

Por El Avisador - 6 de Enero, 2008, 23:39, Categoría: General

La noche del 5 de enero, fecha en que cumplía 70 tacos, uno menos en Canarias, un Rey de carne y hueso, nuestro Juan Carlos I, a quien Dios guarde, los tres Reyes Magos tomaron Badajoz a primeras horas de la noche. Y eso que hacía una noche de perros, con humedad espantosa, no mucho frío y lluvia finísima a ratos, que no dejó de caer toda la noche. A pesar de la noche 3B, que decían los antiguos --brasero, botella y baraja--, el todo Badajoz se largó con viento fresco a la calle, bien abrigado, eso sí, ocupando las calles, plazas y avenidas del recorrido. Y una hora antes del comienzo de la Cabalgata --18,30 horas-- las aceras estaban ocupadas por familias enteras, con sus pequeñuelos bien a la vista, portando bolsas para la avalancha de caramelos que se les vendría encima. Muchos vecinos, pero también gentes venida de la comarca y provincia, y del Portugal rayano. Y es que una Cabalgata como la pacense, con su espectacularidad y brillantez, no se ve en muchas leguas a la redonda.
Y con puntualidad británica, saldría el real cortejo de las proximidades del Puente de la Universidad. Con un escuadrón de gala de la Guardia Civil a caballo iniciando el desfile, la concurrencia disfrutaría como los indios ante la presencia de incontables comparsas y grupos animando el desfile: cabezones, titiriteros, escuadrones de soldados romanos a caballo, ciclobuses de personajes de cuentos, payasos gigantes, gordinflones, etc., etc. Tal algarabía se sumaba a otras carrozas, espectaculares todas ellas, con personajes de la literatura fantástica de siempre --Gulliver, el Jorobado de Notre Dame...--, entre otros. También pasaron trenes y barcos piratas, repletos en esta ocasión de niños y niñas sonrientes y dichosos.
Una vez cogida la velocidad de crucero, y escoltada por los mozos y mozas de Protección Civil, con sus casacas amarillas, la Cabalgata llegaría al corazón de Santa Marina a las 19 horas. Y tardaría justamente 15 minutos en pasar, con SS. MM. los Reyes Magos saludando a diestro y siniestro al gentío enfervorizado que les esperaba a pie de calle. Y, en medio del entusiasmo desbordante de los niños y sus familiares, SS. MM. los Reyes Melchor (el concejalense Celestino Rodolfo), Gaspar (su colega Alberto Astorga) y Baltasar (el morenito y zapatero prodigioso, Jorge Mendoza) fueron tirando miles, qué miles, millones de caramelos, ante el beneplácito de la muchachada y de sus solícitos padres. Casi todos, provistos de bolsas y los más picaruelos, con paraguas abiertos, a modo de antenas parabólicas, dirigidas a las carrozas reales. Y nuestros muchachinos que se hincharían de caramelos, aunque hubo gente que recibiría caramelazos sin cuento en la cara y en el pecho, a resultas de la "batalla". Sin que se registrase ninguna "baja", que yo sepa. Y es que los Reyes, en sus suntuosas carrozas de varios pisos, llevaban a su vera una regular corte de rapaces, que no paró de tirar caramelos durante el recorrido. Tanto a los que levantaban la mano como a los que no.

UNA PAREJITA DESAPERCIBIDA
Y en medio de la Cabalgata, ajena al ruido y al fiestorro que les rodeaba, una joven parejita, con un niño en brazos, que pasaría desapercibida. Nadie se dio cuenta de ellos, pues no iban en carrozas, ni tiraban caramelos, ni saludaban triunfalmente, ni nada parecido. Por no ir, no iban ni en burro, como en otras ocasiones. A pie enjuto, nada de lujos. Y eran la Virgen María, San José y el Niño, que hacían de pobres secundarios en una peli donde los artistas principales eran los tres Reyes Magos. Y qué lástima me dieron los tres, tan solos, que parecían una parejita en busca de piso. Menos mal que salí a su encuentro para saludarles, y, de paso, hacerles varias fotografías. Y desearles un feliz año. Como hago siempre.
La Cabalgata triunfal, a pesar del sirimiri, discurriría entre el alboroto general y la lluvia acaramelada por la avenida de Santa Marina y la de Enrique Segura Otaño, para torcer a la izquierda, a la altura de la fuente, por la avenida de Europa y la calle Pedro de Valdivia. De aquí, girando por la plaza de Minayo, frente al López de Ayala, llegaría sobre las 19,45 horas al paseo de San Francisco. A esa hora, hasta los topes. Abarrotada. No cabía un alfiler, y eso que este año los Reyes dispusieron de tres pasillos triunfales para llegar hasta el histórico palacete de la Música, donde esperaban el alcalde de la ciudad y varios concejalenses más. Uno arrancaba en la esquina de La Marina, otro, a la altura de Hacienda y Caja de Badajoz, y el tercero, en la otra esquina, junto al arranque de la calle Vasco Núñez.
Y allí que les esperaban cientos, miles de admiradores, especialmente niños y niñas con los ojos bien abiertos, que tocarían las vestiduras reales de SS. MM., hablarían con ellos, les pedirían juguetes y regalos, haciéndose millones de fotos para la posteridad. Y los Reyes, muy en su papel, cogiendo bebés y besándolos tiernamente por aquí, por allá y por acullá, con sus padres, medio derretidos de la emoción.
No es de extrañar, pues, que Emilio G. Barroso, el director de orquesta de la recepción real, y mientras los Reyes se hacían querer, repartiendo millones de besos y abrazos en el trecho final, tuviera que contar mil y un episodios sobre la historia bíblica de los Reyes Magos, poniendo decenas de villancicos para animar la espera.
Y con todo San Francisco tomado por la ciudadanía, con centenares de padres con sus pequeñuelos sobre sus hombros, marcando los relojes las 19,55 horas, que se inició el acto de bienvenida. Y en primer lugar lo haría un niño de 8 añitos, un tal Daniel Pérez Martín, en nombre de la UNICEF, que leería con perfecta dicción un manifiesto en pro de los niños del mundo, especialmente de los más pobres y necesitados. Le seguiría el alcalde de la ciudad, Miguel Celdrán, que dio la bienvenida a los Reyes en nombre de los niños de Badajoz, sus pedanías y poblados. Poniéndolos por las nubes, por cierto. De buenos, estudiosos, trabajadores y media docena de virtudes más. Para terminar su breve discurso deseando a Sus Majestades "una feliz noche y una feliz retirada a vuestros aposentos".

HABLAN LOS REYES
Intervino después el Rey Melchor-Celestino, que hizo un brevísimo discurso, pidiendo a la chiquillería que se acostase pronto, eso sí, no sin antes dejar un poco de turrón y un vasito de aguardiente para Sus Majestades. Le siguió en el uso de la palabra el Rey Gaspar-Alberto, que fue el más directo con el público, dirigiéndose "a los niños chicos y a los niños grandes". Y, sobre la marcha, que le daría un viaje a un personaje "gordito y de rojo", preguntando a los chavales que a quién preferían.
--¡¡A los Reyeeeeeeeeees!! --se desgañitaban los niños.
--¿Os habéis portado bien? --siguió Gaspar-Alberto.
--¡¡Síiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!!
Y, ahora, a los padres de las criaturas:
--¿Se han portado bieeeeeeeeeeen?
--¡¡Síiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!! --todos a una.
Y el remate de los tomates:
--Y esta noche, cuando pase por vuestras casas, me dejáis un poquito de champán y un pastelito de gloria...
--¡¡Síiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!!
Lo nunca visto. Un Rey Mago que pide champán a la audiencia. Nada de cava, sidra, anís, aguardiente, coñac o agua de grifo. No, hijo, no. Champán. Y de los caros, seguro.
Por último, intervino el Rey Baltasar-Jorge, que sería escueto pero con un mensaje cargado de valores.
--Que se cumplan esta noche todos vuestros deseos, con salud, paz y alegría, amor y armonía.
Una cerrada ovación despidió la salutación de los tres Reyes Magos que, de esta manera, cumplían con el ritual anual de su visita a los niños de Badajoz.
La muchedumbre, con sus niños en carricoche, en brazos o de la mano, cogería el camino de regreso a sus lares. En tanto la ciudad parecía hervir de actividad callejera y comercial, con sus atascos automovilistas en los cruces y en las plazas, con miles de personas afanándose en las últimas compras o en hacerse con los ricos roscones de Reyes de Badajoz.
Los Reyes Magos se habían ido misteriosamente de Badajoz. Desaparecieron como habían venido. Esa noche mágica, la del 5 de enero, nuestros niños contarían una a una las horas para encontrarse con los regalos que habían pedido a sus Reyes favo
ritos, 6 de enero ya, fiesta de la Epifanía.

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