Pues no voy a hacer publicidad de esta gran empresa española, dedicada,
entre otros menesteres, a infraestructuras, inmobiliaria, servicios
logísticos y de transporte, servicios urbanos y medioambientales,
energías renovables y lo que te rondaré, morena. No, hijo, no. Que no
tengo ningún primo aquí, de los que cortan el bacalao, y, por si fuera
poco, ni una puñetera acción en mi cartera. Rien de rien. Que se trata de algo más sencillo y...
humano. Resulta que hace un par de días, ya de madrugada, se me pincha
el coche en la avenida de Juan Carlos I. Y que llamo al servicio de
Mapfre, mi aseguradora, para que arreglen el pinchazo o me cambien
de rueda. Con la que estaba cayendo, cualquiera se ponía manos a la
obra, que podías quedarte sin algunos dedos en el intento, además de bizcolo, por falta de luz. Total, que estando el propio de Mapfre manos a la obra, que pasa por
allí un monovolumen de Acciona, creo que de color blanco, repleto de
jóvenes. Y lo primero que hacen es pararse. Y el conductor, con la mejor de sus sonrisas, pregunta que qué nos
pasa, que si nos echan una mano y tal. Y al decirle que gracias, no
hace falta, que ya están en ello, que se despide muy cortésmente,
deseándonos un feliz Año Nuevo.
--¿Qué, amigos suyos? --pregunta el mecánico.
--Pues no.
--Entonces, conocidos --insiste el de Mapfre.
--Pues tampoco, que no los conocemos de nada.
--¡No me diga! Pues entonces habrá que colocar una placa en este lugar,
que estas cosas ya no se ven. Si yo le contara a usted...
Muy bueno lo vuestro, JASP (jóvenes, aunque suficientemente preparados)
de Acciona. Qué detalle más solidario el vuestro. No sé quiénes érais,
pero siempre recordaré vuestro gesto en una gélida madrugada del 29
de diciembre, en la pacense avenida de Juan Carlos I, con el
coche tirado por un pinchazo.