Si hay una sentencia legal contra una actuación ilegal, hay que cumplirla.
Lo peor que puede ocurrir para el funcionamiento de una sociedad, es
que la ciudadanía pierda la confianza en las instituciones, cuando
éstas se niegan a cumplir las leyes cuya observancia aplican con todo
rigor a los otros. Cuando se aplican dos varas de medir. Y eso es lo
que sucede cuando los fallos de los políticos, por ignorancia o
empecinamiento, se tratan de hacer irreversibles. En el caso del cubo
se estuvo avisando la ilegalidad desde su comienzo. Y la política de
turno dijo: "Se va a hacer. Y si luego hay que cortar, se corta".
Aunque no dijo si con su dinero, y no con el público.
¿Tienen bula las instituciones para incumplir la ley? ¿Con qué fuerza
moral se va a obligar luego a quien levante una altura de más, o abra
una ventana en una medianera? Y el colmo es tratar de legalizar la
ilegalidad a posteriori.
El cubo es una barbaridad por su encaje y procedimiento de
ejecución. Dados los antecedentes y las circunstancias, en un país
serio no se estaría cuestionando el cumplimiento de una sentencia
judicial de este tenor.
Alguien dijo una vez que todas las iglesias de España no valen lo que
la vida de un republicano. Ahora parece que todos los siglos de
historia de Badajoz, la obra única que significa la alcazaba y su
entorno, y la ley, no valen lo que un cubo de cemento hecho a partes
iguales por la incompetencia, la estupidez, el empecinamiento y la
ilegalidad.
Alberto González Rodríguez
Doctor en Historia del Arte. Cronista Oficial de Badajoz
albertognz@hotmail.com