Jacinto Sánchez Sosa, Jacinto, el de la trompeta, personaje popular
donde los haya, drogata sin remedio que sobrevive gracias a las monedas
que recoge tras sus "solos" callejeros, ha vuelto. Mejor dicho, ha
comprado una nueva trompeta. Que la anterior se la mangaron mientras
dormía plácidamente en uno de los soportales de la plaza de los Alféreces. Y como no
la llevaba sujeta por cadena alguna, que ha venido algún mangante, con
nocturnidad y alevosía, y se la ha robado, largándose con viento
fresco. Y así ha llevado mi Jacinto dos meses sin llevarse una trompeta
a la boca, hasta que se ha hecho con una nueva y flamante en Valencia.
Por casi 300 machacantes, me contaba anoche este montijano de 51 tacos,
músico de profesión en sus años mozos, oficio heredado de su padre, y
que ahora se debate en Badajoz entre la miseria y la droga.
NUEVA TROMPETA
El caso es que faltaban unos minutos para las doce de la noche, cuando
un grupo de amigos que deambulábamos por la calle de los bares, la de
Muñoz Torrero, que detrás nuestra resuenan a toda pastilla los aires
de... ¡La Internacional!, y por poco nos caemos al suelo de la
impresión. Y una vez repuestos, que va el tal Jacinto y saluda a la concurrencia, atacando de nuevo, esta vez con... ¡Paquito el Chocolatero!, entre la
satisfacción de los allí presentes y de otros que salían de los bares
del lugar, atraídos por la música. Y fue digno de verse cómo la gente,
emparejada, se puso a bailar unos minutillos el alegre pasodoble. ¡Como
en la Feria, colegas!
Pero la cosa no terminó aquí, que va el nota y te dice:
--Sabéis que hemos ganado, ¿no?
--¿Y eso...?
--Extremadura, que ha ganado 2 a 1 a Guinea Ecuatorial, que el partido lo han dado por la tele.
Y allá que se pone a tocar el himno de Extremadura a los cuatro
vientos, mientras un grupo de paisanos tararea algunas de sus bellas
estrofas:
--¡Nuestras voces se alzan, nuestros cielos se llenan, de banderas, de banderas, verde, blanca y negra...!
En pleno éxtasis patriótico, que vemos cómo Jacinto se larga como ha venido, sin avisar, pero tiene tiempo de
desear a la concurrencia felices fiestas y próspero Año nuevo.
Lo dicho, va vuelto Jacinto, el amable drogata de la trompeta, con una
nueva y reluciente. Para desesperación de los vecinos del Casco Antiguo
y de otras partes de la ciudad, cuando le da por hacer sus "solos" en
la madrugada. Que no hay bicho viviente que pegue un ojo.
Jacinto, tío, no seas plasta, a partir de las 12 de la noche hay que
guardar la puñetera trompeta, que la gente tiene que descansar, que al
día siguiente hay que seguir con el curro. Lo entiendes, ¿verdad?