Como os lo cuento. Cierra la bodega-taberna más antigua de
Badajoz, la que regenta el bueno de Manolo Salvatierra. En la plazuela
de San José, frente por frente de la Puerta del Capitel de nuestra
Alcazaba moruna. Y es que, por jubilación, Manolo, que llevaba en el
puesto desde 1961, echa el cierre. Y dejaremos de ver su figura oronda
y jovial tras el mostrador. Con esa semipenumbra peculiar de las
antiguas Bodegas, con los impresionantes conos de vinos al fondo.
Y sus atractivos calendarios con tías en pelote. Siempre repleta de parroquianos del todo Badajoz, especialmente, de
esta zona, tomándose unos vinos o unas cervezas al mediodía. O llevándose el vino a granel.
Y es que hace un par de meses que se traspasa el local, que resulta es
propiedad de Emilio Doncel, el presidente de la Asociación de
Comerciantes de la calle Menacho y aledaños. Uno de los rincones más
populares del Casco histórico, la taberna de Salvatierra, fecha para
siempre.
Cuántas historias, cuántas vivencias, cuántas anécdotas surgidas en la
taberna o en sus proximidades. Paso obligatorio entre las dos plazas
más antiguas de la ciudad, la de San José y la Alta, o de Marín de
Rodezno. Sobre todo, cuando las dos plazas bullían de actividad en sus
épocas de gran esplendor.
Aunque es ley de vida, dejadme que la despida: ¡Adiós, Salvatierra, adiós!