Por estas fechas navideñas, podemos ver en algunos lugares del centro
de Badajoz una figura femenina plateada, estática, inmóvil, sentada
sobre una silla baja. Una dama de plata, a modo de estatua, con un
traje largo de amplio vuelo, al estilo romántico, luciendo una airosa pamela en la cabeza,
con guantes y un ramillete de flores entre las manos. Todo de color plata.
Y mi dama plateada que no mueve un músculo, ni habla, ni canta villancicos, ni pide la
voluntad. Nada de nada. Eso sí, tiene a sus pies
un cesto de mimbre con asa, también plateado, con una abertura para que los
viandantes echen unas monedas. Y así se pasa la dama --que no es dama,
que es un caballero-- las horas muertas. Bien abrigada por dentro, por
si acaso. Para que la gente premie su actuación inmovilista. Y me
recordó a nuestra Carolina Coronado, en el parque de Castelar, inmóvil,
pétrea, rodeada de palomas y patos. Aquí, rodeada de gente apresurada en su pasacalleo
cotidiano.
Otra manera más, haciendo la estatua, de ganarse unos machacantes para el Fin de Año, que los precios de las cigalas, el cordero, los percebes, el
caviar, el mero, las ostras y otras cuantas exquisiteces más, están que
se suben por las paredes.