Antonio y Alberto son dos amigos de toda la vida. Uno en Mérida y el
otro, en Badajoz. Y, al llegar la Navidad, te felicitan y te desean lo
mejor para el Año venidero. Pero no lo hacen como el común de los
mortales, no, esos que te mandan sofisticadas felicitaciones a través
de Internet. Con vídeos de colorines y música rebonita. Y es que
Antonio y Alberto son de los que gustan mandarte una postal y... ¡por
Correos! Sí, he dicho bien, que las meten dentro de un sobre, les ponen
su sello reglamentario de Navidad y las echan al buzón. Y te las trae a casa
la cartera. Como veis, románticos perdidos, gente de otra época, pero
con el buen gusto de siempre.
Antonio es el párroco de Santa Eulalia y lleva la intemerata mandándome
su felicitación. Pero no una cualquiera, comprada en el mercadillo, no,
hijo, no. Que las edita él mismo, en forma de tríptico, con un porrrón de
villancicos y cánticos navideños de propia cosecha. Antonio, cura
atípico donde los haya, es Antonio Bellido Almeida, canónigo de la
Concatedral emeritense de Santa María, profesor, poeta y no sé cuántas
cosas más.
Y Alberto es un tipo fino y espigado que me manda una de la Cruz Roja,
pero personalizada, donde en una de sus caras podemos ver los caretos
del menda, la patronal y su chiquinina del alma, como si lafoto fuera hecha en el fotomatón. Muy bueno lo vuestro. Y Alberto es Alberto
Jesús Benegas García, árbitro distinguido del balonmano extremeño, uno
muy sonriente que, en unión de su compadre Juanjo, cuando pitan por
esos campos de España, no se casan con nadie. Que no hay quién les tosa
si alguno quiere ponerse el Reglamento por montera. Y que les dan la
papela roja a la puta calle si es menester; siempre con la sonrisa en
los labios. Marca de la casa, faltaría plus.
Antonio y Alberto, Alberto y Antonio. Gracias por vuestro detalle.