Hoy, 4 de diciembre, es el día de Santa Bárbara, patrona de los artilleros, armeros, fundidores, mineros y pirotécnicos, así como la protectora celestial contra las tormentas y el rayo, el fuego y la muerte repentina.
Y me he acordado de Santa Bárbara, no como otros, que se acuerdan sólo
cuando truena. Y me he acordado de la virginal doncella porque tenía
que celebrar algo, pero no me acuerdo, valga la contradicción. Que yo
no soy de esos aburridos que sólo celebran el santo y el cumple, cuando
lo celebran. Que dice la gente que, en tiempo de restricciones, como
los que vivimos, hay que recortar gastos. Nada de alegrías, sabiendo
cómo están los precios de los tomates y de las hipotecas. Por las
nubes. Donde moran Santa Bárbara y compañeros mártires, por cierto.
Cuando
tantas cosas tenemos que celebrar y no lo hacemos, que vamos como locos
por la vida. Por ejemplo, la llegada del nuevo día y el ocaso del que
se va, la salud, la amistad y el buen rollo, el trabajo, el amor, los
hijos y los nietos, el ejemplo de nuestros mayores, el canto diario de
los pájaros, la Naturaleza que nos rodea, el agua cantarina de las
fuentes, la ciudad donde vivimos y nos acoge, los adelantos técnicos
que nos hacen grata la vida, como Internet... Hay tropecientos motivos
más, seguid vosotros...
Así que, sin más dilaciones, he tirado por
la calle de en medio y lo celebro porque sí, porque me da la real gana.
Así que he abierto una botella de Viña Telena, un tinto crianza 2001, uva tempranillo, un riberadelguadiana
de las acreditadas Bodegas Exagravin, C. B., de la conocida saga
santeño-pacense de los Morenas --don Julián y su hija Marga--, sita en
el término municipal de Badajoz, en el kilómetro 8,4 de la carretera de
Olivenza, pasada la finca La Adelantada. Y las dos copichuelas que me
he metido entre pecho y espalda estaban bárbaras.