¡Qué casualidad! Ahora que en Badajoz están cerrando salas de cine, que
el personal se agencia y ve las pelis de mil y una maneras, mucho más
baratas, resulta que en la ciudad ocurren sucesos como de película, y
de las caras. Donde la realidad supera a la ficción, que diría mi
asesor cinematográfico, un tal José María Ródenas, marqués de Welles. Y el penúltimo caso
ha sido la fuga de un preso preventivo de la cárcel de Badajoz, que,
como todo el mundo sabe, está en la carretera de Olivenza, junto al
Corazón de Jesús. Y no se llama cárcel, presidio o penal, no, hijo, no,
que ponen en los carteles la cursilada de "Centro Penitenciario".
A
lo que iba, que va un joven presidiario, mejor dicho, un "interno", y
se ha largado con viento fresco, utilizando sábanas y trapos anudados.
El truco carcelario más viejo del mundo mundial. Y como de las ocho garitas del muro exterior
sólo había centinelas en cuatro, pues que se ha ido por donde no había
vigilancia. Claro que la alegría le ha durado sólo unas horas, que lo
han cogido en el domicilio de unos familiares. Lo que pasa siempre en casa del
pobre, que las alegrías duran poco, qué poco, poquísimo.
El caso es
que el preso de marras ha hecho lo que siempre está en la mente de
todos los presos del mundo, irse sin pedir permiso, si es que pueden y
se lo ponen a huevo. Y es que es muy duro vivir entre cuatro paredes,
que da claustrofobia y nunca te pones moreno, siempre viendo los mismos
caretos de guardias y demás colegas, sin poder salir de paseo el finde
e irse de copas y después a los multicines de Conquistadores con la
novia o el maromo, bien agarraditos de la mano. Una putada, vamos.
Pues
habrá que dar un toque a la Reina Gobernadora de Extremadura, la
excelentísima Carmen Pereira, que la trena de Badajoz parece un
coladero. Y como se enteren por esos andurriales, va a haber bofetadas
en todas las cárceles de España para que sus presos pidan el traslado a
la de Badajoz. Y, si no, al tiempo.