Hoy he pasado por la céntrica plaza de Santo Domingo y a punto ha
estado de que se me cayeran los palos del sombrajo. Resulta que la
fachada de la iglesia de esta plazuela, la de la señorial espadaña,
está de pena, agrietada, con el rosetón central y la hornacina con la
efigie del santo titular, cuarteados. Tal como si un microterremoto la
hubiera sacudido. Y está apuntalada, para que no se venga abajo. Con la
entrada habilitada en el lateral de la calle Gómez de Solís. La que
fuera iglesia del antiquísimo convento de la Orden de dominicos,
erigido a mediados del siglo XVI a expensas de los Duques de Badajoz,
Don Gómez Hernández de Solís y su
esposa, Doña Catalina de Silva, cuyos escudos lucen en la fachada.
Donde, a su fundación en 1556, acudió como padre guardián Fray Luis de
Granada, que aquí escribió su famosa Guía de pecadores.
BUEN CIELO Y BUEN CLIMA
Y cuentan los cronicones que “el Padre Fray Luis decía que
Badajoz tenía buen cielo y clima, pues en esta ciudad havía escrito el libro de
Guía de Pecadores, libro de los de mayor importancia que tiene la Religión
Catholica, y a quien se debe más conversiones de pecadores, que por ventura a
otro ninguno de quantos hay escritos”.
De esas palabras nacería el dicho “Badajoz, tierra de Dios”,
recogido por Rodríguez Moñino, que anotaría después otro más enjundioso:
“Badajoz, tierra de Dios, échase uno y amanecen dos; y si tarda en amanecer,
tres”.