Hoy, 31-O, por fin se hizo justicia. En un día repleto de emociones y
sentimientos encontrados, las radios, las televisiones y los diarios on line
de España han retransmitido en vivo y en directo la sentencia del 11-M.
Imposible sustraerse. Por fin, la Justicia española, en tiempo récord,
ha puesto en su sitio a los responsables, autores y colaboradores
necesarios de los bárbaros atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid,
los más crueles en la historia de Europa. Por fin, las familias
españolas y de otros lugares del mundo que perdieron a algunos de sus
miembros más queridos --192 en total--, han recibido una satisfacción moral. Con lo que
la paz debe volver a sus espíritus, aunque sus vidas estén marcadas
para siempre. Lo mismo que los 1.856 heridos de toda consideración,
algunos con terribles secuelas, junto con sus familias.
En esta hora
en que España vuelve a ser una piña --este pueblo sabe resurgir de sus
cenizas en las desgracias--, hay que agradecer a las Fuerzas y Cuerpos
de Seguridad del Estado su trabajo, a pesar de las descoordinaciones que se
dieron. A la Justicia, con mayúscula, porque ha sabido estar a la
altura de las circunstancias desde el proceso instructor hasta la
lectura de la sentencia. Y a todos los medios de comunicación, a pesar
de que muchos españolitos no estuvieran de acuerdo con sus teorías.
Todos contribuyeron, a su manera, a esclarecer pistas y pruebas, a
buscar signos contradictorios, que para eso están. No olvidemos que
vivimos en un país democrático, la prensa es un contrapoder necesario
en la vida moderna, tanto para informarnos como para asentar criterios.
Y libre, que a nadie se nos ha obligado a escoger este o aquel medio, a
darle a ese o aquel botón de la tele.
Y vaya mi desprecio a aquellos políticos miserables de todos los signos que
quisieron arrimar el ascua a su sardina, intentando vender imagen o
conseguir réditos políticos de un atentado que tanto hirió nuestras
sensibilidades.
Hoy, 31-O, por fin se hizo justicia.