La estrechísima calle Prim, la que ahogaba la prolongación de la Calle
Mayor de Badajoz --hoy, avenida de Juan Carlos I-- hasta la plaza de
Reyes Católicos y la mismísima Puerta de Palmas, está a punto de
desdoblarse. Operarios y máquinas están ultimando la puesta a punto de
esta calle histórica, que contará muy pronto con otro carril, además de
una amplia zona de aparcamientos en línea. Y mirando los movimientos de
los operarios y la zona de nuevas edificaciones, mi memoria se
transportó décadas atrás, cuando la calle era un hervidero de tiendas y
gentes humildes afanándose por sacar adelante sus vidas y sus familias.
Y me acordé de la vieja casa de la familia Caballero, de las Imprentas
Campini y Jiménez, de la churrería de Antonio Nevado, de la carbonería, de la
casa del practicante Antonio Montes Caraballo y, ¡cómo no!, de la
tienda de ultramarinos y coloniales Los Monteros, ubicada en el 5 de
dicha calle. Tienda que abrieron mis queridos padres, Jacinto y Sima,
ya fallecidos, y donde el abajo firmante ejerció durante sus época de adolescente
el viejo oficio de tendero. En la bendita hora, porque mis padres, al
ver el calamitoso resultado que daba despachando la fruta y los
comestibles a las parroquianas, decidieron, para evitar la ruina familiar, quitarme de
enmedio y mandarme a estudiar Magisterio. Como se decía por aquel entonces: "El que no vale para trabajar, ¡hale, a estudiar!". Comercio o Magisterio, que era lo que había en Badajoz a finales de la década de los 50 del pasado siglo.
Lo dicho, Badajoz se moderniza y el turno le ha llegado, con un montón de años de retraso, a la vetusta calle del Excelentísimo Juan Prim y Prats, General, Parlamentario y Político, Marqués de Castillejos, por más señas.