Aldebarán, el gusto por la ternera y los vinos que hablan (I)
Tradicionalmente,
estas tierras han ofrecido excelentes materias primas que llevar a la
mesa, especialmente en lo que se refiere a carnes. Y la ternera de
Extremadura no ha sido una excepción. En las variadas razas autóctonas
que aquí pastan y se comercializan, como la
Retinta, la Avileña negra-ibérica, la Morucha, la Blanca Cacereña y las
Berrendas, además de sus cruces con otras razas españolas y autóctonas.
Y,
por supuesto, en modernas explotaciones, con las técnicas y usos de
aprovechamiento de los recursos naturales en régimen extensivo. Con un
componente más de calidad: la alimentación de nuestros terneros,
novillos y añojos está basada en los pastos de la dehesa y otros pastos
autóctonos del ecosistema extremeño. No es de extrañar, pues, que, dada
su importancia en la economía regional, desde 1992 funcione el Consejo
regulador de la Indicación Geográfica Protegida (IGP) "Ternera de
Extremadura", como sello distintivo de origen y calidad. Y viene este breve exordio a cuento porque los barandas del Observatorio Turístico de Badajoz,
grupo promovido por ITAE, la Escuela de Negocios de Extremadura, donde
están integrados la flor y nata de los grandes restaurantes y hoteles
de la ciudad, asociaciones empresariales y de servicios turísticos,
Centros de congresos, recreo y ocio, Instituciones feriales, etc.,
siguen erre que erre con la campaña Badajoz: Año Gastronómico 2007-2008, con sus peculiares Quincenas culinarias, al objeto de poner en valor la gastronomía pacense como un referente más de nuestra ciudad de cara al turismo.
CENA-DEGUSTACIÓN DE TERNERA Y
el pasado 24 organizaron una cena-degustación dedicada a la ternera de
Extremadura. Y en un sitio de postín, el restaurante Aldebarán, de
Badajoz. Uno de los más importantes de la Región, santo y seña del buen
yantar, del buen beber y... ¡del buen fumar! Predio ubicado en el
Centro comercial Las Terrazas, en la Urbanización Guadiana, y regido
con sabiduría y don de gentes desde 1991 por tres mosqueteros de
nuestros fogones, como son Nicasio Durán, el maitre, Fernando Bárcena,
el jefe de cocina, y Juan Miguel Pavo, el relaciones públicas. Y
en una noche tranquila, fresca y luminosa, realmente magnífica, allí
que nos dimos cita 84 comensales, que se dice pronto. Y, al llegar, la
primera gran sorpresa de la noche: no vimos ninguna alfombra roja a la
entrada, como tampoco a edecanes y lacayos, ataviados con libreas, para
recibirnos. Algo pasa aquí esta noche --me dije--, que en Aldebarán
están muy acostumbrados a recibir y dar de comer a comensales de
alcurnia, como Reyes, príncipes, jefes de Gobierno y de Estado,
marqueses, vizcondes, presidentes de la Junta y generales de muchas
estrellas, presidentes de altos consejos de administración y
empresarios con pasta para caer malo, ministros, consejeros y gente VIP
a discreción. Cuando pasan por Badajoz, claro. Así que esta noche no
tocaba, por lo visto. Y mira que vi hermosas damas y bellas damiselas,
luciendo modelitos a la última, lo mismo que a caballeros bien puestos
con ternos impecables y corbatas de ejecutivos de catálogo de las
caras. Destacando los empresarios del sector, cocineros y restauradores
cinco estrellas, por lo menos, profesionales liberales, medios de
comunicación, profesores de ITAE, amantes de la buena mesa y clientes
habituales de la Casa. Con un comensal fuera de lo común: José Luis
Navarro, consejero de Industria. Y todos, martín, martín, con la pasta
por delante. Después
de subir a pie enjuto las escaleras de un edificio que se me antoja
señorial, decorado con buen gusto, siempre al estilo clásico, el
personal que se repartió en dos grandes salones, donde estuvimos
divinamente atendidos. Y, fijándome bien, allí observamos muchos
caretos nuevos. Gente forastera que no habíamos visto en lances
gastronómicos anteriores.
COMIENZA LA FUNCIÓN Con
que empieza la función y es el cántabro-extremeño Fernando Bárcena, uno
que trabajó con Carlos Arguiñano y Juan Mari Arzak en sus años mozos,
el que dio la bienvenida a la concurrencia, mostrándose encantado de
haberse conocido por la amplia respuesta a la cena-degustación de la
ternera en sus dominios. Y, sin más dilaciones, que le repasa el micro
a un personaje prácticamente desconocido por estos lares y que se
erigió en uno de los protagonistas de la noche. Se trataba de José
Civantos Mayo, empresario trujillano de postín y, desde hace siete
años, exactamente, uno de los socios propietarios de un nuevo emporio
bodeguero en Extremadura: Bodegas y Viñedos de Trujillo. Ubicadas por los pagos de La Torrecilla, cerca de Trujillo, justo en el kilómetro 259 de la Nacional-V. Y,
la segunda sorpresa de la noche, que el tal Civantos se puso a
desgranar, en tono pausado y profesoral, tirando de una "chuleta", las
líneas maestras de su proyecto, con decenas de datos que nos dejaron
apabullados. De un vino, objetivo final de sus cuitas, que la semana
que viene sale al mercado. De una empresa cuyas premisas son "la
sencillez y el equilibrio". De una tarea donde son indispensables "una
buena materia prima, unas buenas instalaciones y unos buenos
profesionales". Presentando a continuación a su gente de confianza:
Gonzalo Iturriaga, el director técnico de la Bodega, Santiago García,
responsable de Administración, y a dos mozas de buen ver, sin citar sus
nombres, una como bodeguera y otra como responsable del laboratorio. Y
citó a su otro socio, Juan Tirado, promotor inmobiliario, ganadero y,
desde el año 2000, copartícipe en el ambicioso proyecto de Trujillo,
quien no pudo asistir. Y,
sin ningún complejo --"lo que no sabemos lo preguntamos"--, el marqués
de Civantos dijo que "tenemos una viña 10, lleva cuatro años, aunque
nos falta la quinta campaña". Y se vanaglorió de tener unas uvas
excelentes. Y habló y no paró de una ristra de asesores vitivinícolas
internacionales, de lo mejorcito del mundo mundial. Con lo que pregonó
a los cuatro vientos que "sus viñas son también excelentes". Plantadas
en una "zona nueva, única" Y
en cuanto a las variedades dijo que "plantamos en principio doce
variedades, quedándonos, finalmente, con cinco". Bajo el sistema de "la
agricultura ecológica", empleando "64 parcelas de 3-4 hectáreas cada
una". El
constante uso como latiguillo de la expresión "¿De acuerdo?" daba la
sensación de estar en una clase de una facultad de Estudios Enológicos
o, más bien, en un Consejo de administración de una gran Empresa
vitivinícola. Como la que, con tal lujerío de detalles, nos estaba
describiendo nuestro ínclito y excelentísimo --por el uso continuo del
calificativo "excelente"-- José Civantos Mayo.
EXCELENCIA También tuvo tiempo de contarnos cosas sobre el uso intensivo de la fotografía aérea en sus viñedos, a efectos de planimetría. Otrosí, el caso de un catedrático californiano contratado al efecto, "experto en medir la temperatura de la savia". Otrosí, el de
otro español, famoso por sus estudios de viticultura, un tal Vicente
Ferreira. Y, claro es, de las más de 40 personas que trabajan allí todo
el año. Y,
al tocarle el turno a la Bodega, el tal Civantos, erre que erre:
"Tenemos una Bodega excelente". Obra del arquitecto David Jiménez, "una
maravilla". Edificio que en el año 2006 recibió el Premio "Arquitectura
de Extremadura 2000-2005", concedido por el Colegio de Arquitectos. ¿Y
de los depósitos? Tajante: "Lo mejor que hay en el
mercado". ¿Y las barricas?: "De roble francés, y de los mejores".
¿Tecnología? Clarísimo: "A la última". La
gente estaba impacientándose, que la gazuza es mala, ante la
improvisada clase, un tanto excesiva, de nuestro ponente de esa noche.
Pero, ¡quiá!, mi Civantos, inasequible al desaliento, volvió por do
solía: "Y, claro, el vino que sacamos al final, excelente". Y lo
calificaría como nadie: "Fiel reflejo de lo que es un vino moderno, con
color, muy aromático, elegante, sabroso...". Para agotar todos los
adjetivos que dan categoría, colegas. Y es que, por lo que le oigo, han
querido salirse del molde, de lo trillado, de lo convencional: "Y es
que comemos y bebemos siempre lo mismo", dice el de siempre a modo de
explicación. En
cuanto a la marca y a la imagen, tras cinco años de trabajo, han
buscado algo único, novedoso, irrepetible. "Al igual que el Arte, la
Naturaleza también produce obras únicas". El excelentísimo Civantos dixit. Y la marca es, damas y caballeros, mozuelos y seniors, Habla.
Sí, habéis leido bien, la 3ª persona del singular del presente de
indicativo del verbo hablar. Con un detallito de importancia: "Al que
se le agrega un número: 1, 2, 3..., y salen Habla 1, con uva cabernet sauvignon, Habla 2, tempranillo, y Habla 3, shyrah". Y para enmarcar: "Y es que el vino habla". Y, todos, con la calificación de vinodelatierradeextremadura,
sin D. O. Ribera del Guadiana que valga. "Que queremos tener libertad
en la crianza de nuestros vinos, no estar sometidos a reglas", va y te
dice con seguridad el profe y dueño del cortijo. Y con ésto llegamos a
la media hora de clase, ¿será posible?. Pero ahí no quedó la cosa, que "para el 2008 está previsto sacar el Habla 4 y el Habla 5,
y para el 2009, el 6, el 7 y el 8". Estos son los resultados de "siete
años de proyecto y trabajando, cometiendo muchos errores y calladitos",
dijo con sinceridad apabullante José I de Trujillo. ¿Toda
la producción a la venta? "No, señor, que exportaremos el 70 % y
venderemos el 30 % en España". ¿Está claro? Y aviso a los que miran con
lupa: "No vamos a aumentar la producción, la calidad, sí".
A PUNTO DEL DESMAYO ¿Y
los precios? Y Civantos, mi empresario trujillano favorito, que se
salió por la tangente con lo del IPC y demás pamplinas. Pero, al final,
me confirmó personalmente que serían sobre los 50 machacantes en
hoteles y restaurantes y 40 en las tiendas. O séase, un vino de lujo,
con precio asequible sólo para las élites y gente guapa. "Con ediciones
limitadas, distribución selectiva y mercado exclusivo", aclaró el
catedrático. Y hablando de dineros invertidos en el proyecto de Bodegas y Viñedos de Trujillo,
se lo guardó, claro. Eso sí, la cantidad que corrió de boca en boca era
de... ¡cinco mil millones de pesetas! A ver, ayuda: ¿alguien sabe
contar esta pasta gansa?
Y, llegados a este punto, rendidito y a punto del desmayo, no pude por
menos que entregar la cuchara. Don José, usted gana por goleada. Me ha
convencido de tanta excelencia. Lo suyo es para quitarse el sombrero.
Por lo que me rindo a sus pies con armas y bagajes. Me empadrono en
Trujillo si hiciera falta. Lo suyo es para que le den los títulos de
Bodeguero Mayor del Reino, Empresario del Año de Extremadura,
Trujillano del Siglo XXI y no sé cuántos honores más.
Ahora bien, tengo que darle un toque, mi admirado Civantos. Y es que no
se entiende bien en un paraíso como el suyo, donde reina la Excelencia,
nos dé un discurso chapado a la antigua, impropio del siglo XXI, donde
nos encontramos. El profe habla y enseña --en su caso, con "chuleta"--,
y los alumnos escuchan y aprenden. Eso es más antiguo que el café
migao. Con la cantidad de medios que nos ofrecen hoy las tecnologías de
la información, hay que utilizar otra metodología y otras herramientas.
Hágame caso, Civantos de mis entretelas, si queremos vender la etiqueta
de "excelente" lo tenemos que hacer siempre, en todas nuestras
actuaciones, en todo momento y en todo lugar.
CATA DE VINOS ¡Y
cuándo se cena aquí!, se pasaban recados unos a otros los hambrientos
comensales del Aldebarán, desesperaditos, que a muchos les sonaban las
tripas. Pero la cosa, señoras y señores, no había terminado aún. Que le
quedaba el turno al enólogo y director técnico de la Bodega, un tal
Gonzalo Iturriaga, que nos inició en la cata de sus lujosos vinos. Y
durante veinte minutos a reloj corrido, el experto de marras que nos
dio un baño sobre vinos, variedades, colores, aromas, sabores en boca,
sistemas de crianza de sus vinos, en barrica, en botella y la biblia en
pasta. Y lo bueno de la segunda parte de la parte contratante es que
comenzaron a escanciar los vinos, y por este orden:
1º Habla 2, uva tempranillo, añada 2005 - 2º Habla 3, uva shyrah, añada 2005 - 3º Habla 1, uva cabernet sauvignon, añada 2005 - 4º Habla 2 (repetición)
Y comenzar a probarlos y aquello fue el acabóse, el no va más. Y los
adjetivos de admiración se sucedieron: "Extraordinario", "Excelente"
(¿os suena?), "Magnífico", "Muy agradable", "Elegante", "De largo
recorrido", etc., etc. Paco Moreno, el propietario e ingeniero agrónomo
de Vinícola del Guadiana, de Almendralejo, mi asesor vinatero esa
noche, dijo la frase cabal, con la autoridad que le confieren sus
muchos años de experiencia: "¿Los vinos?, muy interesantes".
Y la gente, que ya no se acordaba de la lección magistral del tal
Civantos, que se puso tupía de los excelentes vinos de Trujillo, que
fueron servidos con generosidad, todo hay que decirlo. Y en botellas
atractivas, fuera de lo común, que eran de diseños posmodernos. Y sé de
algunos que el Habla estuvo a
punto de hacerles perder el habla. Como que, ya avanzada la noche,
había algunos maromos que trataban de usted a sus parientas respectivas. Y
faltaban un par de minutillos para las once, una hora después de
nuestra llegada, cuando por el portón de la cocina empezaron a salir
los camareros con sus platos humeantes de ternera en ristre, a cual más
exquisito. Y, en medio de un gratísimo ambiente, la movida de la
ternera de Extremadura, la estrella culinaria de la noche, ya no
cesaría en Aldebarán hasta bien entrada la madrugada.
¿Y LA CENA? ¿No vas a hablar de la cena? Pues no, señor, mire usted. Que ya está bien por hoy, colegas, que con tanto Habla
se nos fue el santo al cielo. Eso sí, "hablando", "hablando" y
"hablando". Así que sobre la cena de marras, los platos que allí se
sirvieron, los artistas del fogón que intervinieron y las cosas que
allí pasaron, lo dejamos para una próxima ocasión, si Dios quiere.
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