19 de Octubre, 2007
Hombres trajeados
Qué duda cabe que los hombres trajeados --esa americana impecable, esa
camisa limpísima, esa corbata bien anudada, esos pantalones a
juego...-- despiertan un atractivo muy diferente a si van de
informales, blusas abiertas, pantalones caídos, esas barrigas
cerveceras... En los comercios, en las oficinas de las empresas de
postín y en las grandes superficies --eso lo saben muy bien en El Corte
Inglés-- los dependientes y ejecutivos bien trajeados siempre te
inspiran más confianza que los de otros lugares, que van al estilo me
la cargué. En la calle, salvo en las salidas del trabajo, de las
oficinas y demás locales públicos, cuesta trabajo encontrarte con
alguien que vaya al estilo clásico. Y cuando ves uno, te quedas
mirándolo un buen rato. Como es el caso de un tal Casimiro
Urteaga, Casi para los amigos, uno de los prejubilados más activos del
Reino de Badajoz y parte del extranjero, que va siempre en estado de
revista cuando me lo encuentro por Santa Marina, mi barrio. Y de la
cabeza a los pies. Impecable siempre. Como listo para una visita al Rey
o al Príncipe y la Leti en los Madriles. Un tipo majísimo que no
representa los 63 tacos que tiene, con sus seis hijos y su casi docena de nietos. Y mira que he
intentado por activa, pasiva y perifrástica imitarle, pero no hay
manera, colegas. Mejor dicho, no hay madera. Y es que si no hay
madera..., "lo que la Naturaleza no da, Salamanca no presta", que dice
el sabio aforismo.
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Reabre uno de los kioscos de San Francisco
El pasado lunes abrió de nuevo sus puertas al público el kiosco de
bebidas de San Francisco que otrora llevaron los hermanos Martínez. Que
ha estado cerrado largos meses hasta que ha sido adjudicado a Manolo y
Antonio, dos jóvenes hosteleros pacenses que llevan también, como
socios, la Cafetería Vértice, en la cercana calle de Bartolomé J.
Gallardo.
Pues ya lo sabéis, colegas. Tanto a la ida como a la vuelta, haciendo
una parada para refrescarse y recuperar el resuello en nuestras visitas
y compras en el Casco antiguo y la calle Menacho y alrededores, ya
tenemos listo otro emblemático local hostelero, el kiosco que da a La
Marina y al López de Ayala.
Manolo, Antonio, ahora a superar el listón de los Martínez, que lo pusieron muy alto, por cierto.
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¿Quién teme a José Alzira?
Un amigo me manda, preocupadísimo, el correo adjunto, poniéndome en guardia contra un contacto cuyo correo es josealzira66@hotmail.com,
que es un virus, pero malo, malísimo, que te formatea el ordenador, el
de tus contactos y te quita tus contraseñas hotmail.com. Voy a
reproducir su correo, aunque yo creo que es una alarma más de las
millones que circulan en cadena por la Red. Además, con un buen antivirus en el
ordenata, no hay josealziras que valgan.
Asunto: ¡¡Importantísimo!!
Dile a todos tus contactos que tengas en tu lista que no acepten al contacto josealzira66@hotmail.com. Es un virus que te formatea el ordenador, el de tus contactos y te quita tus contraseñas hotmail.
Si ellos lo aceptan, lo pillarás tú también. Reenvíalo, es urgente.
Pues ya lo sabéis, atentos a un fulano llamado José Alzira. No le dejéis entrar,
es peligroso para vuestra salud informática. Echad la llave y poned
un par de cerrojos digitales. O séase, un antivirus de garantía. Y, si
llama alguien, mirad bien por la mirilla, nada de dejar entrar a
desconocidos. No os vayáis a tragar eso de "Abrid, hijos míos..., que soy un hermanito... de la Caridad"... O que eche la tarjeta de visita por debajo de la puerta, como todo quisque, nos'ha jodío. ¡A ver si os la van a pegar, que muchos os lo creéis todo!
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La plaza del Padre López
Quién
no se acuerda, entre los que ya peinan canas, del famosísimo padre
López en las décadas de los 50
y 60 de la pasada centuria en Badajoz. También conocido como padre de
los Pobres, padre Perra chica
y padre Corre-Corre, por sus campañas de recogida de monedas de valor
ínfimo --5 cts. de peseta de las de entonces-- para favorecer a los más
necesitados de este pueblo.
Inolvidable jesuíta vasco, que, además de contribuir a la creación de
las Escuelas Profesionales Virgen de Guadalupe y de escribir un
Callejero y Guía Histórica de Badajoz en 1964, dejó un gratísimo
recuerdo en esta ciudad, cuyo Ayuntamiento tuvo el acierto de nombrarlo
Hijo adoptivo en 1971. Y de dedicarle una plazuela en la barriada de
Pardaleras, a un tiro de piedra del Instituto de E. S. Bárbara de Braganza y del
MEIAC. Lugar recoleto y encantador, bellamente ajardinado, en uno de
cuyos laterales, el que da a la antigua Casa Hispano-Árabe, se levanta
el busto del cura vasco-pacense, realizado en bronce en 1973 por la
escultora local Rosa Telesforo.
EL "CORRALITO" Y esta mañana, al pasar por allí y
comprobar la serenidad y el encanto del lugar, me he dado cuenta que el
jardincillo que rodea a la estatua, el "corralito", está abandonado a su suerte,
como dejado de la mano de Dios. Donde crecen por todas partes los
matojos y las plantas silvestres, junto a algunas rosas diminutas. Cubil idóneo para ratas y culebras. Como
que parece el huerto del francés, oiga. Está mal que algún gamberro le haya robado las gafas y no aparezcan --que podrían hacerle
otras, digo yo, que lleva mucho tiempo sin ellas--, pero esta dejadez
con el entorno ajardinado de un Hijo adoptivo de Badajoz, como es el padre López,
tiene mandanga. Por lo que he consultado el Tocho de Autoridades de Badajoz y alrededores, última edición, y,
mirando en Parques y Jardines, leo en la página 8.576 que el baranda
verde es el todoterrenal Antonio Ávila Fernández. Y le voy a dar
un toque para que me adecente cuanto antes el "corralito" del padre López, santo y
seña de los más pobres y humildes de Badajoz entre los 50 y 60
del pasado siglo. Un cura de los de antes, de los de sotana, teja y
manteo, nacido en un pueblecito de las Vascongadas --como se decía antes-- en 1899 y muerto en Badajoz en 1971, en cuyo Cementerio
viejo está inhumado. Un cura cuyo nombre completo todavía muchos
pacenses, especialmente jóvenes, desconocen, por lo que se los voy a recordar: Benigno López de Sosoaga y Borinaga.
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Domingo otoñal en San Isidro
Con el tiempo tan benéfico que nos está regalando el otoño pacense, al
llegar los domingos son incontables los pacenses que se largan al campo
campero. Y no me estoy refiriendo a los que tienen parcela, chalés y
cortijos, no, hijo no. Sino a quienes no los tienen, que son la inmensa
mayoría. Y, por eso, son numerosos los que colonizan las riberas del
Guadiana para pasar el día festivo de asueto. Como, de igual manera,
son cientos los que ponen rumbo al parque natural de Tres Arroyos,
vulgo San Isidro. A sólo 5 kilómetros de la ciudad, camino de Corte de
Peleas, siempre en dirección Este. San Isidro es lo que nos queda de
los antiguos bosques adehesados que circundaban la ciudad por el
Oriente. Donde predominan las encinas, el sotobosque y el matorral
mediterráneo. Y, hasta hace no muchas décadas, hábitat de numerosas
especies de caza menor, como el zorro, la gineta, la liebre, el conejo,
la paloma torcaz y la perdiz. Sin olvidarnos de las medianas y pequeñas
rapaces, tanto diurnas como nocturnas. Y hoy día, magníficamente
restaurado y conservado, Tres Arroyos se ha erigido en uno de los
lugares naturales de mayor encanto del extrarradio, pulmón y válvula de
escape para miles de pacenses al cabo del año. Por eso no es de
extrañar que, aprovechando sus rústicas instalaciones, sean miles los
ciudadanos que, al llegar el domingo, se vayan a pasar una jornada
campestre a la vera de la ermita de San Isidro, patrón de los campos de
España. O al otro lado de la carretera, la zona más extensa.
UNA TARDE EN EL PARQUE Y
el pasado domingo que nos fuimos con todo el equipo, lo mismo que
centenares de paisanos, aparcando los coches a la sombra de encinas
centenarias o de mesas y barbacoas rústicas, puestas a disposición del
público. Y a mediodía aquello estaba casi lleno, con grupos familiares
apalancados con sus mesas, sillas y tiendas de campaña, sin que
faltaran las neveritas y las bolsas y recipientes repletos de comida y
bebida. Mientras los niños jugaban a la pelota, a la cuerda y con la
bicicleta y las motocicletas chiquininas, los mayores, por su parte, se
dedicaban a contemplar el bucólico paisaje, echados a la bartola unas
veces o, también, dando largos paseos y carreritas. Y, como es lógico,
estando en plena Naturaleza, también había parejitas que retozaban que
daba gloria sobre las mantas tendidas sobre la hierba. Y a todo ésto,
el "uniforme" campero parecía ser el socorrido chándal, de tantos como
se vieron. Y cuando se acercó la hora de comer surgieron decenas de
barbacoas por doquier, asando las ricas pancetas, las sardinas, las
chuletas y los choricitos domésticos. Con la bolsa de carbón traída de
casa ex profeso, faltaría plus. Y el aire, a aquellas horas, quedó impregnado de los ricos aromas de la pitanza familiar durante un tiempo. Los
perros domésticos, a su aire, disfrutaron tanto o más que sus dueños.
Incluso hubo algunos que se llevaron... ¡al canario! ¡El padre del
canario verde, con su jaula y todo! Y una de las actividades más
comunes fue la recogida de bellotas. Porque, damas y caballeros, las
encinas estaban cuajaditas de ellas. Y los suelos, alfombrados, mejor
dicho, abellotados. Y ejercicio muy sano éste de agacharse y levantarse
mil veces, salvo que quiebre algún jubilata o pensionista del intento.
EL BOLA Y SU PANDA
Afortunadamente, el parque presentaba un aspecto envidiable y sumamente
limpio, daba gusto, comparado con otras épocas. Parece que la gente
está concienciándose. Sin olvidarme del nunca bien ponderado trabajo
del Servicio municipal de Limpieza. Claro que la guardería también hace
lo suyo, que se "abre" a las 8 de la mañana y se "cierra" a las 20
horas. Pero el domingo había gente "pa tó". Como las decenas de
niñatos haciendo exhibiciones en sus motos y karts de baja y alta
cilindrada. Yendo en parejas y sin cascos, para qué. Y había tíos
hechos y derechos que circulaban a toda pastilla sobre motos enanas,
las que compran para sus hijos y sobrinos, tratando de emular a
Pedrosa, Bautista, Lorenzo, Gibernau y otros ases del motociclismo
español. Y alguno no se dio una leche de milagro. Y a la hora del
yantar veo, con sorpresa, que allí encima de la mesa rústica de madera
están el Bola y su panda de amigotes. Pero no se trataba del famosísimo
Juan José Ballesta, el jovencísimo actor de 12 añitos que en el año
2000 se llevó el Goya al actor revelación por su actuación en la
película homónima, no, hija, no. Que se trata de una panda de chicos y
chicas que ha dejado grabados a navaja sus nombres sobre una de las
mesas, destacando, sobre todos los demás, el tal Bola. A quien
"acompañaban" Pedri, Rakel, Manu, Kiko, Mamen, Kati, Rubén, Isra,
Patri, Ote, Tone y muchos más. Y, claro, habían dejado la mesa hecha un
asquito, con mil y un rayones. Anécdotas aparte, la jornada
campestre continuó hasta bien entrada la tarde, rodeados de una
atmósfera de placidez, sosiego y relajación inusual. Lo mejor para el
estrés y la vida ajetreada de la ciudad, sin tener que recurrir al
pastilleo ni visitar al médico para nada. Sin contar con las mil fotos
del encinar que el abajo firmante se trajo del parque, con lo que ya
tiene fondos de escritorio para el ordenata, todos del medio ambiente
extremeño, sin tener que bajárselos de Internet.
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