Esa cara la conozco yo. Fue lo que me dije cuando vi su foto en la portada de Iglesia en Camino,
el semanario de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz, esta semana. Y
claro que la conocía. De los años que ese cura extremeño estuvo de
vicario parroquial en San José, en mi barrio. Y es que la noticia
estaba en que mi amigo y recordado Leonardo Terrazas se iba de
misionero a Perú, concretamente, a Sorochuco, provincia de Celendín, en
la diócesis de Cajamarca. Pueblo que cuenta con unos 4.000 habitantes y
se encuentra emplazado a unos 2.800 metros de altura.
Un curina de
Hornachos, de 44 tacos, uno menos en Canarias, un tipo legal, con cara
de niño bueno, de una espiritualidad desbordante, que en los cinco años
que pasó en Badajoz se llevaba de calle a los jóvenes. Un cura rural,
como párroco o vicario en pueblos como Calera de León, Usagre y Higuera
de Llerena, entre otros. Que recalaría en la parroquia pacense de San
José a finales de la década de los 90.
Pues que, en plena madurez,
ha decidido tirar por la calle del medio y dejar a los suyos, a su
familia, a sus amigos, a sus parroquianos extremeños, a su propia
cultura, en suma, y se ha ido a compartir vida, esperanzas e ilusiones
con los más débiles y los más necesitados de algunas comarcas atrasadas
del Perú. Dejando atrás todas las comodidades y ventajas de vivir en un
país moderno como España. Que él bien sabe que "la mies es mucha y los
operarios, pocos". Siguiendo el consejo de Jesús de Nazaret, el
Maestro, de "id por todo el mundo y proclamad la Buena Noticia a toda
criatura", el Evangelio. Proclamación que va unida, indisolublemente,
al trabajo sin desmayo en los muchos proyectos sociales que la Iglesia
emeritense-pacense tiene en esas tierras, en los campos de la
educación, el trabajo y la promoción social.
Y, por eso, a finales
de septiembre, en el curso de una sencilla y emocionante ceremonia
celebrada en la Catedral de Badajoz, el cura Leonardo, rodeado de
muchos de los suyos, entre compañeros, amigos y familiares, recibía del
arzobispo, Santiago García Aracil, el espaldarazo evangélico y la cruz de
misionero, fundiéndose en un fraternal abrazo. Al que nos unimos desde
aquí el abajo firmante y la patronal, deseándole que su trabajo con los
desheredados del Perú fructifique.
Leonardo, otro loco a lo divino. Que Dios te bendiga.