8 de Octubre, 2007
Escenas de mercadillo, el domingo en Suerte de Saavedra
Con tiempo espléndido, incluso algo fresquito, medio Badajoz, parte de
la comarca colindante y del Portugal rayano se dieron cita en el
mercata dominguero de Suerte de Saavedra, el pasado día 7. Yo no sé si fue récord para
entrar en el Guinness, pero
en mi vida he visto tal muchedumbre, congestionando la amplísima
avenida de Antonio Hernández Gil y alrededores. A mediodía, aquello
estaba de bote en bote y no cabía un alfiler. A reventar. Y los tenderos, con la
sonrisa de oreja a oreja, frotándose las manos y haciendo caja como
nunca recordaban los más viejos del lugar. Muchísima gente joven,
incontables parejas dándose magreos y arrumacos sin cuento,
aprovechando los achuchones de los dos pasillos humanos. Y decenas de
jovencísimas gitanas, con esos cuerpazos que Dios les ha dado,
luciendo, marca de la casa, joyas y aderezos en oro macizo, como
joyeros andantes, para pasmo de la concurrencia. Y los tenderos,
enseñando en sitio bien visible sus correspondientes licencias, de
color amarillo. Se ve que después del puñetazo en la mesa que dio en
agosto el vicealcalde, José Antonio Monago, aprovechando que el sillón
de su jefe estaba vacío, los del mercata se han tomado en serio las
Ordenanzas municipales sobre la venta callejera, que los mercadillos
del martes y del domingo se estaban convirtiendo en nidos de pícaros y ganapanes.
LOS CABALES Y como estamos en la posmodernidad, donde la técnica
ha sentado sus reales, ya es posible ver escenas como la que describo:
una señora haciendo una foto de unas zapatillas deportivas por el
móvil, para mandársela, vía SMS, a uno de sus hijos, que contestaría
por el mismo conducto si eran o no de su gusto. ¡Esto es modernidad de
la buena, sí, señor! Menos mal que los sones de un cercano pasodoble
de música española me devolvieron a la realidad de un mercadillo
eminentemente popular como éste, con decenas de puestos y tenderetes
dedicados, fundamentalmente, al género textil, los zapatos y los
complementos; sin olvidarme de los puestos de frutas y hortalizas,
recién traídas de las feraces vegas del Guadiana. Y la canciones que
resonaban, a un millón de watios, eran del grupo extremeño Los Cabales,
de Villanueva de la Serena, pertenecientes al disco titulado "La
llamada de mi tierra". Y el rato que las escuché en el puesto de
discos me quedé como traspuesto, embobado,
oyendo miles de cosas rebonitas de Extremadura, de sus tierras y de su
gente, especialmente de sus mujeres, las más guapas de España, faltaría
plus.
PETRA, LA DE LAS FANTAS Y, tras subirme cuarto y mitad el nivel de autoestima
patria, que veo como por todas partes viene gente con unos ramos de
flores artificiales entre las manos. Ellas y ellos. Como si las
estuvieran regalando o vendiendo a precios tirados. Consistían en unas
varillas, a las que venían pegadas unas bolitas multicolores, en papel
seda. Y parecían que eran lo último de lo último, de tantas como se
vieron. Pero a tres machacantes la media docena, oiga. De barato, nada,
monada. Y, después de cruzarnos con ciento y la madre elevado al
cubo, menos mal, el ángel de la guarda. Mejor dicho, la ángela, que era
del sexo femenino. La popularísima Petra Larios, la de las fantas, la
del carrito con refrescos y bebidas por un tubo. La que lleva al
cuello, como rico tesoro, un camafeo con las fotos de sus dos hijos
mozos, fallecidos en trágicas circunstancias no hace muchos años. Una
dama pacense que se gana la vida haciendo más kilómetros con su
carricoche que los F-1 del Alonso y el Hamilton juntos. Una señora
respetada y respetable, y del Cerro de Reyes, por más señas. Una que te
dice cuando nos cruzamos, después del "hola" y el "adiós": --Sí, ya he visto que me sacáis en "Antarnet".
NO TE BEBAS LA CAMISETA A
punto de morir en el intento ante tanta barahúnda humana, decido
retirarme con todo el equipo, sin terminar el recorrido. Imposible,
colegas. Pero me quedo alucinado cuando me cruzo con un tipo, modelo
armario, con una camiseta negra, donde pone:
No te bebas esta camiseta...
¿Beberse una camiseta? Con que miro para atrás, no fuera a ser un fulano escapado del manicomio, y leo en la espalda:
No es de Carslberg..., es 100% algodón.
Como para tirar de la cadena. ¿O no?
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12 outubro, aberto
El próximo 12 de octubre, fiesta nacional de España y día no laborable,
sin embargo, el Badajoz comercial abre sus puertas de par en par. Y
serán miles los vecinos portugueses y los paisanos de la comarca y
provincia pacense que, aprovechando que el Guadiana pasa por Badajoz,
nos visiten para hacer sus compras, tanto en los grandes y medianos
almacenes como en los comercios y tiendas más modestos. Además de echar el día, comer, llenar los depósitos de gasolina y algunas cosas más. Que, al rebufo
de los grandes del comercio, son infinidad los kioscos y los locales y tiendas menores en
Badajoz que hacen su "día del Pilar" como si fuera Navidad. Y tutti contenti. Por
eso no es de extrañar que en El Corte Inglés y otros grandes almacenes pacenses,
haya letreros, donde, bien visibles, se lee en el cadencioso idioma de
Camoens y Saramago este aviso: 12 outubro, aberto.
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Los Mayores, al escenario
Pues sí, damas y caballeros. Después de arrancar el curso, con los
chiquininos ya colocados en el cole, los mozuelos en el Instituto y los
jóvenes y las jóvenas, en la Universidad, ahora les llega el turno a
los Mayores. Esa cursilada que se han inventado los pijopedagogos para
nombrar a los viejinos, a los abueletes, a los jubilatas y
pensionistas, a los de la Tercera, Cuarta y Quinta Edades.
Que hay un bando de un tal Florentino Blázquez, superintendente de la
UMEX, que mañana, martes, todos los carrozas y retablos de este pueblo
que se hayan apuntado o continúen del curso pasado, mayores de 55 tacos
--muchos, de buen ver todavía y con ganas de dar guerra y seguir
aprendiendo--, tienen que estar dispuestos y en estado de revista en el
campus de la Universidad, que va a ser el acto de apertura.
Concretamente, en el salón de actos de la Facultad de Educación y a las
5 de la tarde, hora taurina por antonomasia. Y que después de la
recepción, cada mochuelo a su olivo, que comienzan las clases sin
perder un minuto más. Con el personal --adscrito a cualquiera de los
cinco cursos reglamentarios-- repartidos por las diversas aulas de la
Facultad pacense.
Lo dicho, los Mayores, al escenario. Es su turno.
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Desde Barcelona, con amistad
Hola, Pedro:
Como ya te he dicho, tu foro me sirve para asomarme a mi balcón y, desde Barcelona, ver ese Badajoz que llevo en las neuronas. Tus letras, a veces cachondas, a veces serias, depende de las circunstancias y de los hechos, invitan a la lectura al más vago de los lectores, se podría decir que eres la ostia, lo mismo te subes al andamio de las grandes cosas, para criticar o ensalzar, dependiendo de tu apreciación, que te sientas a pie de calle a contar las cosas cotidianas que a todos nos pasan desapercibidas, hasta que leemos tus comentarios.
Sería una injusticia que no salga por ahí algún político y te dé el mérito que te ganas a pulso día a día, algo así como un reconocimiento oficial por la labor que desarrollas en tu foro, y para más adelante, espero que muy adelante, una calle con tu nombre, de esas que tú a menudo desnudas con tus sabrosos comentarios.
Los que estamos fuera valoramos tu labor desde la satisfacción que nos reporta saber de aquellas cosas, hoy tan lejanas para nosotros pero adjuntas a nuestra identidad, como el imán al hierro. Los que tienen la fortuna de vivir a tu lado, desde el reconocimiento a una labor tan meritoria para un Badajoz con ansias por sacar la cabeza del escondite donde otros lo metieron, y, peor aún, ignoraron.
Es de bien nacido ser agradecido con los servicios que le prestas a la ciudadanía de ese Badajoz que queremos los dos.
Un amigo,
Ramón Díez Piri san.ra@hotmail.com
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Atalayina ha vuelto
El
pasado sábado, día de rastrillo en el Casco Antiguo, muchos pacenses
aprovechamos la ocasión para largarnos al Centro histórico de la
ciudad. Unos, para rastrear en los puestos de libros viejos y
antigüedades, otros, para ver los artículos expuestos de las artesanías
más diversas, y los más, para visitar los "sagrarios" gastronómicos en
las horas del aperitivo y la comida. Y el abajo firmante, además de
apuntarse a todo, para ver si había vuelto Atalayina. Día
espléndido, temperatura ideal y poca gente al principio. Y fue a partir
de las 12 cuando la calle de San Juan y la plaza Alta comenzaron a
animarse. Hasta bien pasadas las dos de la tarde, que la gente no
dejaba de rebuscar por aquí, por allá y por acullá, pero no se rascaba
el bolsillo, las cosas como son. Mucho pasear y ver, que dicen los
médicos que andar es bueno para la salud. Total,
que a mediodía la gente fue arremolinándose junto al puesto de la
AECAB, que invitaban a unos vasos de pepsi-cola. Hasta que se agotó,
claro. Que lo que es de balde, de gañote, tiene mucha aceptación en
este pueblo. Con tiempo para echar una firma en la papela que te ponían
por delante los de la Plataforma para la Recuperación del Casco
Antiguo, integrada por las Asociaciones de comerciantes de la calle
Menacho y del Casco Antiguo, la de Amigos de los Castillos, el Centro
de Iniciativas Turísticas de Badajoz y la Asociación de Vecinos del
barrio histórico.
ATALAYINA Y
después de firmar y saludar a algunos barandas de la Plataforma --Juan
Pedro Plaza, Emilio Doncel, Jacinto Mendoza, Antonio García Salas, Juan
Antonio Espejo, etc.-- , que seguimos nuestro camino ascendente. Y al
entrar en la plaza Alta, que allí estaba ella. ¿Ella?
¿Pero quién era ella, si puede saberse? ¿Bebe, la paisana, cantante y
actriz de éxito? ¡Qué va! ¿La institutriz de Cultura de este pueblo, la
señá Consuelo? No, hija, no. ¿La reina gobernadora, la delegada del
Gobierno, una madama de cinco estrellas, la Carmen Pereira? ¡Que no das
una, chaval! ¿Entonces cuála?
¡Pues quién va a ser, si no! Atalayina, la cigüeña titular de la Torre
de Espantaperros. También llamada de La Atalaya, de ahí el nombre que
le he puesto y que le viene ni qué pintado. Y es que la pasada
semana, con tanto follón a sus plantas por lo del mercado persa de
Al-Mossassa, resulta que se había largado a otros andurriales a pasar
el finde, creo que la vieron por Cerro Gordo. Y ahora ha vuelto por do
solía, a su nido de la torre albarrana más famosa de la histórica
Batalyaws. Y allí estaba, tan pimpante, nuestra ciconia blanca y negra,
como recién fichada por el Club Deportivo Badajoz. La cigüeña de más
tronío de Badajoz y alrededores, la que nos mira a los demás por encima
del pico. Y el concejalense de Turismo, un tal López, de nombre Germán,
uno que va echando leches en una moto de muchos cilindrines, siempre
deprisa, deprisa, que se está perdiendo una ocasión turística de oro.
La de poner a Atalayina como mascota turística de Badajoz. Y
enseñársela a los chiquininos y mozalbetes de este pueblo, para que la
conozcan y escriban y pinten sobre ella. Y vender muchos souvenirs
con su figura a los turistas y forasteros que nos visiten. Y hacer
concursos literarios y fotográficos titulados "Badajoz, a vista de
cigüeña". Y un documental para presentarlo a los Goya y a los Oscar. Y
una obra de teatro plasta-existencial, titulada "La cigüeña que voló sobre el nido del Cubo". ¡Y yo qué sé...!
GENTÍO EN LA CALLE Y
en la hora de la recogida, pasadas las dos y media de la tarde, la
gente que se desparramó por las estrechas calles del lugar. Y fue digno
de verse cómo estaban algunas de sus callejuelas y rincones, hasta las
trancas de gentes sentadas ricamente en los veladores, dándole a la
cuchara, el cuchillo y el tenedor. ¿Qué cómo estaban las calles, dices?
¡Así! ¡Abarrotás! De tal manera que por la calle de Muñoz Torrero
resultó casi milagroso atravesarla, tal era el gentío apalancado en sus
sillas callejeras para copear y comer. Con lo que, después de algunos
intentos infructuosos, viendo que había que llevar recomendación para
entrar, al fin acabamos aposentándonos en "El rincón de Manolo", que
los sábados el orondo y servicial Manolo Meléndez te pone un huevo
frito con chorizo de tapa que alimenta sólo con verla. Y como allí
sirven de las mejores raciones y tapas tradicionales, que empalmamos
hasta que nos dieron las tantas, acabando el ritual gastronómico como
Dios manda en La Marina, con un café bien cargado, mientras le dábamos
a la pestaña al pase de "modelitos", temporada de otoño, de las mozas
del pueblo, todas de buen ver, por cierto, y de los forasteros que nos
visitaban, entre ellos nuestros inconfundibles vecinos, los portus, incansables todo el día.
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