1 de Octubre, 2007
Llegaron las lluvias
Por fin, llegaron las lluvias y los paraguas y los atascos se adueñaron de la ciudad, especialmente en las zonas de más tráfico. Y es que como aquí tiene coche hasta el gato y vamos montados hasta para comprar el pan, resulta que se forman unos pifostios de aquí te espero. Juntándose con los peatones apresurados, que atajan por donde les da la real gana, por lo que hay que circular con un ojo puesto en los coches y el otro en los peatones silvestres. Como que te puedes quedar bizcolo en el intento. Con la lluvia, los jardines se empapan, el aire se oxigena y la ciudad se limpia. Y los coches aparcados, no digamos, quedando muchos de ellos como los chorros del oro. Bien necesitados que estaban algunos, aparcados bajo los árboles, con más mierda que el palo de un gallinero, por cierto.
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Guía rápida para reconocer páginas web falsas que simulan entidades bancarias
La Asociación del Internauta informa regularmente de los ataques
que sufren las entidades bancarias y tienen un servicio de recepción de
denuncias por parte de los usuarios.
Guía rápida para reconocer páginas web falsas que simulan entidades bancarias:
Carlos de Benito Cid de Rivera debenito.carlos@gmail.com
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Llega la gripe
Y nosotros, con estos pelos. Como todos los años por estas calendas de
octubre, entrados ya en otoño, llega la gripe y hay que estar al loro,
especialmente los mayores de 65 años, sean jubilatas o pensionistas,
los enfermos crónicos, las embarazadas y el personal sanitario. Hay que
evitar complicaciones, que dicen los pijosanitarios de este país,
todavía llamado España. Y nada de antibióticos, que no hacen pupa a los
virus de la gripe. Y, por supuesto, nada de meterse al coleto unos
pelotazos de coñac y vasos de leche ardiendo, todo seguido. Que os
podéis quemar el esófago, el epigastrio y el duodeno. Así que ya lo
sabéis, damas y caballeros de la Tercera, Cuarta y Quinta Edades. A
vacunarse tocan. Que luego es un coñazo tener que pasar una o dos
semanas con fiebres altas, dolores de cabeza, dolores musculares que te
dejan baldaíto, estornudos, toses persistente, lacrimeos y mocos por un
tubo, entre otras molestias colaterales. ¡Ah! y nada de toser a diestro
y siniestro, sin ponerse antes un pañuelo en la boca. Y lavarse más las
manos, con jabón, nos'ha jodío, por si las moscas y los moscardones.
Más claro que el agua clara no puedo decirlo, colegas.
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¡Marchando otra de phishing!
Un día, sí y otro, también, los internautas recibimos amables mensajes,
envueltos con el celofán de los colorines y las buenas intenciones,
pero que si les hacemos caso nos pueden acarrear problemas sin cuento,
cuando no perjuicios en nuestra cuenta corriente. Se trata del phishing,
modalidad de estafa por correo electrónico, con la que los pícaros
digitales buscan robarnos la identidad, en forma de números de tarjetas
de crédito, contraseñas, información sobre cuentas bancarias u otros
datos personales, siempre por medio de engañifas y trucos del
almendruco. A pesar de que en la Red de redes hay abundantes
advertencias sobre el particular, hay gente incauta todavía que pica
toda clase de anzuelos que le pongan por delante. Y aquí va el
penúltimo cebo que ha llegado a mi cuenta de correo, de una Caja de
Ahorros, Ibercaja, la conocida Caja de Ahorros y Monte de Piedad de
Zaragoza, Aragón y La Rioja, donde no conozco a nadie, no tengo ningún
primo ni tengo cuenta ni nada:
Ibercaja. Aviso de seguridad.
Estamos en contacto con Ud. para
informarle que en fecha 01/10/2007 nuestro equipo de revisión de
cuentas identifica cierta actividad inusual en su cuenta, que ha sido
verificada por nosotros, hallando todas las operaciones aceptables. Hemos realizado un escueto informe
sobre todos los movimientos habidos en su cuenta del mes pasado.
Compruebe, por favor, este informe, pulsando en el acoplamiento
inferior.
http://ibercaja.es/ibercajadirecto
No responda a este correo electrónico, esto es un correo automatizado sólo para notificaciones.
seguridad@ibercaja.es
¡Serán sinvergüenzas...! ¡Vaya jeta, Anacleta! Pues a ver qué hacéis
cuando recibáis un panfleto como éste. No se os ocurra complicaros la
vida, tíos. ¡A la papelera con él!
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32.147 páginas vistas en septiembre
Acabó septiembre y, echando un vistazo a la sección de Estadísticas de este blog, me dice que han sido 32.147 las páginas vistas ese mes. De nuevo, agradecer a mis muchos lectores y visitantes de la Galaxia, sean amigos, conocidos o transeúntes, su amabilidad y su interés por las cosas menudas de Badajoz. Y, como decía aquél, no perdáis las buenas costumbres. Seguid, pues, atentos a la pantalla. Seguiremos informando.
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Badajoz, de romería en la fiesta de Al-Mossassa
El pasado finde, último de septiembre, con ocasión de los fastos
fundacionales de la ciudad por el impetuoso muladí de origen
emeritense, Ibn Marwan, en el siglo IX, Badajoz se fue de romería. No
como en otros lugares de la costa mediterránea española, con sus
ruidosas "guerras" de moros y cristianos de mentirijillas, donde
ganan siempre los que ya sabéis, o séase, los nuestros. En Badajoz no
hay guerra que valga, todo lo contrario, que se celebra pacíficamente
la constitución de la ciudad en el histórico Cerro de la Muela, en el
recinto de La Alcazaba, después de que in illo tempore
el emir omeya de Córdoba, Muhammad I, hasta el gorro de los desplantes
de Marwan, le dejara salirse con la suya, fundando Batalyaws en el año
del Señor de 875. Y
se fue de romería, como decimos, no al
extrarradio, como cuando nos vamos a Bótoa o a San Isidro, sino al
mismísimo corazón histórico de la ciudad, la Plaza Alta y sus aledaños.
Y durante esos días, salvo el domingo, que llovió por la mañana y la
tarde, el todo Badajoz tomó festivamente el Casco antiguo, llenando sus
callejuelas y rincones de un público ávido de sensaciones. De tal
manera que, a ciertas horas, ni los más viejos del lugar recuerdan
haber visto tanta gente por metro cuadrado de Plaza. Porque, para pasmo de todos, este rincón tan hermoso de la ciudad se había convertido en
un zoco árabe, en un mercado persa, con decenas de puestos de
vendedores, tenderos y artesanos que ofrecían al personal de todo un
poco: desde productos para el buen yantar, juguetes de madera,
artículos de barro, mármol y arcilla, hasta jabones para todos los
cutis, platería, objetos de vidrio, lámparas, piedras preciosas,
bisutería fina, pieles y fósiles para coleccionistas, pasando por
productos artesanos elaborados con centeno, cuero, pieles y cerámica,
inciensos, caramelos, helados artesanos, hierbas curalotodo,
chocolates, tés de todas las clases, dulces exóticos --de miel, con
nueces, pasas, piñones, canela, rellenos de dátil, con agua de
azahar...--, orujos, especias de lo más raritas, kebabs y pinchos
morunos de verdad --de cordero--, entre otros más. Eso, sin contar que
había tenderetes donde te podían dar un masaje en la espalda,
Esmeralda, echarte las cartas, leerte las manos o adivinarte el
porvenir. Y yendo y viniendo, con el "techo" de la Plaza poblado de
telas multicolores, aquello se convirtió en un mercado de las Mil y una
noches, cuando, situados estratégicamente, por allí aparecieron
encantadores de serpientes, expertos en tiro con arco y lanza,
escupidores de fuego, bailarinas de la danza del vientre, escultores de
arena, pequeñuelos en burro, titiriteros, gaiteros y tamborileros
medievales. De película de las caras, colegas.
HURÍES Y ODALISCAS Y
la multitud, con muchas familias jóvenes acompañadas de sus pequeñuelos
--con niñas ataviadas de bellísimas huríes y odaliscas de la Corte
infantil de Ibn Marwan--, así como gentes de la Tercera, Cuarta y
Quinta Edades y jóvenes a mogollón, que aprovechó ricamente el tiempo
dándose un garbeo por La Alcazaba, la Torre de La Atalaya (o de
Espantaperros) y los jardines de La Galera, además de visitar los
museos más cercanos, el Arqueológico y el Luis de Morales. Y las
"galeradas", los paseos por La Galera, fueron la sensación de la
jornada, con miles de visitantes contemplando un jardín, divinamente
restaurado y abierto a la ciudadanía, junto a la cercana puerta de
Mérida, con hermosas vistas a los cielos, los tejados, los cerros y las
torres principales de Badajoz. No es de extrañar, pues, que las cámaras
echaran chispas durante los paseos. Con una excepción reseñable: el
bueno de Enrique Vidarte, el gentleman del clan de fotógrafos más antiguo y en activo de Badajoz, apareció por el lugar, acompañado de la patronal y... ¡sin cámara! Y
lo más curioso es que la gente, que se lo estaba pasando de
puta madre, esta vez no hablaba de "cubos" ni de "amiguetes" de
Badajoz. Increíble, pero cierto. Como que, para cerciorarme, pregunté a
un paisano: --Oiga, amigo, ¿qué sabe usted del "cubo"? --¿Del "cubo"? ¿Qué "cubo? ¿Se le ha perdido a alguien? También pregunté a una madama de este pueblo, algo madurita pero de buen ver, por cierto: --¿Sabe usted algo de lo del "cubo" de Biblioteconomía? --Pues,
no, mire usted, del "cubo de la economía" no me han dicho nada las
vecinas. ¿Tiene algo que ver con el cubo de frutas que te venden en el
mercadillo de los martes, que te lo regalan y todo? Ahí sí que hacemos
economía las amas de casa.
SECTOR MULADÍ Menos mal que, ante
las apreturas --hubo momentos en que no cabía un alfiler--, la gente
tenía opción de arrellanarse en la terraza del bar La Casona 2 --donde asentó
sus reales el mocerío local-- o pasar al "sector" muladí, ya fuera de la
Plaza, en dirección al Campillo, más allá de la Torre de Espantaperros
y muy cerca de la famosa chimenea de la que fue fábrica de hielo
"Norte". Y es que allí estaban dispuestos los estalaches de los
cristianos viejos de esta ciudad, ataviados con impedimentas morunas
para despistar, con casetas de la Hermandad de la Soledad y la
Asociación de Vecinos del Casco Antiguo, entre otras más. Donde el
personal se puso tupío, además de cervezas y refrescos, de tapas y
raciones donde las carnes de puerco eran las más solicitadas: pancetas,
choricitos, pinchitos, secreto, además de las clásicas tortillas y las
raciones de queso, chorizo y jamón. Y, allí, apalancados en el
puesto de Arturo Gutiérrez, Domingo Montaño y compañeros mártires de La
Soledad, que probamos los mejores productos del cerdo ibérico
extremeño, animal totémico por estas tierras, que ya no son tan
extremas y duras. Y fue digno de verse cómo, ante tanto fiestorro y
pasacalleo, la cigüeña de la Torre de Espantaperros, vigía del Casco
antiguo, se había largado con viento fresco del lugar. Una cigüeña que
viene aguantando desde su atalaya festivales y jolgorios sin cuento,
sin cambiar de nido, pero con tanto moro mercader y muladí de mentirijillas,
aquí no hay quien viva, oiga. Y según parece, se ha instalado por los pagos de Cerro Gordo, antes de que llegue la marabunta.
EL DRAGÓN Y en éstas estábamos,
cuando nos topamos con... ¡un dragón! Un dragón de arena, junto a la
Torre de Espantaperros, hecho a conciencia por uno de los últimos
escultores de arena que nos quedan en España. Un tal Jerónimo, tipo
enjuto, inquieto y culto. Un trotamundos que se pasea por la piel de
toro de zoco en zoco y de feria en feria, con su puesto de artesanía de
cuero y sus esculturas de arena. Uno que sonríe picaronamente cuando te
cuenta que tiene el síndrome de "Peter Pan". Uno que va y te dice que
es catalán, pero se apellida... ¡García y Pardo! Que manda huevos con
el menda. Pero que, abierto su almario, te confiesa, arrobadito, que
sus orígenes son extremeños: sus ancestros, sus padres, concretamente,
son de Villafranca de los Barros. Y te cuenta y no acaba el gachó
sobre la figura del dragón en las culturas del Mediterráneo. Y me quedo
enganchado con este tipo tan especial que te hace un dragón junto a una
sirena varada en la orilla del mar. ¡Y todo al pie de la Torre de
Espantaperros! ¡La Torre del Dragón! ¡La Sirena de Espantaperros! Dos
títulos más para el acervo legendario pacense, en cuantito alguno de
nuestros muchos juntaletras locales se ponga a la tarea. Y, por si fuera poco, que me enseña sus peculiares "redes de la comunicación". ¿Internet-2? ¿New age
del periodismo cibernético? Quiá. Vulgares redes de pescar que utiliza
el tal Jerónimo para enganchar, echar el lazo, a la gente cercana
durante sus llamativos espectáculos. Y, en el colmo de los colmoses, que me
saca también sus originales máscaras, como de brujo o mago de lugares
exóticos, confeccionadas a mano, como para asustar a niños y pobres
ancianitas. Un tipo genial este Jerónimo, uno de los últimos escultores
de arena de España, uno que lleva a flor de piel su espíritu de
aventurero y niño travieso, y al que esperamos ver el próximo año de
nuevo por estos pagos.
FUNCIÓN DE TEATRO Y, como no podía
faltar la función de teatro, al llegar la noche que se fue la troupe
Monterini al completo a La Alcazaba, donde ponían "La historia de Ibn
Marwan", de José Calderón. Función a cargo de Arán Dramática y que
dirigió con su habitual flema británica Eugenio Amaya. Delante del
mismísimo Museo Arqueológico, donde la fuente y el reloj de sol, con
lleno total y gente de pie. Donde, con ayuda de un audiovisual, se
contaban las principales andanzas de nuestro héroe local hasta
conseguir la autorización para levantar una ciudad, Batalyaws, con
cerca, medina y mezquita. Marco incomparable, a pesar del fresquito de
la noche, con Al-Baxarnal (Cerro de San Cristóbal), objeto del deseo de
nuestro héroe, a la vista. De teatro clásico de los caros, vamos. Donde
los personajes principales fueron, además de Ibn Marwan, nuestro
empecinado fundador, el emir omeya Muhammad I, el rey astur-leonés
Alfonso II el Casto --que debutaba en la función-- y el envidioso hayib
del emir, un tal Hassim, con quien se las tuvo tiesas nuestro héroe,
que iba todo de negro negrísimo, como la noche pacense. Los muchos
aplausos del personal rubricaron la estupenda actuación de la compañía,
que duró una hora justa y cuyos actores salieron a saludar a los medios.
LA SOLEDAD DE IBN MARWAN
Y, como todos los años, el protagonista de nuestra historia, Abd
al-Rahman Ibn Muhammad Ibn Marwan Ibn Yunus al-Yilliqui al-Maridi,
nombre completo de nuestro héroe, más solo que la una. Allá, en efigie
pétrea, labrada por el artista local Estanislao García hace ahora justo
cuatro años. Defendiendo en solitario la ladera que da acceso a La
Alcazaba por la Puerta de Carros o de Yelbes, la que mira al SO. Y los
suyos, de fiestorro y pendoneo en la cercana Plaza Alta, sin acordarse
de llevarle un puto ramo de flores.
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