Son ya cuatro, en tan sólo un año, los despidos
improcedentes realizados en el Colegio Marista de Badajoz, con sus
correspondientes indemnizaciones (alrededor de 115.000 euros suman en total).
Dichos despidos, curiosamente, han coincidido con la subida de las donaciones que
los dirigentes piden a los padres. Así, en el curso 2005/ 06 se solicitaban 60
euros y en este curso, 210 euros anuales por hijo. Pienso que un colegio
sostenido con dinero público no debería ser una plataforma desde la cual una
titularidad privada obtenga beneficios económicos. Además, la LOE dice: “Para garantizar la
posibilidad de escolarizar a todos los alumnos sin discriminación por motivos
socioeconómicos, en ningún caso podrán los centros públicos o privados
concertados percibir cantidades de las familias por recibir las enseñanzas de
carácter gratuito” (cap. 3, art. 88).
Volviendo a los
despidos improcedentes referidos, nunca en treinta y cinco años había ocurrido nada
parecido. A los empresarios del Instituto Marista no les ha importado dejar
vidas rotas, proyectos truncados, almas depresivas ante el abismo del paro que
se preguntan el porqué sin obtener respuestas de tipo legal o moral.
Yo fui una de
estas personas improcedentemente despedidas. Me gustaría que nadie cayese en la
falacia boba de creer que por eso publico esta carta. Tengo una situación
económica bastante holgada y seguridad laboral en mi familia. Es más, si no
fuera porque me encanta mi profesión podría permitirme no volver a trabajar.
Sin embargo, esto no es óbice para que, desde mi libertad de expresión, no
critique los hechos acaecidos recientemente en el colegio; unos hechos que se
deciden a kilómetros de distancia aprovechándose de marionetas que les hacen el
trabajo sucio. Con todo ello van asfixiando de raíz los principales derechos
del trabajador (aún conservo pruebas de ello), la libertad y la independencia
de criterio; se fomenta la sumisión y la docilidad entre los trabajadores;
algunos padres callan y pagan porque temen algo tan ruin como que se tomen
represalias con sus hijos si no “donan”. Así, llegamos al meollo del problema,
al mal endémico de la Iglesia:
la utilización de la religión con fines manipuladores y económicos que, en este
caso, vienen a ser lo mismo: rezos matutinos en las aulas, rosarios de la
aurora, Eucaristías mensuales, oraciones a María en la capilla, celebraciones
litúrgicas antes de cualquier evento
festivo, …en fin, no quiero aburrir a nadie. En palabras de San Agustín, la Iglesia muestra aquí su
rostro de meretriz.
Mi pregunta, como
teista y católica que soy, es: ¿Con qué se comulga en estas celebraciones que,
en mi opinión, resultan carnavalescas?
El hecho es que
ante las denuncias por supuestos maltratos a alumnos puestas por sus padres a
profesores del colegio durante los dos últimos cursos, se intentó despedir a
alguno procedentemente antes, incluso, de que saliera la sentencia judicial,
mientras que con otros se ha corrido un tupido velo. ¿Acaso es que no importan
los supuestos maltratos, sino quiénes sean los supuestos maltratadores? Si esto
es así, no sé qué punto del Evangelio me he perdido en el que se defienda la
injusticia, la discriminación y el favoritismo.
Personalmente, no
me extraña que los alumnos que dejan el colegio en 4º de E.S.O., donde se
produce la gran espantada hacia los distintos I.E.S. de Badajoz, rechacen la Religión como área
optativa.
Lamento que los
dirigentes del Instituto Marista, probablemente, no lean ésto. Ya conocen el
dicho: “Ande yo caliente y ríase la gente”, aunque en esta ocasión pocos rian.
Por ello apelo al único Hermano Marista que sigue haciendo acto de presencia en
el colegio, ya que nadie vive allí, para que recoja el maravilloso testigo que
dejaron Hermanos como Florencio Marín, Francisco González o José Pérez Peña y
su ínclito grupo musical Mosebey, entre otros; Hermanos mayores a los que
trasladaron de mala manera y en contra de su voluntad después de pasar media
vida en Badajoz, una tierra que ya consideraban propia. Si no se recoge este
testigo, lo que se escucha y se ve en el Colegio Marista de Badajoz seguirá
resultando, en mi opinión, un escándalo para el no creyente y una vergüenza
para el que lo es.
Berta Almeida Rebollo
bertaalmeida1@yahoo.es