23 de Septiembre, 2007

Cena de la caza en IFEBA (I)

Por El Avisador - 23 de Septiembre, 2007, 11:59, Categoría: General

En estas vísperas otoñales, con los cazadores pateándose el bosque mediterráneo y la dehesa en pos de sus piezas favoritas, en los fogones extremeños se avían los mejores platos con las presas abatidas. Ejemplares de caza mayor y menor que sirven de base en la elaboración de platos sustanciosos y nutritivos, nada sofisticados, muy del gusto de estas tierras desde tiempos inmemoriales. Nada de extrañar, pues, que en Badajoz los amigos del buen yantar, que son legión, se reúnan a mesa y mantel para saborear los ricos platos de la caza, elaborados por las manos expertas de nuestros mejores cocineros.
Y eso es lo que hicimos más de 160 comensales el pasado 21, día de San Mateo, que acudimos prestos a los salones de IFEBA, en el contexto de la XVII edición de FECIEX, la Feria de la caza, pesca y Naturaleza ibérica. Y es que la ocasión no era para menos. El Observatorio turístico de Badajoz, promovido por ITAE, la Escuela de Negocios de Extremadura, y la CETEX, la Confederación empresarial de turismo en Extremadura, en colaboración con una selecta nómina de hosteleros, restauradores y empresarios del sector en Badajoz, habían preparado una singular Cena-degustación sobre la caza, dentro de sus peculiares quincenas gastronómicas. Inserta en el programa Badajoz, año gastronómico 2007-2008, era una vuelta más de tuerca en su campaña de exaltación del potencial gastronómico de la ciudad como atractivo turístico.

RECEPCIÓN
Y eran pasadas las diez de la noche, cuando el personal fue apretujándose en el gran hall de entrada, junto al restaurante. Y, como mandan los cánones y sobre una gran alfombra roja, fuimos presentando nuestras credenciales y ofreciendo nuestros mejores saludos a los VIPs de la noche. En esta ocasión, al alcalde de la ciudad, Miguel Celdrán, que venía acompañado de su corte concejil, entre los que destacaban José Antonio Monago, su ojito derecho, Antonio Ávila y Celestino Rodolfo, entre otros. Y muy cerca de él, al sonriente Germán López, el todoterrenal preboste de IFEBA, que no paraba de saludar y dar abrazos a diestro y siniestro. Otro que tal baila fue Guillermo Cayado, otra de las estrellas de la noche, el entusiasta chef de Dosca II, que ejerció de maestro de ceremonias en los fogones. Y, cómo no, al bodeguero invitado, el ilustre Paco Moreno, baranda en jefe de Bodegas Vinícola Guadiana, de Almendralejo. Para rematar las cortesías con Antonio García Salas, míster ITAE, alma mater de estas funciones gastronómicas y presentador y conductor del acto. También vimos otro VIP, pero venía de invitado. Un tal Carlos Floriano, jefe supremo de los de la gaviota en Extremadura, que últimamente no se pierde una en Badajoz.
Y mientras el personal cumplía con el protocolo y se sacudía de sus carteras los 40 machacantes del ala que costaba la cena, la organización que nos sirvió unas cervezas y unos vinos, junto con unas tapas para abrir apetito: paté de venado, chorizo de jabalí y cecina de venado. Todo, riquísimo, oiga. Pero tanto venado, con su cornamenta, me escamó. "Que de lo que se come se cría", que dice mi tía Federica, la del pueblo.
Y subimos al gran salón de la planta segunda, donde nos acomodaron en mesas redondas. Salón espacioso, con vistas nocturnas de impresión y magníficamente iluminado, marco que acogió una cena de ensueño. Y juntos, pero no revueltos, bien peripuestos y tal, allí había restauradores de postín, hoteleros de alto estanding, empresarios por un tubo, comerciantes, profesores, políticos, sindicalistas, medios de comunicación, gastrónomos de renombre, cazadores expertos y gente del común, amiga de la buena mesa. Con sus patronales respectivas, damas y damiselas de buen ver, luciendo algunas unos modelitos que reiros de la pasarela Cibeles, tíos. Y un detalle que agradó al personal fue ver cómo entre los comensales estaban los dos jefazos de la pasma en Badajoz: el superintendente Miguel Sardiña, por la local, y el supercomisario Eusebio Escribano, por la nacional. Todo bajo control, con ellos al lado tendríamos una noche a pedir de boca.
Yo no sé si así se las ponían a Fernando VII, el que usaba paletó, pero aquello presagiaba una cena de época, como así ocurrió.

PROLEGÓMENOS
Y nada más sentarnos, el primer viaje, unas azafatas que regalan a las señoras y damiselas --los caballeros, a verlas venir-- una botella de aceite de oliva virgen extra marca Gradoli, en tanto su director comercial, el sonriente y orondo Antonio Nanina, ofrecía la mejor de sus sonrisas viendo como el personal femenino le dedicaba una ovación de gala. Así, cualquiera, colegas.
Presentó el acto Antonio García Salas, que, después de dar la bienvenida a los presentes, habló de las bondades del programa Badajoz, año gastronómico 2007-2008 para posicionar a la ciudad desde el punto de vista turístico, y de las quincenas celebradas desde enero, así como de las pendientes por celebrar. Destacando, entre otras realidades, el trabajo conjunto y enriquecedor de hasta 16 grandes cocineros en estas jornadas, hasta hace poco laborando cada uno por su cuenta, muy celosos ellos de sus fórmulas y recetas. Y terminó dando al respetable la lista de los restaurantes participantes: La Alacena (Hotel Río), Los Monjes (Hotel Zurbarán), Marchivirito, El Sigar y Dosca II, el anfitrión.
Pasó después el micro al inquieto Guillermo, chef del Dosca II, que pronunció el discurso más corto de su vida: "Muchas gracias y que paséis una buena noche". Así de breve, que lo breve y bueno, dos veces bueno, que dijo Gracián, y la gente lo premió con grandes aplausos.
Luego fue José Luis Ascarza, presidente de CETEX, el que intervino, también con brevedad, al que siguió el ínclito Fernando Valbuena, abogado y gastrónomo recalcitrante, que dijo unas palabras sobre la caza y la gastronomía. Para empezar, una de sus típicas salidas:
--Yo de caza no sé nada, pero sé que en Extremadura hay 80.000 licencias y mueve un negocio de 70 millones de euros.
Y, después, otra:
--Aunque no tengo grandes simpatías por los cazadores, la comida que viene de la caza, del pelo y la pluma, es comida de verdad.
Y ante la comida tan poco fiable de nuestra época, dijo para la posteridad:
--¡La caza, último reducto de la cocina!
Y cuando íbamos a decir "Amén", el nota que se despide:
--¡Que sigan ustedes cazando!

LA CENA
Y comenzada la cena, ahí que tomó la palabra Paco Moreno, el bodeguero de la noche, que, desde 2001, viene produciendo vinos tintos en Extremadura --Vigua y Basangus, antiguo nombre de Badajoz-- con una personalidad diferenciadora. Y con palabras sabias e instructivas, fue desgranando, una por una, las bondades de los vinos que se escanciaban: tipo de vino, carácter y recorrido, variedad, añadas, colores, sabores en boca, sensaciones aromáticas, tiempo en bodega, crianza en roble y la biblia en pasta. Toda una lección sobre los vinos, pero en pequeñas dosis. Ritual que repitió cada vez que tocaba servir un nuevo plato. Todo un lujerío que el selecto público reconoció con sus aplausos.
Y, sin más dilación, que la gente se mostraba impaciente, dio comienzo el festival gastronómico, esa noche dedicado a la caza. Y el orden de los platos y vinos servidos, además de sus autores y procedencias, fueron los que siguen:

1º. Crema templada de perdiz (Juan Merino, La Alacena).
Vino Vigua (tempranillo), añada 2004.
2º. Muslito de codorniz rebozado con crispis en salsa de piñones y pasas de corinto (Guillermo Cayado, Dosca II)
Vino Basangus (tempranillo), crianza 2005.
3º. Pechuga de faisán confitada en aceite de hierbas y rellena de setas y hongos con vinagreta de foie y caramelo de frambuesa (David Chapela, Los Monjes)
Vino Basangus (tempranillo), crianza 2004.
4º. Pierna de conejo macerada con miel y confitada a baja temperatura (Mamen Lumera, Marchivirito)
Vino Basangus (tempranillo), crianza 2002.
Postre: Tartita de mousse blanca con chocolate y ragut de naranja, acompañado de una copa de solera, oloroso dulce, 1847, de González Byass (David Núñez, El Sigar)

Ni que decir tiene que los platos, magníficamente presentados, estuvieron exquisitos y los vinos, de lo mejor que uno puede echarse al coleto en Extremadura y parte del extranjero. Con la gente repitiendo --no los platos, que eran únicos-- los selectos vinos una vez, otra y esotra. Si a todo esto unimos que el personal de mesa funcionó a las mil maravillas, estando al quite en todos los detalles, no es de extrañar que los comentarios elogiosos se prodigaran toda la noche.
Y ya estábamos en la madrugada del 22, día de San Mauricio, cuando nos presentan a dos comensales de excepción. Dos medalladeextremadura, nada más y nada menos. Y del gremio de los fogones, mira por dónde. Se trataba de los populares y queridos Eustaquio Blanco, del restaurante El Figón de Eustaquio, de Cáceres, y Ángel Azcona jr., "Tato", del restaurante Azcona, de Badajoz, que el pasado día 7 recibieron en el Teatro romano de Mérida la Medalla de Extremadura de manos del presidente de la Junta, Guillermo F. Vara, premio a su aportación durante tantos años a la cultura gastronómica en nuestra Región. Pero de lo que allí acaeció y de las sabrosas intervenciones que se sucedieron daremos cuenta en una próxima entrega, si Dios quiere.

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