Esta mañana, no serían las 12, la hora reglamentaria del recreo escolar
en Badajoz, cuando me veo en la plaza de Santa María de la Cabeza a una
docena de rapaces jugando y haciendo gamberradas. Con que me acerrco y
pregunto:
--¿Pero no teníais que estar en la escuela, chavales?
--Sí, que hemos ido, hemos estado la media hora y, ¡hala!, cada uno a su casa.
Y
luego me entero que son alumnos de la ESO de los Maristas. Que han ido
a dar el parte, saludar a los profes y a los coleguis, coger las notas
que han de regir durante el curso y adiós, muy buenas.
Y ahí los
teníamos esta mañana, tirando un chasis de un viejo carrito escolar
desde lo alto de la fuente en cascada de la plaza. Y no se descalabró
nadie porque Dios no quiso. Y eso que les dije que tuvieran cuidado,
que los de la pasma verde andaban de vigilancia por aquellos
andurriales. Pero ni puto caso, oiga. Y el lunes parace que vuelven por
do solían los mozuelos y las yogurines del Bachillerato. Todo muy
escalonado, sí, señor.
Pues, nada, que les vaya bien a todos,
especialmente a sus profes, que se han quedado confusos, difusos y
patidifusos al saber que el curso que viene se puede promocionar de
curso... ¡hasta con cuatro suspensos! ¡Que manda huevos, colegas! ¡Biba la Heducazión hi la Kurtura!