Eran cerca de las diez de la
noche del 5 de septiembre cuando dejábamos nuestros dos caballos frente
a Fort Lusiberia. Después de recorrer el temible desfiladero de las
Rotondas, saliendo de Badajoz city, con suerte de no encontrarnos con
ningún picoleto de caminos y vereas, llegamos al fuerte Lusiberia sin
novedad. Fort Lusiberia está en el camino del Oeste peninsular,
ocupando un lugar estratégico junto al río Caya, haciendo frontera con
los portugaleses. El lugar, rodeado de un bosquecillo donde desde
tiempos remotos ha venido practicándose la caza y la pesca, estuvo
asendereado en tiempos no muy lejanos por contrabandistas de café,
carabineros y guardiñas portugaleses. Incluso, ya en siglos pretéritos,
estas tierras fronterizas del Caya fueron escenario de sonados
encuentros de las familias reales de España y Portugal. Como los que
tuvieron lugar en enero de 1729, con ocasión de las bodas entre el hijo
de Felipe V, el futuro Fernando VI, con la infanta de Portugal, Bárbara
de Braganza, hija de Juan V, y del hermano de ésta y príncipe del
Brasil, José de Braganza, con la infanta española María Ana Victoria.
En
la actualidad, Fort Lusiberia es un lugar de especial encanto para
todos los habitantes de la zona, sobre todo las familias y sus
pequeñuelos, y, durante los meses del cálido verano, el agua ocupa un
lugar privilegiado, con sus parques acuáticos, lagos artificiales,
barcas de choque y teledirigidas, circuitos de mini quads, rocódromos,
camas elásticas, toboganes, zonas de pic-nic y otros espacios lúdicos,
recreativos y hosteleros. Y en un futuro no lejano, en esta zona se
levantarán la estación del veloz ferrocarril Madrid-Badajoz-Lisboa
--AVE lo llaman--, la Plataforma logística, el Puerto seco y otras
instalaciones que aportarán riqueza y bienestar a Badajoz city y
alrededores.
Tras salvar la entrada, un rótulo bien a la vista nos dice que un 10 de julio del año 2002 fue inaugurado Fort Lusiberia por the president, John Charles R. Ibarra y the majors,
Michael Celdrán. Ya en la entrada, nos dirigimos a los barracones y
vemos al fondo un grupo de personas. Y, entre ellos, un hombre fornido,
bien plantado y con el cráneo rapado.
--¡Ostras, Yul Brinner, el de los 7 magníficos! –le digo, sobresaltado, a la parienta.
Nos
acercamos con prudencia y las manos acariciando las fundas de nuestros
revólveres, no sabemos si el tipo es de los nuestros. Y no era Yul, el
de la mirada enigmática y las piernas arqueadas, no, que se trataba de
Charles A. Asesio, el coronel del fuerte, que salía a recibirnos. El
coronel de Fort Lusiberia, un hombre curtido y experimentado, que lleva
al mando de su tropa desde su fundación, con servicios prestados en
otros lugares de ocio de España –Barcelona, Madrid, Málaga…-- nos
saluda con efusión al darnos la bienvenida, al tiempo que muestra sus
cortesías a las damas del grupo. Y nos invita a refrescarnos en el
saloon, que por estos andurriales no se llama saloon, sino "Bodega". Y
el personal, que se toma las primeras birras de la noche. Como hace
calor, salimos al patio, donde se está divinamente gracias a unos
vaporizadores que rebajan la temperatura ambiente. "Microclima",
dice el empollón del grupo, un tal Anthony García Salas, el jefe de la
expedición, que acaba de presentar sus respetos al señor coronel en
unión de la patronal.
UNA CENA ESPECIAL
Recuperado
el resuello, el coronel invitó a la expedición –medio centenar de
personas, entre hosteleros, restauradores, empresarios, ejecutivos,
informadores y gente amiga de la buena mesa—a cenar. Pero esta noche no
sería una cena cualquiera. Que mi coronel, gastrónomo de pro, quería
dar una sorpresa a sus invitados. Y como está acabando la temporada de
recogida del tomate, el oro rojo
de las Vegas del Guadiana, que ha decidido traer los mejores cocineros
del propio fuerte y de los contornos para elaborar un menú donde el
tomate sea uno de sus componentes básicos. Y con éstas, que nos pasa al
comedor, que aquí no se llama comedor sino “Casa de pasto”, casa de
comidas al estilo portugalés. Un espléndido salón donde brillan con luz
propia cuatro enormes murales de azulejos al estilo lusitano –esos
azules desvaídos…--, con escenas populares sobre la pesca, la vendimia,
el lavado en el río, etc.
Llegada
la hora de las presentaciones, el coronel Asesio dio la bienvenida a la
expedición, mostrándose encantado de haberse conocido, diciendo, entre
otras sentidas palabras, que “los que viajamos mucho nos damos cuenta
de que en Badajoz se come muy bien, tenemos excelentes materias primas
y buenísimos cocineros y cocineras, y con unos precios competitivos”.
Le siguió en el uso de la palabra Anthony G. Salas, que agradeció la acogida de Lusiberia, enmarcando el acto dentro del Año Gastronómico 2007-2008, con sus peculiares Quincenas gastronómicas, en esta ocasión sobre el tomate, a la CETEX (Confederación Empresarial de Turismo de Extremadura),
por la organización, y a los restaurantes colaboradores –Aldebarán, Los
Monjes y, en este caso, Lusiberia, el anfitrión—el esmero y la
profesionalidad con que han elaborado sus platos. Todo ello,
incardinado en el Observatorio Turístico de Badajoz,
grupo de trabajo promovido por ITAE, la Escuela de Negocios de
Extremadura, en unión de prestigiosos restauradores, hosteleros,
Asociaciones empresariales, Instituciones feriales, Centros de
congresos, ocio y recreo, etc., que quieren poner en valor la
gastronomía pacense como una de las señas de identidad del turismo en
Badajoz. Terminando con el anuncio de la próxima Quincena, dedicada a
la caza. Que tendrá lugar el 21 de este mes de septiembre en el
pabellón de IFEBA, en el contexto de la Feria de la Caza que allí
tendrá lugar.
AQUÍ HAY TOMATE
Y
no hubo acabado míster ITAE, cuando nos fuimos embalados a ver el menú
de la noche. “Aquí hay tomate”, nos dijimos todos los comensales,
frotándonos las manos. Y dio comienzo la gran fiesta gastronómica del tomate, lo nunca visto en
Badajoz y alrededores. Con este cartel de cocineros, procedencias y vinos a cual mejor:
1º. Ensalada de foie con mango y mermelada de tomate (Inmaculada Aparicio, Lusiberia) Vino Campobarro blanco, uva pardina, elaborado en barrica.
2º. Salmorejo con garbanzos y oreja de cerdo (Fernando Bárcena, restaurante Aldebarán) Vino Campobarro blanco, uva pardina, elaborado en barrica.
3º.
Milhojas de tomate con atún rojo y pimientos del piquillo con mayonesa de hongos (David Chapela, restaurante Los Monjes) Vino rosado de aguja Campobravo.
4º. Rollitos de ibérico relleno de virutas de jamón con salsa de tomate y crujiente de galleta (Inmaculada Aparicio, Lusiberia) Vino Cencibel, uva cencibel o tempranillo, semicrianza, D. O. Ribera del Guadiana.
5º. Milhojas con helado de tomate y peineta de chocolate blanco (Inmaculada Aparicio, Lusiberia)
Y, como remate de los tomates:
Degustación de licor de Hierbas y Limón (gentileza de Bodegas San Marcos)
Estábamos
despachando el primer plato de la noche tomateril, cuando vemos que un
buhonero, un tal Louis M. Zapata, de Bodegas San Marcos, de
Almendralejo city, llama la atención al personal con tres botellas de
colorines entre las manos: una de vino blanco dorado, otra de vino
rosado y la última, de vino tinto. Y allí que nos expone, entre la
expectación general, las características organolépticas, el proceso de
crianza y las bondades de los tres vinos que íbamos a degustar. Que,
sin esperar a que terminara su pregón ni nada, les fuimos dando los
tientos correspondientes, comprobando que estaban de puta madre.
Especialmente el blanco pardina y el cencibel. Las madamas, por su
parte, se mostraron encantadas con el rosado de aguja, por lo que el
buhonero de marras agotó toda su mercancía.
El
personal de sala –Dani, José, Consuelo, María y Christian--, entre
tanto, no daba abasto, sirviendo con prontitud y esmero a los invitados
del coronel, lo que mereció los plácemes de la concurrencia.
EPÍLOGO
Siguiendo
con el ritual, salieron a escena los artistas de los fogones que esta
noche habían elevado el tomate a los altares de la gastronomía
extremeña: Inmaculada, Fernando y David. Que explicaron al personal los
ingredientes y los modos y maneras que habían empleado en confeccionar
sus platos. El trío se llevó aplausos a discreción y la gente venga a
hacerse fotos con ellos.
Finalmente
y en nombre de los presentes, Anthony García saludó marcialmente y dio
las gracias al coronel de Fort Lusiberia, Charles A. Asesio, por la
apuesta que ha hecho, tanto personal, como familiar y empresarialmente,
por Badajoz city. Pidiendo un aplauso para la gente de sala y cocina,
la infantería gastronómica de Lusiberia en esta ocasión. Dando la nota
final el menda al condecorar a todo quisque con la chapa de la Orden de Badajoz, Corazón ibérico, por su asistencia a este acto.
Terminado
el ágape tomatero, el personal se enfrascó en una larga y amistosa
sobremesa sobre todo lo divino y humano, con fotos a discreción,
intercambios de tarjetas y direcciones de correo electrónico, etc.,
etc. El ambiente, gratísimo, se alargó en la madrugada. Y eran las dos
cuando cogimos los caballos, camino de regreso
a nuestros lares. Con la presencia del señor coronel, los cocineros y
el resto de la tropilla, que venían de escolta. Pero en la ruta de las
Rotondas, en el estalache de un tal Robinson, decidimos hacer un alto
para repostar. Y allí que nos dieron las cuatro tomándonos el pelotazo
final y el café de despedida. Con lo que cada mochuelo se fue a su
olivo, eso sí, jurando y perjurando que el día 21 estará en la cena de
la caza en IFEBA.