4 de Septiembre, 2007
José, el barrendero de mi barrio
Esta mañana andaba muy ufano el barrendero del barrio, Santa Marina, poniendo la
calle San Isidro como los chorros del oro. Embutido en su uniforme
verde, con gruesos guantes de jardinero, mi barrendero andaba con su carrito de
aquí para allá, recogiendo papeles y basura entre los bordillos y los
coches aparcados en la calle. Hombre maduro, de buen porte, me llamó la
atención porque llevaba puestos unos auriculares. Barre que te barre,
allí estaba la figura del barrendero posmoderno, con sus auriculares y
todo. --¡Tate! --me dije--, estará escuchando música. ¿Clásica? ¿De
los 60? ¿Alejandro Sanz?, ¿Sakira?, ¿Julio Iglesias?, ¿Bisbal?,
¿Chayanne?, ¿Ricky Martin?, ¿la Pantoja?, ¿Raphael?...
Intrigado, que me acerco a mi barrendero y, después del saludo de rigor, le digo que qué moderno va, escuchando música y todo.
--Pues no, señor, que estoy escuchando las noticias.
--¡¡¡¡¡¡¡¡¡
--Y es que desde las seis que salimos hasta la una, me tengo que
entretener. Bueno, tenemos que estar a las seis menos cuarto en el
Revellín, en San Roque, y a las seis salimos. Luego, a la una menos
cuarto recogemos y, ¡hala!, camino del Revellín otra vez, donde tenemos
que firmar.
--¿Y que tal su trabajo, maestro?
--Pues a gusto, unas veces mejor y otras, peor. Y llevo cuatro años, dos como jardinero y ahora otros dos como barrendero.
--¿Y siempre escuchando noticias?
--Bueno, cuando me canso me paso a la música y ya está.
Y llega la hora de despedirme de José, que así se llama este amable
barrendero pacense, que, barre que te barre, está al loro de las
noticias que dan por la radio todas las mañanas. ¡Anda, igualito que los barrenderos de antes!
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Ha muerto Jaime de Jaraíz
Ha muerto esta mañana en Madrid, donde residía, el genial pintor
extremeño Jaime de Jaraíz, a los 73 años de edad, dejando tras sí una
extraordinaria colección de pintura bajo los cánones del realismo más
exquisito. Su muerte causó sensación esta mañana en los medios
artísticos de la ciudad, donde se propagó la noticia con extraordinaria
rapidez. A mí me llegó a través de Román Hernández Nieves, director del
Museo de Bellas Artes pacense, y me quedó de piedra.
Hombre bueno, culto y de sonrisa perenne, trabajador incansable, andaba
metido en nuevos proyectos, con ayuda del ordenador. Y, por si no lo
sabíais, estaba al loro de Internet y, entre otros asuntos, de las
cosas del Avisador.
A su muerte hay que sumar la de Rafael Ortega a los 69 años de edad,
alfarero mayor de Extremadura, extraordinario ceramista, natural de
Fregenal de la Sierra, hace pocas fechas también. De corte
eminentemente popular, son muy conocidas sus composiciones
belenísticas, que ya han entrado en los Museos.
El Arte está de luto en Extremadura. Jaime, Rafael, gracias por vuestra
dedicación y por vuestras obras. Que perdurarán en el tiempo y
mantendrán vuestra memoria por los restos.
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Vuelta al trabajo
Comenzó el curso y miles de pacenses, acabadas las vacaciones,
volvieron do solían: oficinas, escuelas, fábricas, tiendas, comercios, hospitales, cuarteles,
despachos, bares, restaurantes, jardines, carreteras, puentes,
etc., etc.
Pero ya he oído a más de uno y a más de dos quejarse. Que si me duele
aquí, si me duele allí, si tengo la depre, si no duermo, si tengo los
nervios de punta, si las palpitaciones y tal... Vamos, el cuento de
nunca acabar. El síndrome de la vuelta al trabajo, que dicen los que
también viven del cuento. ¡Pues no, señor, mire usted! Que lo del trauma posvacacional es una
pamplina posmoderna que está colando en una sociedad de pícaros, como
la nuestra, donde hay muchos que creen todavía que el trabajo, como
castigo divino a Adán y Eva y a sus descendientes, perjudica la salud.
Así que, menos rollos macabeos, colegas, que el trabajo cansa, sí, pero no mata. Y lo que no mata, engorda, que dice mi tía Federica, la del pueblo.
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Las Medallas de Extremadura
Como viene siendo costumbre, la víspera del Día de Extremadura se
celebra el acto institucional conmemorativo con la imposición de las
Medallas de Extremadura. Este año, concretamente, a seis personas,
instituciones o empresas, alguna de ellas de fuera de la Región, que
se han distinguido por su extremeñismo rampante en el transcurso de sus
vidas. El acto tendrá lugar en el marco incomparable del Teatro Romano
de Mérida --viernes 7, a partir de las 21 horas--, con la presencia de
la flor y nata de la sociedad, la cultura y la política en la Región. Y
los galardonados hogaño son:
1. Restaurante "El Figón de Eustaquio" (Cáceres) 2. Delegación territorial de la ONCE en Extremadura 3. El torero Antonio Ferrera (José Antonio Ferrera Sanmarcos) 4. Restaurante "Azcona" (Badajoz) 5. El actor Juan Francisco Margallo Rivera 6. La galerista Helga de Alvear (Alemania)
Lista que, según los hunos, falta por completar con más nombres y, según los hotros, sobran candidatos. Pero esto ha sido así desde sus inicios. Imposible que todos se pongan
de acuerdo. Efectivamente, son todos los que están pero no están todos los que son.
Afortunadamente, que la lista de medallables es interminable. Pero lo
que no cabe duda es que la Región, independientemente del número de galardonados, necesita ufanarse, sacar pecho,
aunque sea una vez al año y a los cuatro vientos, con las gentes extraordinarias que, desde
dentro o desde fuera del terruño, están haciendo que Extremadura brille
con luz propia en el concierto de los pueblos y las culturas de España.
Vaya mi enhorabuena, pues, a todos los galardonados. A los presentes y
a los que ya lo fueron. Y, en prueba de reconocimiento personal, al tiempo que les hago la ola, vaya
en su honor el estribillo del himno de Extremadura:
Nuestras voces se alzan, nuestros cielos se llenan, de banderas, de banderas, verde blanca y negra.
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