Mi nombre es amor

Por El Avisador - 19 de Julio, 2007, 1:09, Categoría: General

Mi nombre es amor y no tengo edad, sexo, raza ni condición. Nadie pudo verme jamás, ni oirme, ni tocarme. Y, sin embargo, todos saben que existo porque alguna vez sintieron mi presencia. Nací con el hombre y aún ya fui antes, porque el hombre mismo fue producto del amor, o sea, de mí mismo.
Habito en el corazón de los hombres y comparto mi hogar con otros sentimientos como la alegría, la tristeza, la ira y el odio. No tengo brazos y, sin embargo, soy tan fuerte que muchos dieron la vida en mi nombre. No tengo piernas, mas puedo unir continentes sin mediar distancias. Nunca tuve ojos, para qué los quiero si sólo me interesa la belleza interior y para verla no los necesito.
No tengo boca y, a pesar de ello, los más grandes poetas crearon los versos más hermosos que recitan por culpa mía. No tengo oídos, pero soy capaz de escuchar la voz del corazón.
¿Cómo me alimento?, te preguntarás. Me gustan las palabras dulces y los gestos cariñosos.
Me encantan las miradas tiernas, el eco de las risas, el valor de la amistad. Me robustezco cuando me alimento de ilusiones y de fe. Crezco en el compromiso y la entrega. Tengo mucho miedo a la ingratitud y a la traición. El dolor y la pena pueden herirme, pero no matarme. No quisiera conocer la muerte, pero el olvido es capaz de causármela.
¿Quieres saber dónde estoy? ¿Cómo darse cuenta de que existo?
Pues bien, fíjate en los ojos de una mujer acariciando la cabeza de su hijo recién nacido, ahí estoy yo. Mira a tu alrededor, los hombres, el paisaje, las flores, los pájaros, el cielo, las nubes, el sol y las estrellas, y me verás, porque todos ellos fueron creados por amor. Contempla el rubor en el rostro de una niña ilusionada al recibir su primer beso, sigo siendo yo. En el cariño del amigo que te tiende la mano, te comprende, te escucha y te reconforta, allí estoy yo. En el beso afectuoso de un hijo al despedirse de sus padres, también estoy yo. En la emoción de un hombre y una mujer uniendo sus cuerpos, estoy yo. En el recuerdo de la sonrisa dulce de un ser querido que se fue, también estoy yo. En la ternura de un niño jugando con un animalito y sigo siendo yo. En lo que me motivó a contarte ésto, también estoy yo. En muchos sitios, a través del tiempo, sin importar las diferencias, estoy yo.
Si quieres buscarme, hazlo, pero que sepas que sólo me encontrarás cuando ya no
pienses más en ti mismo. En el momento en que se abre tu corazón y tu mente, allí estoy yo.

Manuel Magallanes Miranda
m.magallanes@telefonica.net

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