5 de Julio, 2007
El Guadiana que conocí
El
río Guadiana por Badajoz-capital --antaño, muy caudaloso, ancho, buen
agua, aunque un poco turbia, con orillas en muchos sitios planas--,
ofrecía a los pacenses el mejor lugar para atenuar las máximas de los
termómetros. Los 40-45 grados de verano, con un río tan espléndido al
lado, ofreciendo sitios idóneos, ya se sabe, todos al río, a
disfrutarlo, que los niños jueguen y se entretengan. Los mayores, no
digamos, más que los niños. Los sitios idóneos han existido de la
siguiente manera:
Antes de los años 60:
Las Crispitas, que yo las conocía por Las barrancas. La Pesquera, una represa de una fábrica de luz. Canal de los Ayala. El canal de los Ayala, orilla derecha, río abajo. El canal de los Ayala, orilla izquierda, río abajo. El Pico, islote de cantos rodados y arena en mitad del río El Embarcadero, lugar de amarre de barcas, paseos y pescas. El Puente Viejo, sólo para gente atrevida y valiente.
Los
lugares citados cada uno tenía sus bañista, según su domicilio, bien en
Badajoz --Casco antiguo-Centro-extrarradios-barriada de la Estación--,
así, en forma genérica, aunque puntualmente cada uno iba donde le
parecía. Lugares preferidos por muchos, Las Crispitas, El Pico, Canal
de los Ayala, orilla derecha. El Embarcadero, por su profundidad, para
gente mayor y nadadora. La Peña del Ahogado, frente al Pico, lugar con
grandes piedras sumergidas, peligroso. El Puente Viejo servía de
trampolín para los que arriesgaban tirándose a las pozas del rio.
Peligro máximo, incluso con los arrastres del río en invierno por su
grandes crecidas, eran valientes aquellos muchachos. Hay que pensar que
el Puente Viejo aún tenía restos de construcciones anteriores en el
fondo porque había sido derribado siglos antes por la tremendas
crecidas. De los 60 en adelante:
La Playa, margen derecha, río abajo. Próximo al camino Viejo de San Vicente. Entre dos puentes, el Viejo y el Nuevo
Sólo cito estos dos, por ser los más conocidos y donde tuve más vivencias de jovencito.
La Playa, orilla plana de cantos rodados, con arena gorda, playa
artificial, con cierre de alambre, casetas vestuarios, trampolín bien
dentro del río y su bar (antes no se decía chiringuito). Era de pago.
Casi como una piscina pero en el río. El Guadiana, en la Playa,
magnífico. ancho, con caudal, aguas aptas para el baño. Los
nadadores al trampolín, más varones que hembras, haciendo sus picados.
Existía profundidad suficiente para hacerlo. Los menos nadadores, cerca
de la orilla, pero igualmente disfrutando del río. Anécdota en la
Playa, primer ejercicio de ayuda al necesitado (no había socorrista).
Al tirarme del trampolín, una mujer sumergida, con los brazos en cruz,
pelo en desbandada, o sea, los principios de un futura ahogada. Mi
brazo izquierdo por su axila, nadando con el otro brazo, a la
superficie con ella, después la acerqué a la orilla. Una multitud junto
a mí y se hicieron cargo de la chica. Yo hice mutis por el foro. Edad,
15 años. Digo primer ejercicio, que hubo dos más pero en otros lugares,
que no viene a cuento ahora. Los muchachos, para evitar el pago y
poder disfrutar del trampolín, entraban por la mitad del río, si bien
los guardas de la playa estaban ojo avizor.
Ente los dos puentes, El Viejo y el Nuevo. Lugar
que me gustaba mucho, por la cantidad de conocidos, de mi edad y
algunos años más, los que tenían más edad ya empezaban con sus chisteos
y los más pequeños empezábamos el aprendizaje "sexuá", mirando, oyendo
y copiando de lo lindo. La rama de las féminas, supongo igual. Por lo
menos, las risitas, las miraditas y otros calentoneos existian, bueno
que si existían y, si no, que hablen las bartolas de cada cual. El
río era muy ancho, muchos cantos rodados y grandes, poca arena gorda,
pero la orilla tenía arbolado de eucaliptos, que aliviaban bastante con
su sombra. El cruzar de una orilla a otra, varias veces al día, máxime
cuando se trataba de acompañar a los mayores por alguna exhibición
varonil antes las hembras. El deslumbre del nadador, como tarzanes del
Guadiana.
El primer bañador, de marca "Meyba", color rojo, lo estrené entre
los dos Puentes, cortito, con un bolsillo pequeñito interior, con la
chapita de la marca Meyba. Cualquiera se ponía otro ya. Los jovencitos,
como los de ahora, a lucir marca. Esa marca de bañador ha creado una
forma genérica para denominar cualquier tipo de bañador de caballero,
pero es una marca, en mujer también lo había, pero en este caso, no
tuvo esa fijación genérica. Raro, pero cierto. Aún recuerdo todos
los que nos juntábamos en aquel lugar, pero los nombres no puedo
concretarlos y para que confunda unos con otros, lo mejor es no
citarlos. Pero muchos de los que ahora ya están jubilados, o próximos,
como maestros, funcionarios, de la banca, algunos militares, policías
secretas, autónomos de los electrodomésticos en la calle Menacho, al
final, inmobiliarias en la calle Mayor o por ahí, y un largo etcétera,
fuimos contemporáneos con el Guadiana de aquellos años. No digamos de
nuestros padres, pero supongo quizás de jóvenes, por el
condicionamiento social del primer tercio del siglo pasado, tuvieron
menos conciencia del agua del Guadiana. El Guadiana, como tanto
otros ríos, sus cabeceras están llenas de pantanos, la saca de agua
para el regadío es notable, la contaminación, quizás, sobresaliente,
por lo que cuando lo veo en mis visitas a Badajoz, es como uno de la
tercera o cuarta edad, decrépito y necesitado de ayuda, de mucha ayuda.
Dios lo quiera.
Valentín Rodríguez Rodríguez valentinpacense@gmail.com
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El jardín del tío Pepe
Uno, que creía conocerse todos los parques y jardines de Badajoz, con
su historia, especies características y tal, resulta que tiene uno casi
a la puerta de casa y no lo sabía. El jardín del tío Pepe, vulgo Huerto
de los olivos, en Santa Marina, en la avenida de Villanueva. Una
preciosidad, a pesar de sus reducidas dimensiones: abetos, olivos y
otras especies de árboles y arbustos decorativos. Y es que he pasado
siete veces por delante y veo que, en la zona frondosa frente a la
cervecería "100 Montaditos", todavía están las banderitas que los
mendas del local colocaron tiempo ha para la Feria de San Juan,
haciendo la publicidad del fino Tío Pepe. Y allí siguen ondeantes, a
pesar de que estamos ya en el mes de julio. Vaya jeta, Anacleta, los de
los "100 Montaditos", apropiándose del jardín público para su negocio.
Y los del Ayuntamiento, en la inopia. Pues voy a tener que darle un
toque al nuevo concejalense de Medio Ambiente del Ayuntamiento de
Badajoz, mi amigo Antonio Ávila, para que ponga orden en el jardín, que
es de todos, no de los "Montaditos" de marras. Y es que afean la
estética una barbaridad. Mientras tanto, uno que no entrará a tomarse
un montadito en el dichoso local. Que lo sepan.
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Los amores del Arcipreste, en Garganta de los Montes (Madrid), el 7
El Alcalde de Garganta de los Montes
tiene el honor de invitarles al estreno de la comedia musical LOS AMORES DEL ARCIPRESTE
de Apuleyo Soto y Pedro L. Nebreda.
7 de julio, a las 22 horas.
Plaza de Ntra. Sra. de los Prados.
Valle de Lozoya, Garganta de los Montes (Madrid).
Confirmación, al 661.808235
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LOS AMORES DEL ARCIPRESTE
Recreaciónlibre del Libro de Buen Amor. Texto de Apuleyo Soto y música de Pedro
Luis Nebreda.
ITINERARIO
Juan Ruiz sale, con su criado Telesforo,
desterrado de Hita (Guadalajara) por orden del arzobispo de Toledo, don Gil de
Albornoz, quizá por ayuntamiento “con hembra placentera”.
A través del Valle del Lozoya, en el Norte de
Madrid (Buitrago, Lozoyuela, Garganta, Alameda, Pinilla, Oteruelo…) asciende al
puerto de Malagosto y pasa a Sotosalbos, ya en Segovia, desde donde se dirige,
acompañado de los canónigos de la catedral, a saludar a su amigo el obispo de
la Ciudad del Acueducto.
Al cabo de unos días, escaso de dinero,
regresa nuevamente, pero esta vez se pierde y atraviesa los puertos de la
Fuenfría y Tablada.
En el camino de ida y vuelta se encuentra con
las enamoradizas vaqueras, que le piden portazgo, y con los venteros,
lavanderas, pastores y labriegos de la Sierra, mezcla de judíos, moros y
cristianos, con los que corre donosas aventuras, que el clérigo culto transcribe
en versos de una factura y frescura inigualables, creando los mitos del Don
Juan (él mismo), Doña Inés (monja Garoza) y la Celestina (Trotaconventos), que
aprovecharían y matizarían siglos después Rojas, Tirso y Zorrilla, entre otros
ingenios.
Me he tomado la licencia de incluir nuevos
pasajes que, si no fueran ciertos, tampoco desentonan del conjunto.
Las
distintas peripecias del amor divino y humano finalizan con los “Gozos a Santa
María”, cuyo estribillo os animamos a cantar con nosotros y reza así:
Quiero seguirte a Ti,
Flor de las flores,
No se descarriarán
Más mis amores.
Estamos
en Castilla hacia 1330, años góticos, penúltimos coletazos de la Edad Media y
vísperas carnales del Renacimiento.
Que
ustedes lo disfruten.
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De fotografías y "haikus", con los hermanos Bolaño Franco
Con gran éxito de público y el local abarrotado, se inauguró en el Museo de Bellas Artes la Exposición fotográfica Somnium, de los hermanos Pedro y Juan José Bolaño Franco. Viéndose a gentes de la cultura local, fotógrafos y familiares, aficionados a las bellas artes en general, amigos de los Museos, gentes del común y concejales socialistas, con Paco Muñoz, su flamante y sonriente portavoz, al frente. Sin olvidarme de la Delegada del Gobierno, Carmen Pereira, que no quiso perderse la función. Abrió el acto el director del Museo, Román Hernández Nieves, que dio las claves de la Exposición que se inauguraba --temática, autores, etc.--, al que seguiría Pedro Bolaño, que se mostró encantado de haberse conocido ante tan selecto auditorio. Comentando algunos aspectos del trabajo --terminado hace cuatro años--, la técnica empleada --analógica, la de toda la vida--, el recurso a los "haikus" --figura literaria japonesa de 3 versos, con 17 sílabas en total--, que expresan "lo que se siente en un momento", a modo de flash poético. También habló del número de obras presentadas, una selección de 21 de las 35 que constaba. Por supuesto, agradeció a sus colegas de la AFE (Agrupación Fotográfica Extremeña), el ánimo y la colaboración recibida, así como la presencia de todo el mundo, incluidos "los que vienen sólo a tomarse la copa". ¿Sería adivino? ¡Y es que allí había una representación de la Cofradía de lambuzos y tragaldabas culturales de esta ciudad! Le tuvieron que quitar el micro al tal Pedro, entusiasmado con el juguete, pues quería seguir y seguir. Por contra, su hermano Juan José estuvo discretísimo toda la noche y no dijo ni pío. En tercer lugar habló la diputada de la cosa cultural, Inmaculada Bonilla, que hizo el discurso institucional que se corresponde, destacando la "importancia de la fotografía como medio de expresión", la del Museo, como "espacio abierto a formas de expresión plástica variadas", "el tratamiento de la imagen de los hermanos Bolaño, absolutamente original", y, como remate, que "esta Exposición nos procura gran placer estético". Muy bueno lo tuyo, Inma, alcaldesa de Táliga y diputada de Cultura, para más señas.
FOTOGRAFÍAS Y "HAIKUS" Pasando al contenido, las 21 fotografías, de gran formato, son sencillamente extraordinarias. Utilizando sabiamente la técnica del "sandwich" y empleando el blanco/negro y el color, los Bolaño brothers han conseguido unos paisajes urbanos de ensueño, distorsionados, fantásticos, sugestivos, de impresión, donde predominan los colores ocres y pardos. Paisajes entre los que pueden adivinarse algunos de nuestra ciudad. Y, por si fuera poco, los cuadros vienen acompañados de unos breves textos poéticos --esquemáticos, diría yo--, denominados "haikus", a modo de flashes, que te quedan como ensimismado. En mi opinión, las fotografías tienen suficiente entidad como para ser expuestas sin necesidad de acompañamiento. Y los "haikus" --3 versos cortísimos--, lo mismo. Pero se ha querido unir estas dos formas artísticas para fortalecer la impresión de instantaneidad, de inmediatez. Y, si no, vean algunas de estas perlas literarias:
Tañen las campanas, días de sed, se arruga el alma.
Pinceles curvos, realidad distorsionada, es mi paleta.
Me ciega tu luz, tu piel me abrasa, no vivo sin ti.
A la solana canta la chicharra, no puedo dormir.
Líneas y líneas, geometría vital, sigo el camino.
Oigo silencios, huella de despedida, fin del verano.
LA COPICHUELA Terminada la visita, los del Museo invitaron a la concurrencia a una copa de cava en el Jardín, donde se estaba de puta madre, con el fresquito. El cava era un Marqués de Badajoz, elaborado para las afamadas Bodegas Medina, de Badajoz. Gratísimo ambiente la noche de los Bolaño brothers, cuya Exposición es de obligada visita. Sólo un fallo, uno sólo: faltaba el reglamentario Catálogo.
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Mi caballo de espadas
El otro día, mirando las musarañas en la céntrica avenida de Europa,
junto a la parada de los autobuses urbanos, que veo una carta nuevita y
flamante en el suelo. La recojo y veo que es el caballo de espadas, con
su caballero, su espada y su Q reglamentarias. Bella estampa de la
baraja española de nuestro Heraclio Fournier, el de la fábrica de
naipes de Vitoria. Y no sé si ésto es señal de buena o mala suerte, que
no tengo una echadora de cartas a mano. Por lo que miro alrededor, por
si alguien la ha perdido, y nada. Y miro arriba, en los balcones de los
grandes edificios de la zona, y creo adivinar que ha venido de esa
dirección. De alguna partida que echaba un matrimonio de jubilatas para
entretenerse. Y uno de ellos que habrá dicho eso tan clásico:
--¡Las cuarenta y arrastro!
Y al arrastrar se ha llevado con furia las cartas y mi caballo de
espadas ha salido echando leches, volando hasta el suelo. Y se acabó la
partida, que hace falta tener el palo de espadas al completo. Por lo que
si alguno de los vecinos de la avenida de marras pone un cartel por las
farolas y cabinas de teléfonos, diciendo que se le ha perdido un
caballo de espadas, que le ayuden a encontrarlo, que se recompensará y tal, que le digan que lo
tiene el abajo firmante. Que se lo devuelvo de inmediato, faltaría plus. Y, mientras, que coloco a mi caballo de espadas en mi altar de iconos de la tradición, junto con la banderita hispano-extremeña con el toro de Osborne y el escudo del C. D. Badajoz. ¡Qué menos!
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Monumentos a la desidia y al abandono
Paseando por algunas zonas del Casco histórico de Badajoz, la
contemplación de algunos edificios, abandonados y en pésimo estado de
conservación, te hacen caer los palos del sombrajo. Y, como ejemplos,
valgan dos edificios enormes de la zona de Martín Cansado. El primero,
un enorme caserón o palacete (Martín Cansado 14, antes, 18, esquina
Ramón Albarrán), de tres plantas, con sus soberbias rejas de forja y
sus dos espléndidos miradores, donde puede apreciarse el paso del
tiempo y la rotura de muchos de sus cristales. Y, delante de la
fachada, dos jardincillos donde campan por sus respetos la basura y los
ramajes asilvestrados. Y el segundo, otro enorme caserón, en el 16
de Ramón Albarrán, esquina con el 12-A de Martín Cansado (antes, 16-A).
Con un enorme portón como para la entrada, además de la gente, de
carruajes y caballerías. Esos portones que incluían una puerta pequeña
que se abría con las pesadas llaves de antaño. Edificio que lleva
abandonado, cerrado a cal y canto, desde hace la intemerata. Y ambos
predios, por cierto, a pocos metros de la plazuela de San Atón y de la plaza de
España, en pleno corazón de la ciudad antigua. Sin, al menos, lucirles las fachadas, que dan pena, penita, pena. Y unos y otros
--propietarios y técnicos municipales--, mirando para otro lado, con la
casa por barrer. Otros dos monumentos a la desidia y al abandono de los muchos con que cuenta nuestro Casco antiguo.
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