El Fuerte de San Cristóbal en otros tiempos

Por El Avisador - 1 de Julio, 2007, 17:45, Categoría: General

Hace mucho tiempo que no visito el Fuerte de San Cristóbal de Badajoz, pero aún lo tengo en mi pequeña memoria de la infancia, como lugar donde los niños teníamos otras oportunidades de entretenimientos y juegos que, normalmente, en el día a día, no hacíamos. Ir al Fuerte, como así era conocido, ya suponía un aliciente considerable, como salir de paseo o cosa parecida.
Un día clásico del Fuerte, el de Todos los Santos, con cientos de personas en sus aledaños, muchas mujeres con sus hijos, haciendo "casamientos", a saber, higos pasados con castañas, que, por cierto, no me gustaban mucho. Pero una cosa que nunca olvido son los lirios, las amapolas, las peñas donde me sentaba, subir hasta la parte superior del Fuerte, o sea, el propio Fuerte militar y mirar los fosos y las personas que por allí transitaban, no muchas, o por los menos, no se dejaban ver. Los soldados del recinto militar, sí, alguno más que otros. Como era un niño, supongo que lo que deseaban es que me fuera de aquel sitio. Ahora lo comprendo mejor.
Otro clásico del Fuerte, los jueves por la tarde, los seminaristas de Badajoz, futuros curas, estola roja sobre sotana negra. En fila de dos, sin hablar por la calle, sin distraer la mirada, en un estado de sumisión que no veas. Pasaban por la Estación de ferrocarril con dirección al Fuerte. Creo que cuando estaban en el promontorio lo pasarían mejor. Los seminaristas de aquellas fechas, siendo unos niños la mayoría, ya empezaban a entrar en cintura clerical. Que Dios nos libre. Ave María.
El Fuerte, por la tarde, los muchachos algo mayores que el menda hacían de las suyas, disfrutaban al máximo, así lo creía  yo, los que vivían más próximo, por ejemplo, en las Lavanderas, carretera de Campomayor, hoy Cardenal Cisneros, López Diéguez, etc., etc., me figuro que muchos tendrán más de una anécdota que contar.
Otro cosa muy importante para mí, como misteriosa, era ver pasar a un jeep del Ejército, color caqui, casi siempre a la misma hora. Descapotable, con el soldado conductor llevándolo por el propio camino del Fuerte, muy chuleta él. Al niño le hubiera gustado estar como el soldado, conduciendo a toda mecha el jeep americano, como el que se veía en las películas de guerra. El jeep pasaba muy próximo a un cantera profunda, lo que suponía que un despiste, al hoyo con él.
El ambiente en domingo era bueno, sobre todo en otoño-primavera. En verano, el sol en todo lo alto, imposible. Cayendo la tarde-noche, si era algo más fresco, sí corría algo de aire.
En las faldas del Fuerte, por la parte norte, el canal de agua potable a cielo abierto, que rodeaba el promontorio por el noreste hasta su llegada a la Casa de las Aguas, en la Cabeza del Puente Viejo.
Más de una vez y más de dos me asomé al canal para ver la corriente que llevaba, mucha, por cierto. Agua limpia, aunque las pequeñas algas adosadas al fondo del canal parece que la enturbiaban un poco.
Las dos canteras en la parte este del promontorio daban miedo por lo peligrosas, careciendo de protección para evitar caídas a sus profundidades. El asunto de la prevención estuvo y está en otra galaxia.
Como mi padre nos llevaba por las tardes al canal de los Ayala para bañarnos, pasaba por el Fuerte con toda la calor y, al regreso, ya de noche, entrábamos en la cantina de Marchivirito (en la faldas del Fuerte, parte norte) y nos invitaba a una gaseosa blanca. Sólo algunos días, que, además, estábamos deseando. Y otras veces llegábamos hasta la cima del Fuerte, nos sentábamos en un mojón de cemento y a descansar un poco. Desde la Estación de ferrocarril hasta el  canal de los Ayala hay un trecho y después de jugar en las aguas del Guadiana unas cuantas de horas, había que hacer una paradita. Llevaba un hermano muy pequeño andando y se cansaba más. Una noche pasó junto a mí una serpiente negra de grandes proporciones. Nunca he olvidado al ofidio.
Badajoz, en aquellas fechas, tenía parques, como el Infantil, donde los niños daban rienda suelta a su necesidades, pero lo del Fuerte era como más aventurero, más libre, otra cosa distinta.
Quiero tener en mi memoria ese Fuerte, ningún otro. Nada más.

Valentín Rodríguez Rodríguez
valentinpacense@gmail.com

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