Hola, Pedro:
En primer lugar, felicitarte por el día de tu santo, en segundo lugar, por tener un Santo en ferias, donde las onomástica se celebran con más pasión y alboroto. Quién pudiera estar en una de esas calles del Casco antiguo, con sus veladores llenos de gente guapa tomando algo. Y, cómo no, por esa vuelta al pasado que me das con el cierre del emblemático bar 101, santo y seña de aquellos añorados años de juventud, que un día los de nuestra quinta tuvimos. Sí que me acuerdo de ese bar, cuando veníamos del pueblo unos cuantos mozalbetes a bailar a Badajoz, bien al Centro Obrero, en la calle Ramón Albarrán, o al Liceo, en la calle el Obispo. Más de una vez invitábamos al ligue de turno a un bocadillo de calamares en dicho bar. Si no ligabas, al menos te compensaban los calamares. De mi estancia en Badajoz no me estaba permitido el entrar en bares de este tipo por dos motivos: era un chinorro y no tenía un duro.
Pedro, una vez más, das una lección magistral de un relato sobre algo que está ahí, pero que mucho me temo que muchos de los implicados directamente en el tema pudieran tener tanto conocimiento como de este bar tienes tú. No me canso de darte las gracias, porque, como antes dije, me llevas a rebobinar las vivencias de algo que añoro y que intento mantener vivo, puede que por el egoismo de mi razón de ser. Pedro, felicidades y un abrazo.
Ramón Díez Piri
san.ra@hotmail.com
BARCELONA