Nos
escribes casi todos los días, querido Pedro, justo es que hoy te escribamos a
ti, corazón de noticias, amigo de las letras, reportero vigilante de esta
ciudad de miserias y sueños. En estas jornadas de Feria, cuando todo parece superficialidad, tú nos haces la
necrológica de un bar, el 101, donde yo recalaba para tomar un vermut cuando mi
padre me traía en un autobús de gasolina y vómitos a examinarme por libre y oral,
ante las caras serias y enjutas de los catedráticos Carrascosa y Carapeto. Nadie llorará su medio siglo de
servicio público, repartiendo sabores y consuelo, a pesar de que todo ese
tiempo lo ha pasado sin reclamar los favores hechos. Los bares, como las ciudades de Sánchez Adalid, también
tienen alma. Es más, no hay nada que tenga más alma que las paredes de un bar,
de una buena taberna. Son tabernáculos y confesionarios cuando el solitario bebedor
se confiesa con el mostrador teniendo como notario a un camarero y a las horas
brujas de la madrugada.
Te
deseo buen día y todos los buenos días de todos los años y que San Pedro, dueño
de las llaves que son los cortinones del teatro celestial que tapan, sea
generoso contigo e ilumine tu
AVISADOR, para que gocemos con tus letras y tus ocurrencias.
Un
fuerte abrazo.
Feliciano Correa Gamero
felicianocorrea@terra.es