Adiós al bar 101

Por El Avisador - 28 de Junio, 2007, 10:53, Categoría: General

Después de 51 años abierto al público en el que fuera el antiguo nº 101 de la calle de Santo Domingo, cierra para siempre en Badajoz un bar popular y emblemático donde los haya: el 101. Tras medio siglo de existencia, dando de beber, picar y comer al estilo casero a varias generaciones de pacenses (1956-2007). Y es que el bar 101 --expropiado por el Ayuntamiento hace años-- será demolido a primeros de julio para alinear la calle Guardia Civil con la plazuela de Santo Domingo. En tanto el resto de los locales colindantes --zapatería, farmacia, restaurante...-- deberán retranquearse.
Antonio González, uno de los taberneros más conocidos de este pueblo, último eslabón de la prolífica saga de los González, aquélla que iniciaran por los pagos de San Roque sus abnegados padres, doña Angelita Hernández y don Agustín González, que en paz descansen, echa el cierre, entrega las llaves al Ayuntamiento y se jubila.
La historia del 101 arranca en el barrio de San Roque con la taberna Casa Angelita, en la calle Calderón de la Barca, detrás de la iglesia del barrio de los "machas". El matrimonio González Hernández tuvo nada menos que 10 hijos --6 varones y 4 mujeres--, por lo que tuvieron que trabajar duro y sin descanso para sacar adelante a su numerosa prole. Y después de cambiarse a otros lugares de la ciudad, en 1956 recalaron en el actual local, que hacía exactamente el 101 de la calle Santo Domingo. De ahí el nombre escogido, que ahora, como la calle parece haber "encogido", no es tal, sino el 81.
El 101 de los González, con el padre y los hijos mayores en la barra y doña Angelita en la cocina, tuvieron, con el paso del tiempo, un éxito extraordinario, siendo uno de los locales más populares y concurridos de Badajoz. Además de las copas y los aperitivos del mediodía, el 101 gozó de merecida fama entre los pacenses y los muchos forasteros de la provincia que, día tras día, venían a Badajoz a diversos quehaceres, quedándose en el bar a comer o a meterse unos bocatas en el cuerpo. No debemos olvidar que los taxis de fuera solían parar en la plaza, dejando a los viajeros en las cercanías del bar. Igualmente, los usuarios de La Estellesa quedaban aquí sus paquetes, arreglaban sus asuntos del día, volvían a comer al bar y regresaban con sus cosas a sus pueblos de procedencia. Y no sólo era conocido por la calidad y la abundancia de sus platos caseros, sino, además, por sus precios económicos, aptos para todos los bolsillos, especialmente los de las clases menos favorecidas. Aquéllos que pasaron por su comedor recordarán algunos de sus platos más populares. Como éstos:

Primeros
Potaje, cocido extremeño y judías con chorizo
Segundos
Caldereta de cordero, riñones y pollo en pepitoria
Bocatas
De calamares
(que se despachaban por miles al cabo del año)
Pescados fritos
Rape (entre otros)

En el año 1975, el Ministerio de Turismo dispuso que el Plato turístico se ofreciera a 100 pesetas de las de antes. Pues bien, el 101 cobraba 60. Y cuando les obligaron a rectificar, a poner las 100 pesetas como todo el mundo, ¿qué hicieron? Pues poner los platos a rebosar, con doble ración de comida. Así que los que allí almorzaban salían comidos, merendados y cenados.

LAS PEÑAS DEL 101
Además de su función gastronómica, el 101 pasará a la pequeña historia de la ciudad por las muchas peñas que allí tenían su sede, el lugar ideal para hablar de sus cosas, celebrar algunas de sus reuniones, festejar los éxitos, preparar los trajes y las coplas de Carnaval, hacer ensayos y actuaciones. .. Y es que los González, familia acogedora donde las haya, dispensaba a todo el mundo un trato familiar y cercano. El 101 fue durante muchos años, además del sitio donde se quedaba para tomarse unas copas, unas raciones y unos aperitivos, el centro de reunión de grupos de amigos y peñas del baloncesto local, del fútbol base, especialmente del Flecha Negra-101, del balonmano, de las gentes de la cercana Ciudad Juvenil del Frente de Juventudes, en la memoria de Menacho, alumnos de la vieja escuela de Magisterio, miembros de los Sindicatos verticales.. . Los muchos cuadros, fotografías enmarcadas y trofeos que adornan sus paredes así lo atestiguan.
Y, entre todos los deportes, la pasión por el fútbol-base local de la familia González daría uno de sus frutos más queridos: el Flecha Negra-101. Emblemático club pacense, santo y seña de la cantera local, que todavía continúa con sus equipos en liza, auténtico vivero de jugadores para el C. D. Badajoz y otros equipos de categoría nacional en España.
Quién no recuerda al benemérito Paco Robles, extraordinario cocinero de la Casa y primer presidente del Flecha Negra-101, fundado en 1962. Con Antonio González, el hijo mayor, de vicepresidente. Que accedería al puesto de Paco, al marcharse éste de la ciudad, ocupando el mismo nada menos que 25 años consecutivos. Por lo que no es de extrañar que los cuadros y las fotografías antiguas de sus equipos sobresalgan en sus viejas paredes, prestas a derribarse.
En las últimas décadas, el bar 101 --en su segunda ubicación en la cercana calle de Fernández de la Puente-- ha dado cobijo a grupos pacenses del Carnaval, como la murga Los Perigallos y la comparsa Los Desertores. Decenas de fotos y trofeos en sus vitrinas lo explican a la perfección.
También es cubil de cazadores y pescadores, que aprovechan el buen trato que les dispensa Antonio para hablar con toda tranquilidad de sus cosas. Y cuando uno va a tomarse una copa, no es difícil asistir a sabrosos diálogos como éste:
--Pues a mi no me gustan los pescadores de ahora --dice uno.
--¿Y eso? --le contesta otro.
--¡Y es que no se comen lo que pescan!
--¡¡¡¡¡¡¡¡
--¡Claro, como ya no hay hambre...!

Pero la peña más peculiar de cuantas ha tenido el 101, y que todavía pervive, es la denominada "Los Pegotes". Grupo de amigos, comandado por nuestro Antonio, formado por gente de lo más variopinta de la ciudad, entre los que abundan los profesores y los funcionarios, que se reúnen dos veces a la semana en el bar y que cuando llegaba Navidad visitaban a los niños y mayores de nuestros hospitales, llevándoles caramelos y golosinas a los primeros y... ¡cigarros, botellas de coñac y anís a los segundos! !Que manda huevos! Pero para entrar en la peña, para que te nombraran "pegote" del 101, tenías que hacer una "pegotada", o séase, una prueba de "ingreso", "tirarse un pegote". Como, por ejemplo, conquistar a una buena moza y demostrárselo a los amigotes.

UN BAR POPULAR
Antes de que desaparezca, había que hacer una visita y tomar fotografías de un bar que tanto ha significado para la ciudadanía pacense. El viejo local aparece presidido por un gran retrato de doña Angelita y don Agustín, los patriarcas de la familia, sonrientes ellos, comiendo en el bar, precisamente. Y está adornado con dos banderas españolas en los laterales, con una sobria inscripción, que dice: "Angelita y Agustín. Creadores de la Familia 101". En su interior, decenas de fotos y cuadros enmarcados, trofeos y recuerdos, premios y distinciones. Como un Museo. Con una decoración que responde a los cánones del abigarrado arte popular: carteles de toros y del Porrina, equipos de fútbol base, Vírgenes y Santos, cachivaches antiguos, carteles de fiestas locales, etc. Pero con una singularidad: ¡el techo está decorado! Con carteles de casi todas las fiestas de Badajoz: Carnavales, Semana Santa, San Juan, Las Candelas, Romería de Bótoa, Viernes Santo con la Soledad, Al-Mossassa. .. Aparte de otras zonas, también del techo, decoradas con... ¡viejas participaciones de lotería! Así como un enorme cartel que lleva allí dos años y que dice "¡Felices Fiestas!", rodeado de una gavilla de dichos sentenciosos sobre la lotería de Navidad y la suerte, en general. Como éstos:

Un día de suerte/ sería el 22 de diciembre,
si toca la lotería/ que esta Casa expende.

Si esta Navidad/ se te aparece la suerte,
agárrala sin piedad/ antes que se suelte.

Si tientas mucho a la suerte/ puede denunciarte por acoso.

Si la dichosa suerte/ lo estimara oportuno,
un niño cantará fuerte/ el número del 101.

No pienses que la suerte/ te dio la espalda,
mejor que pises fuerte/ para alcanzarla.


Y es que esta decoración tan sui generis tiene una explicación de lo más prosaica. Según el último de los González, al techo le salieron unas grietas y desconchones y para disimularlos, no se le ocurrió otra cosa al baranda que taparlas a base de carteles de fiestas y participaciones sin premio de la Lotería. No había necesidad de hacer obras, con la pasta que cuestan, máxime si el local sería derribado más tarde.

ANTONIO GONZÁLEZ, TABERNERO
Y ahí queda el último bastión del clan, el último del 101, Antonio González, del Badajoz de toda la vida, además de la quinta del abajo firmante. Uno que hizo cuarto y reválida, pero que tuvo que dejar los estudios para echar una mano a sus padres. Como sus hermanos varones. Aunque de los seis --además de él, Elías, Juan, Miguel, Manolo y Agustín--, sólo queden el propio Antonio, Elías y Juan, que Miguel, Manolo y Agustín ya no están con nosotros. Por contra, todas sus hermanas --Manuela, Agustina, Nicolasa y Angelita-- siguen haciendo crecer tan pimpantes el clan de los González por el todo Badajoz, con sus muchos hijos y nietos.
Antonio, con 63 tacos, uno menos en Canarias, en el tajo desde los 15 añitos, es un tipo sobrio, con su camisa blanca de tantos años de oficio, ojos vivillos, con gran sentido del humor, socarrón a veces, con la cara y las manos curtidas de sus muchos años tras la barra. Pero que no ha perdido nunca su sonrisa y su bonhomía. Un tipo legal a quien le puedes comprar un coche de quinta mano con los ojos cerrados. Uno que sigue considerándose, y a mucha honra, tabernero. Que ha visto de todo en su local, por el que ha pasado el todo Badajoz y media provincia.
--Como para escribir 50 libros --te dice.
Uno que está adornado con las cualidades del buen tabernero.
--¿Cuáles, si puede saberse? --meto baza.
--Pues ver, oir y callar.
Trabajador nato, marca de la Casa, con horarios de 7,30 a 22,30. Con sus hermanos hacía turnos y la cosa era pasable, pero desde 1999 ha venido llevando solo el negocio.
Y cuando llegas a intimar con él, que habla y no para de la patronal, de su Margarita.
--La que el sentío me quita --te contesta el menda, haciendo un pareado y todo.
--Así que ahora, con más tiempo, podrás usar el ordenador, meterte en Internet y tal, ¿no?
--No, yo no tengo ordenador, que tengo ordenadora.
--????
--Margarita es mi ordenadora, la que ordena y manda...
--¡¡¡¡¡¡¡¡
Y, cómo no, de sus tres hijas, todas muy bien colocadas, por cierto: Yolanda, que trabaja en una empresa, Inés María, ATS, y Margarita, periodista en los Madriles. Y cuando habla de sus tres nietos --con esa peculiar afonía suya de siempre--, hay que darle un pañuelo a mi Antonio. Y es que no lo puede remediar.

ÚLTIMO DÍA
El 29, día de San Pedro y San Pablo, el 101 abrirá por ultima vez en su dilatada vida. Antonio ha invitado a sus amigos y clientes de siempre. A tomarse una copa de despedida. Y ya no será él quién sirva, sino los amigos. El que durante tantos años ha venido sirviendo a los demás, ahora serán los demás quienes le sirvan. Bonita despedida, pardiez. Que no evitará que la añoranza y algunas lágrimas furtivas turben sus ojos. Y es que, como dice mi amigo Antonio González, el último del 101, "ésto es como un parto que llevo esperando muchos años, aunque uno no esté preparado para ello".
Gracias, Antonio, tabernero de Badajoz, gracias, hermanos González, gracias, doña Angelita y don Agustín, por habernos alegrado la vida y los estómagos durante medio siglo. La vida es así y se lleva por delante, después de medio siglo de existencia, locales como el bar 101, un rincón lleno de vida de nuestro querido Badajoz. Pero nos queda la memoria. Y el agradecimiento, que bien merecéis que el Ayuntamiento de Badajoz os dedique una calle. Y con este rótulo:

Familia González Fernández.
Hosteleros. Bar 101.
Siglos XX-XXI

¡Adiós, 101, adiós!

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