Adiós al bar 101
Después de 51 años abierto al público en el que fuera el antiguo nº
101 de la calle de Santo Domingo, cierra para siempre en Badajoz un bar
popular y emblemático donde los haya: el 101. Tras medio siglo de
existencia, dando de beber, picar y comer al estilo casero a varias
generaciones de pacenses (1956-2007). Y es que el bar 101 --expropiado
por el Ayuntamiento hace años-- será demolido a primeros de julio para
alinear la calle Guardia Civil con la plazuela de Santo Domingo. En
tanto el resto de los locales colindantes --zapatería, farmacia,
restaurante...-- deberán retranquearse. Antonio González, uno de
los taberneros más conocidos de este pueblo, último eslabón de la
prolífica saga de los González, aquélla que iniciaran por los pagos de
San Roque sus abnegados padres, doña Angelita Hernández y don Agustín
González, que en paz descansen, echa el cierre, entrega las llaves al
Ayuntamiento y se jubila. La historia del 101 arranca en el barrio
de San Roque con la taberna Casa Angelita, en la calle Calderón de la
Barca, detrás de la iglesia del barrio de los "machas". El matrimonio
González Hernández tuvo nada menos que 10 hijos --6 varones y 4
mujeres--, por lo que tuvieron que trabajar duro y sin descanso para
sacar adelante a su numerosa prole. Y después de cambiarse a otros
lugares de la ciudad, en 1956 recalaron en el actual local, que hacía
exactamente el 101 de la calle Santo Domingo. De ahí el nombre
escogido, que ahora, como la calle parece haber "encogido", no es tal,
sino el 81. El
101 de los González, con el padre y los hijos mayores en la barra y
doña Angelita en la cocina, tuvieron, con el paso del tiempo, un éxito
extraordinario, siendo uno de los locales más populares y concurridos
de Badajoz. Además de las copas y los aperitivos del mediodía, el 101
gozó de merecida fama entre los pacenses y los muchos forasteros de la
provincia que, día tras día, venían a Badajoz a diversos quehaceres,
quedándose en el bar a comer o a meterse unos bocatas en el cuerpo. No
debemos olvidar que los taxis de fuera solían parar en la plaza,
dejando a los viajeros en las cercanías del bar. Igualmente, los
usuarios de La Estellesa quedaban aquí sus paquetes, arreglaban sus
asuntos del día, volvían a comer al bar y regresaban con sus cosas a
sus pueblos de procedencia. Y no sólo era conocido por la calidad y la
abundancia de sus platos caseros, sino, además, por sus precios
económicos, aptos para todos los bolsillos, especialmente los de las
clases menos favorecidas. Aquéllos que pasaron por su comedor
recordarán algunos de sus platos más populares. Como éstos:
Primeros Potaje, cocido extremeño y judías con chorizo Segundos Caldereta
de cordero, riñones y pollo en pepitoria Bocatas De calamares (que se despachaban por miles al cabo del año) Pescados fritos Rape (entre otros)
En
el año 1975, el Ministerio de Turismo dispuso que el Plato turístico se
ofreciera a 100 pesetas de las de antes. Pues bien, el 101 cobraba 60.
Y cuando les obligaron a rectificar, a poner las 100 pesetas como todo
el mundo, ¿qué hicieron? Pues poner los platos a rebosar, con doble
ración de comida. Así que los que allí almorzaban salían comidos,
merendados y cenados.
LAS PEÑAS DEL 101 Además de su función
gastronómica, el 101 pasará a la pequeña historia de la ciudad por las
muchas peñas que allí tenían su sede, el lugar ideal para hablar de sus
cosas, celebrar algunas de sus reuniones, festejar los éxitos, preparar
los trajes y las coplas de Carnaval, hacer ensayos y actuaciones. .. Y
es que los González, familia acogedora donde las haya, dispensaba a
todo el mundo un trato familiar y cercano. El 101 fue durante muchos
años, además del sitio donde se quedaba para tomarse unas copas, unas
raciones y unos aperitivos, el centro de reunión de grupos de amigos y
peñas del baloncesto local, del fútbol base, especialmente del Flecha
Negra-101, del balonmano, de las gentes de la cercana Ciudad Juvenil
del Frente de Juventudes, en la memoria de Menacho, alumnos de la vieja
escuela de Magisterio, miembros de los Sindicatos verticales.. . Los
muchos cuadros, fotografías enmarcadas y trofeos que adornan sus
paredes así lo atestiguan. Y,
entre todos los deportes, la pasión por el fútbol-base local de la
familia González daría uno de sus frutos más queridos: el Flecha
Negra-101. Emblemático club pacense, santo y seña de la cantera local,
que todavía continúa con sus equipos en liza, auténtico vivero de
jugadores para el C. D. Badajoz y otros equipos de categoría nacional
en España. Quién
no recuerda al benemérito Paco Robles, extraordinario cocinero de la
Casa y primer presidente del Flecha Negra-101, fundado en 1962. Con
Antonio González, el hijo mayor, de vicepresidente. Que accedería al
puesto de Paco, al marcharse éste de la ciudad, ocupando el mismo nada
menos que 25 años consecutivos. Por lo que no es de extrañar que los
cuadros y las fotografías antiguas de sus equipos sobresalgan en sus
viejas paredes, prestas a derribarse. En las últimas décadas, el bar
101 --en su segunda ubicación en la cercana calle de Fernández de la
Puente-- ha dado cobijo a grupos pacenses del Carnaval, como la murga
Los Perigallos y la comparsa Los Desertores. Decenas de fotos y trofeos
en sus vitrinas lo explican a la perfección. También es cubil de cazadores y pescadores, que
aprovechan el buen trato que les dispensa Antonio para hablar con toda
tranquilidad de sus cosas. Y cuando uno va a tomarse una copa, no es
difícil asistir a sabrosos diálogos como éste: --Pues a mi no me gustan los pescadores de ahora --dice uno. --¿Y eso? --le contesta otro. --¡Y es que no se comen lo que pescan! --¡¡¡¡¡¡¡¡ --¡Claro, como ya no hay hambre...!
Pero
la peña más peculiar de cuantas ha tenido el 101, y que todavía
pervive, es la denominada "Los Pegotes". Grupo de amigos, comandado por
nuestro Antonio, formado por gente de lo más variopinta de la ciudad,
entre los que abundan los profesores y los funcionarios, que se reúnen
dos veces a la semana en el bar y que cuando llegaba Navidad visitaban
a los niños y mayores de nuestros hospitales, llevándoles caramelos y
golosinas a los primeros y... ¡cigarros, botellas de coñac y anís a los
segundos! !Que manda huevos! Pero para entrar en la peña, para que te
nombraran "pegote" del 101, tenías que hacer una "pegotada", o séase,
una prueba de "ingreso", "tirarse un pegote". Como, por ejemplo,
conquistar a una buena moza y demostrárselo a los amigotes.
UN BAR POPULAR Antes
de que desaparezca, había que hacer una visita y tomar fotografías de
un bar que tanto ha significado para la ciudadanía pacense. El viejo
local aparece presidido por un gran retrato de doña Angelita y don
Agustín, los patriarcas de la familia, sonrientes ellos, comiendo en el
bar, precisamente. Y está adornado con dos banderas españolas en los
laterales, con una sobria inscripción, que dice: "Angelita y Agustín.
Creadores de la Familia 101". En su interior, decenas de fotos y
cuadros enmarcados, trofeos y recuerdos, premios y distinciones. Como
un Museo. Con una decoración que responde a los cánones del abigarrado
arte popular: carteles de toros y del Porrina, equipos de fútbol base,
Vírgenes y Santos, cachivaches antiguos, carteles de fiestas locales,
etc. Pero con una singularidad: ¡el techo está decorado! Con carteles
de casi todas las fiestas de Badajoz: Carnavales, Semana Santa, San
Juan, Las Candelas, Romería de Bótoa, Viernes Santo con la Soledad,
Al-Mossassa. .. Aparte de otras zonas, también del techo, decoradas
con... ¡viejas participaciones de lotería! Así como un enorme cartel
que lleva allí dos años y que dice "¡Felices Fiestas!", rodeado de una
gavilla de dichos sentenciosos sobre la lotería de Navidad y la suerte,
en general. Como éstos:
Un día de suerte/ sería el 22 de diciembre, si toca la lotería/ que esta Casa expende.
Si esta Navidad/ se te aparece la suerte, agárrala sin piedad/ antes que se suelte.
Si tientas mucho a la suerte/ puede denunciarte por acoso.
Si la dichosa suerte/ lo estimara oportuno, un niño cantará fuerte/ el número del 101.
No pienses que la suerte/ te dio la espalda, mejor que pises fuerte/ para alcanzarla.
Y es que esta decoración tan sui generis
tiene una explicación de lo más prosaica. Según el último de los
González, al techo le salieron unas grietas y desconchones y para
disimularlos, no se le ocurrió otra cosa al baranda que taparlas a base
de carteles de fiestas y participaciones sin premio de la Lotería. No
había necesidad de hacer obras, con la pasta que cuestan, máxime si el
local sería derribado más tarde.
ANTONIO GONZÁLEZ,
TABERNERO Y
ahí queda el último bastión del clan, el último del 101, Antonio
González, del Badajoz de toda la vida, además de la quinta del abajo
firmante. Uno que hizo cuarto y reválida, pero que tuvo que dejar los
estudios para echar una mano a sus padres. Como sus hermanos varones.
Aunque de los seis --además de él, Elías, Juan, Miguel, Manolo y
Agustín--, sólo queden el propio Antonio, Elías y Juan, que Miguel,
Manolo y Agustín ya no están con nosotros. Por contra, todas sus
hermanas --Manuela, Agustina, Nicolasa y Angelita-- siguen haciendo
crecer tan pimpantes el clan de los González por el todo Badajoz, con
sus muchos hijos y nietos. Antonio, con 63 tacos, uno menos en
Canarias, en el tajo desde los 15 añitos, es un tipo sobrio, con su
camisa blanca de tantos años de oficio, ojos vivillos, con gran sentido
del humor, socarrón a veces, con la cara y las manos curtidas de sus
muchos años tras la barra. Pero que no ha perdido nunca su sonrisa y su
bonhomía. Un tipo legal a quien le puedes comprar un coche de quinta
mano con los ojos cerrados. Uno que sigue considerándose, y a mucha
honra, tabernero. Que ha visto de todo en su local, por el que ha
pasado el todo Badajoz y media provincia. --Como para escribir 50 libros --te dice. Uno que está adornado con las cualidades del buen tabernero. --¿Cuáles, si puede saberse? --meto baza. --Pues ver, oir y callar. Trabajador
nato, marca de la Casa, con horarios de 7,30 a 22,30. Con sus hermanos
hacía turnos y la cosa era pasable, pero desde 1999 ha venido llevando
solo el negocio. Y cuando llegas a intimar con él, que habla y no para de la patronal, de su Margarita. --La que el sentío me quita --te contesta el menda, haciendo un pareado y todo. --Así que ahora, con más tiempo, podrás usar el ordenador, meterte en Internet y tal, ¿no? --No, yo no tengo ordenador, que tengo ordenadora. --???? --Margarita es mi ordenadora, la que ordena y
manda... --¡¡¡¡¡¡¡¡ Y,
cómo no, de sus tres hijas, todas muy bien colocadas, por cierto:
Yolanda, que trabaja en una empresa, Inés María, ATS, y Margarita,
periodista en los Madriles. Y cuando habla de sus tres nietos --con esa
peculiar afonía suya de siempre--, hay que darle un pañuelo a mi
Antonio. Y es que no lo puede remediar.
ÚLTIMO DÍA El 29, día
de San Pedro y San Pablo, el 101 abrirá por ultima vez en su dilatada
vida. Antonio ha invitado a sus amigos y clientes de siempre. A tomarse
una copa de despedida. Y ya no será él quién sirva, sino los amigos. El
que durante tantos años ha venido sirviendo a los demás, ahora serán
los demás quienes le sirvan. Bonita despedida, pardiez. Que no evitará
que la añoranza y algunas lágrimas furtivas turben sus ojos. Y es que,
como dice mi amigo Antonio González, el último del 101, "ésto es como
un parto que llevo esperando muchos años, aunque uno no esté preparado
para ello". Gracias, Antonio, tabernero de Badajoz, gracias,
hermanos González, gracias, doña Angelita y don Agustín, por habernos
alegrado la vida y los estómagos durante medio siglo. La vida es así y
se lleva por delante, después de medio siglo de existencia, locales
como el bar 101, un rincón lleno de vida de nuestro querido Badajoz.
Pero nos queda la memoria. Y el agradecimiento, que bien merecéis que
el Ayuntamiento de Badajoz os dedique una calle. Y con este rótulo:
Familia González Fernández. Hosteleros. Bar 101. Siglos XX-XXI
¡Adiós, 101, adiós!
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