Todos sabemos que las paredes de las grandes y medianas urbes también hablan, nos interpelan a nuestro paso. A modo de gigantescos lienzos, sus paredes y fachadas están siendo utilizadas, con entusiasmo digno de mejor causa, para lanzar mensajes a diestro y siniestro. Para protestar por todo y para poner el grito en el cielo por cualquier causa. O, simplemente, para embadurnarlo porque sí, porque nos sale de las pelotas. Ya se sabe, los de la pandilla del brochazo y tente tieso, y a correr, que nos han visto.
Y hay uno que he visto este mediodía por Valdepasillas, junto a la carnicería Jerónimo Norberto, en la avenida de Tomás Romero de Castilla, que me ha llamado la atención. Uno que dice "Peito vive", debajo de un grabado con su rostro, poco atractivo, por cierto. Peito, por si no lo sabéis, fue aquel personaje popular que, acompañado de su cuñado, El Risitas, llenaba de humanidad y simpatía los programas de Jesús Quintero, "el loco de la colina", el del "perro verde". Uno, cuya función era reirse de los chistes y las paridas del cuñado, abriendo desmesuradamente la boca, donde era visible un sólo un diente. Pues, eso, Peito vive, según sus admiradores pacenses.